INTRODUCCIÓN
La ciencia tiene como propósito la búsqueda de conocimientos, lo cual genera producción científica (Santiago et al., 2020). En este contexto, la productividad en el campo de la investigación se define como la cantidad de publicaciones generadas por cada investigador (Abramo & D'Angelo, 2014).
La producción científica y la labor de investigación se enriquecen con la diversidad y la inclusión, ya que la equidad en el acceso y desarrollo científico es fundamental para un avance genuino y representativo del conocimiento. No obstante, "la inequidad de género no es ajena a la ciencia, en la que la infrarrepresentación de la mujer en el ámbito académico resulta preocupante" (Ventura-León et al., 2022, p. 199). En este sentido, los intentos iniciales por reevaluar el papel de las mujeres en la ciencia y la tecnología se centraron en rescatar del olvido a aquellas que, a pesar de sus importantes contribuciones, fueron ignoradas por una visión histórica sesgada que prioriza figuras y teorías destacadas, lo cual ha relegado a las mujeres a un rol secundario, no solo en la ciencia, sino también en otras áreas de la historia humana, exacerbada por la subjetividad inherente en las interpretaciones históricas (González García y Pérez Sedeño, 2002).
En Iberoamérica, incluso en los países con mayor equidad de género, persisten notables desigualdades en las posiciones de poder dentro del ámbito científico, donde la participación de las mujeres disminuye considerablemente en los niveles más altos (Albornoz et al., 2018). Además de las diferencias en productividad entre los investigadores según su clasificación, es importante tener en cuenta el factor del sexo, para el cual se han observado cambios a lo largo del tiempo (Ávila-Toscano y Rambal-Rivaldo, 2020). Además, de las transformaciones en la educación superior, así como el sistema de evaluación en investigación, consecuencia de la pandemia de COVID-19 y otros factores han generado interrogantes sobre la participación de las mujeres en el ámbito académico y científico (Araneda-Guirriman et al., 2023).
En Paraguay se implementó en el año 2011 el Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII), que desde el año 2023 se denomina Sistema Nacional de Investigadores (SISNI), con el objetivo de fortalecer el desarrollo científico en el país mediante la categorización y el reconocimiento de los investigadores (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología [CONACYT], 2020). En este contexto, el número de mujeres científicas en Paraguay augura un porvenir prometedor para la equidad en el campo científico (Dávalos, 2021).
Este estudio se centra en analizar la contribución de las investigadoras categorizadas en el PRONII, a fin de ofrecer una comprensión más detallada de la dinámica de la producción científica a nivel nacional.
METODOLOGÍA
El estudio empleó un enfoque cuantitativo, con un alcance tanto descriptivo como correlacional, utilizando un diseño no experimental de corte transversal. Inicialmente, la población estuvo conformada por los investigadores categorizados en el PRONII como "activos" o "asociados". Aunque el análisis abarcó el período 2011-2021, se consideraron únicamente aquellos investigadores que, para el año 2021, mantenían estas categorías. Cabe destacar que el estudio contempló un total de 420 investigadores, incluyendo tanto hombres como mujeres. Posteriormente, el análisis se centró específicamente en las investigadoras categorizadas. Es importante señalar que se excluyeron a los investigadores con la nominación de "Investigador Emérito", una categoría vitalicia (CONACYT, 2020).
El Curriculum Vitae Online de Paraguay (CVPy), una plataforma administrada por el CONACYT, permite la carga de currículos de investigadores y proporciona datos estandarizados y confiables sobre el personal científico y tecnológico del país (CONACYT, s.f.). Esta plataforma constituyó la fuente para la recuperación de datos. Es relevante destacar que la información ingresada en el CVPy tiene naturaleza de declaración jurada. Para la admisión y permanencia en el PRONII, es necesaria la publicación y actualización del currículum en esta plataforma (CONACYT, 2020). La técnica para la recolección de datos utilizada consistió en la revisión documental de los CVPy, registrándose los datos recuperados en una planilla diseñada específicamente para este propósito. En relación con los aspectos éticos, cabe destacar que la información contenida en los CVPy es de acceso público, lo que ha garantizado el respeto a estos principios durante todo el proceso investigativo. Además, los resultados se presentaron de manera agregada, impidiendo cualquier identificación individual.
Se contemplaron las siguientes variables: sexo, nivel académico más alto alcanzado, nivel de categorización, categoría de pertenencia, área de desempeño científico y producción científica. La cuantificación de la producción científica comprendió artículos completos publicados en revistas arbitradas, así como libros y capítulos de libros.
Los datos se estructuraron en hojas de cálculo utilizando Microsoft Excel y se analizaron con el software estadístico SPSS. Asimismo, las tablas de resultados se generaron empleando esta herramienta de hoja de cálculo.
RESULTADOS
Hasta el año 2021, el PRONII contaba con un total de 420 investigadores categorizados, incluyendo tanto a hombres como a mujeres, en las categorías de "activo" y "asociado", de los cuales 205 correspondían a investigadoras.
En cuanto a la producción científica de las investigadoras categorizadas, se identificaron 5224 publicaciones registradas en el CVPy. Esta cifra representa la totalidad de la producción declarada por las investigadoras, sin restricciones de un período inicial específico, que abarca hasta el año 2021. Es importante tener en cuenta que esta cifra podría estar sobreestimada, dado que algunas publicaciones podrían haber sido realizadas en colaboración entre las investigadoras incluidas en el estudio.
Se evidenció que alrededor de la mitad de las investigadoras (48,8%) tiene entre 10 y 29 publicaciones, lo que sugiere una productividad moderada en términos de producción científica. Esta cifra indica que un segmento considerable de las investigadoras está acumulando un volumen de publicaciones que supera los 10 artículos, pero no llega a cifras muy altas.
El 22,9% de las investigadoras tiene menos de 10 publicaciones, lo que puede indicar un menor nivel de producción o menor experiencia en la publicación. En contraste, un 15,1% se encuentra en el rango de 30 a 49 publicaciones, lo que refleja una producción científica más robusta. Solo el 9,3% de las investigadoras reporta entre 50 y 69 publicaciones, y un 3,9% alcanza las 70 o más publicaciones. Estos porcentajes muestran que, aunque hay un pequeño grupo con una producción científica muy alta, la mayoría de las investigadoras se sitúa en los rangos inferiores (Tabla 1).
Tabla 1. Distribución de investigadoras categorizadas activas o asociadas, según cantidad de publicaciones
| Publicaciones | Cantidad de investigadoras (%) |
|---|---|
| Menos de 10 publicaciones | 22,9 |
| 10 a 29 publicaciones | 48,8 |
| 30 a 49 publicaciones | 15,1 |
| 50 a 69 publicaciones | 9,3 |
| 70 publicaciones y más | 3,9 |
Asimismo, se observó que el 50% de las investigadoras reportó una producción científica superior a 18 publicaciones. Esto indica que la mitad de las investigadoras tienen al menos 18 publicaciones, situándose en la parte superior de la distribución. En contraste, el número de publicaciones más frecuente, es 6. Esto sugiere que, aunque una parte significativa de las investigadoras tiene más de 18 publicaciones, el número de publicaciones más comúnmente reportado es 6 (Tabla 2).
Tabla 2. Cantidad total y medidas de tendencia de las publicaciones de las investigadoras categorizadas activas o asociadas
| Total de publicaciones | Mediana | Moda |
|---|---|---|
| 5224 | 18 | 6 |
La distribución de las publicaciones según el nivel de categorización de las investigadoras evidenció que aproximadamente el 57% del total de publicaciones fueron generadas por investigadoras del Nivel I. Esto indica que una parte sustancial de la producción científica proviene de investigadoras en este nivel, destacando su contribución predominante en comparación con los otros niveles de categorización.
Además, se observó que el nivel de categorización más alto (Nivel III) presenta el valor más elevado de la mediana de publicaciones, con un valor de 94. Esto sugiere que, en general, las investigadoras en el Nivel III tienen una producción científica significativamente mayor en comparación con las de niveles inferiores. Sin embargo, la moda en este nivel también muestra un valor notablemente alto (35), aunque es importante destacar que existen múltiples valores modales en este nivel, y se ha mostrado el menor valor (Tabla 3).
Tabla 3. Distribución de publicaciones de las investigadoras categorizadas activas o asociadas, según nivel de categorización
| Nivel de categorización | Cantidad | Porcentaje | Mediana | Moda |
|---|---|---|---|---|
| Total | 5224 | 100 | 18 | 6 |
| Candidato a Investigador | 642 | 12 | 8 | 6 |
| Nivel I | 2970 | 57 | 21 | 16 |
| Nivel II | 1116 | 21 | 31 | 38 |
| Nivel III | 496 | 9 | 94 | 35a |
a. Existen múltiples modas. Se muestra el menor valor.
En la distribución de las publicaciones según el área de la ciencia de desempeño se observó que aproximadamente el 56% de las publicaciones provienen de investigadoras del área de Ciencias de la Salud, Química y Biología Animal. Este grupo no solo representa la mayor proporción de publicaciones, sino que también muestra una mediana de 21 publicaciones, indicando una productividad relativamente alta y consistente dentro de esta área.
En comparación, las investigadoras de Ciencias Sociales y Humanidades contribuyen con cerca del 19% de las publicaciones totales. La mediana de 19 publicaciones en este campo sugiere que, aunque su contribución es menor en términos de porcentaje, el nivel de producción científica es notablemente sólido y comparable a la mediana del total de publicaciones.
Por otro lado, las del área de Ingenierías y Tecnología, Matemática, Informática y Física representan solo el 1% de la producción científica. La mediana de 10 publicaciones en este grupo indica una productividad relativamente baja en comparación con las otras áreas. Esto podría relacionarse con una menor cantidad de investigadoras en estos campos o diferencias en la naturaleza de las publicaciones y su frecuencia (Tabla 4).
Tabla 4. Distribución de publicaciones de las investigadoras categorizadas activas o asociadas, según área de la ciencia de desempeño
| Área de la ciencia | Cantidad | Porcentaje | Mediana | Moda |
|---|---|---|---|---|
| Total | 5224 | 100 | 18 | 6 |
| Ciencias Agrarias y Naturales, Botánica | 1268 | 24 | 14 | 6 |
| Ciencias de la Salud, Química y Biología Animal | 2922 | 56 | 21 | 19 |
| Ciencias Sociales y Humanidades | 966 | 18 | 19 | 14a |
| Ingenierías y Tecnología, Matemática, Informática, Física | 68 | 1 | 10 | 14 |
a. Existen múltiples modas. Se muestra el menor valor.
Por su parte, el análisis de la producción científica según el sexo del investigador (Tabla 5) mostró una variabilidad en la representación de hombres y mujeres a través de los distintos rangos de publicación. En el rango de 1 a 10 publicaciones, los hombres tienen una ligera predominancia, sugiriendo que podrían estar más representados en los niveles más bajos de producción científica. En el intervalo de 11 a 25 publicaciones, las mujeres tienen una mayor representación, lo que podría indicar una concentración femenina en niveles intermedios de producción. Sin embargo, en el rango de 61 y más publicaciones, los hombres dominan, señalando una mayor presencia masculina en los niveles más altos de producción científica.
Para analizar si la producción científica está relacionada de manera significativa con el sexo del investigador, se realizó la prueba de Chi-cuadrado. Se establecieron dos hipótesis: la hipótesis nula (H0) que sugiere que el sexo del investigador y la producción científica son independientes, y la hipótesis alternativa (Ha) que indica que no son independientes. La prueba reveló un valor de p de 0,075, que es mayor al umbral de 0,05 (Tabla 6). Este resultado indica que no se puede rechazar la hipótesis nula, sugiriendo que no hay una dependencia estadísticamente significativa entre el sexo del investigador y la cantidad de producción científica en el contexto del estudio.
Tabla 5. Distribución de la producción científica por sexo del investigador
| Rango de publicaciones | Total | Hombre | Mujer |
|---|---|---|---|
| Total | 416 | 211 | 205 |
| 1 a 10 publicaciones | 117 | 66 | 51 |
| 11 a 25 publicaciones | 148 | 63 | 85 |
| 26 a 60 publicaciones | 118 | 62 | 56 |
| 61 y más publicaciones | 33 | 20 | 13 |
Tabla 6. Prueba de Chi-cuadrado para la asociación entre el sexo del investigador y la producción científica
| Valor | df | Significación asintótica (bilateral) | |
|---|---|---|---|
| Chi-cuadrado de Pearson | 6,898a | 3 | 0,075 |
| Razón de verosimilitud | 6,926 | 3 | 0,074 |
| Asociación lineal por lineal | 0,046 | 1 | 0,831 |
| Cantidad de casos válidos | 416 |
a. 0 casillas (,0%) han esperado un recuento menor que 5. El recuento mínimo esperado es 16,26.
DISCUSIÓN
Los hallazgos referidos a la distribución de investigadoras categorizadas, según cantidad de publicaciones, muestran que la mayoría de las investigadoras se concentra en los rangos más bajos de producción, con una disminución progresiva en la cantidad de investigadoras conforme aumenta el número de publicaciones. Asimismo, las medidas de tendencia de la cantidad total publicaciones, la diferencia entre la mediana y la moda, señalan que existe una variabilidad considerable en la producción científica de las investigadoras. La presencia de un número alto en la mediana en comparación con la moda sugiere que hay un grupo de investigadoras con una alta producción científica que eleva la mediana, mientras que la moda indica que muchas investigadoras tienen una producción relativamente baja. En esta línea, Gutiérrez Aceves y Echeverría Echeverría (2023), mencionan que el Sistema Nacional de Investigadores en México, aunque valorado por establecer altos estándares de calidad para los académicos, ha contribuido a la creación de desigualdades significativas entre hombres y mujeres. Asimismo, en un estudio sobre las diferencias por sexo en los criterios y estándares de productividad científica y docente de los profesores funcionarios en España, se constató que, al analizar las características de la muestra encuestada, a medida que aumentan los niveles de investigación, el porcentaje de mujeres disminuye en comparación con el de hombres (Sierra et al., 2009).
En cuanto a las áreas de las ciencias, en el caso del PRONII, destaca que poco más de la mitad de las publicaciones provienen de las áreas de Ciencias de la Salud, Química y Biología Animal, lo que sugiere una concentración de la producción científica en campos. De igual manera, en un estudio sobre la mujer en la ciencia en el departamento de Santander, Colombia, se observó que las investigadoras tienen una situación similar a la de las graduadas, ya que la proporción de mujeres que investigan en ciencias de la salud es significativamente mayor que la de los hombres (Cote Peña & Romero Mantilla, 2020). No obstante, es importante destacar que la escasa presencia de mujeres en cargos de liderazgo en medicina es reconocida pero poco documentada, con evidencia de brechas de género en la academia, sociedades médicas y algunas especialidades (Santucci et al., 2023). Por otra parte, cabe señalar que la perspectiva de género en educación y ciencia se ha incorporado gradualmente a las políticas de Iberoamérica, promoviendo programas que apoyan la formación y el desarrollo profesional de mujeres en disciplinas STEM (Albornoz et al. 2018), pudiendo la educación STEM "ser considerada incluso como una meta disciplina porque asocia aplicaciones en varias disciplinas, para crear conocimiento en su conjunto" (Johnson, 2012, como se cita en Patiño Cuervo et al., 2022, p. 280). En esta línea de ideas, también es interesante resaltar que, en comparación con elección de puestos dentro del ámbito académico, las mujeres con doctorados en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) suelen preferir desempeñarse en la industria o en el sector gubernamental (Hoffer et al., 2007, como se cita en Carrigan et al., 2017). En este marco, en un estudio realizado por Escobar-Jiménez et al. (2024) se evidencia la baja representación de las mujeres, particularmente en los campos de ciencia y tecnología, tanto en el acceso a puestos directivos como en la producción científica.
En el contexto del PRONII, si bien las investigadoras del Nivel I son las principales productoras de conocimiento, generando poco más de la mitad de las publicaciones totales, la minoría la representan las investigadoras en los niveles superiores de categorización. Además, los hallazgos evidencian que, en los rangos más altos de productividad (más de 60 publicaciones), los hombres dominan, lo que indica una mayor presencia masculina en los niveles más altos de producción. En relación a ello, los hallazgos de un estudio sobre brechas de género en la productividad científica en Chile, indican que los investigadores hombres son mayoría en el grupo de los más productivos, además, las mujeres están menos representadas en la producción científica de mayor relevancia (Araneda-Guirriman et al., 2023). Asimismo, un estudio enfocado en la población de personal académico en las disciplinas científico-tecnológicas del sistema universitario italiano confirmó diferencias significativas en la productividad entre hombres y mujeres, aunque son inferiores a las mencionadas en la mayoría de los estudios, observándose que la producción promedio masculina es 16,8% superior a la femenina en el total de la muestra (Abramo et al., 2009). Si bien el análisis estadístico no mostró una asociación significativa entre el sexo y la cantidad de publicaciones, estas diferencias en los niveles superiores sugieren que aún existen barreras que limitan el acceso de las investigadoras a los rangos más altos de productividad científica. En este sentido, no debe perderse de vista las brechas que se observan en los contextos iberoamericanos. En el PRONII, a pesar de las diferencias observadas en la producción científica según el sexo del investigador, no se evidencia una relación estadísticamente significativa entre el sexo del investigador y la cantidad de producción científica, sugiriendo que estas diferencias no son lo suficientemente marcadas como para implicar una dependencia directa. No obstante, es importante destacar que la simple cantidad de publicaciones no siempre refleja las inequidades más profundas que limitan la participación de las mujeres en la ciencia. Ante esto, resulta relevante adoptar una perspectiva multidimensional para analizar las relaciones de género en la ciencia, considerando la interacción con las características históricas y actuales de la disciplina, el contexto, las experiencias, así como las dinámicas de poder que las condicionan (Ransiek & Mischau, 2024).














