INTRODUCCIÓN
La Dermatobia hominis, conocida también como rezno, ura o tórsalo, es responsable de una ectoparasitosis denominada miasis cutánea en humanos. Esta se produce cuando las larvas de la mosca infestan la piel del hospedero, habitualmente a través de la picadura de un mosquito u otra mosca que actúa como vector al transportar los huevos de Dermatobia hominis(1) (2). La especie se distribuye principalmente en zonas tropicales y subtropicales de América Central y del Sur. Sin embargo, la aparición de miasis humana se ve favorecida por factores del hospedero y del entorno, como la presencia de úlceras o heridas expuestas, condiciones higiénico-sanitarias deficientes, alcoholismo, inmunodeficiencia, entre otros(2).
PRESENTACIÓN DEL CASO
Paciente femenina de 52 años, procedente de zona urbana, sin antecedentes patológicos conocidos. Presenta una lesión única, eritematosa y dolorosa en el primer dedo de pie derecho, que inició como una picadura de insecto. Evolucionó con empeoramiento progresivo, aumento de tamaño y mayor dolor, motivo por el cual fue tratada como celulitis con antibióticos orales y tópicos durante 20 días, sin mejoría. Ante la sospecha de ectoparasitosis recibió ivermectina 12 mg en dosis única, persistiendo la lesión.
Al examen físico se observa una placa de 5 cm en su eje mayor, eritematoedematosa, de bordes irregulares y limites difusos, en cara interna y base de primer dedo de pie derecho, con orificio central de 2 mm de diámetro, con secreción serohemática. Se observó burbujeo en el poro central (Figuras 1A y B).

Figura 1. (A) Placa eritematoedematosa con orificio central. (B) Burbujeo intermitente a través del orificio central, hallazgo sugestivo de miasis forunculosa
Ecografía cutánea: mediante ecografía con sonda lineal de alta resolución (19 MHz, ecógrafo portátil Esaote MyLab Gamma), a nivel de cara anterior del hallux derecho se identificó una imagen lineal hiperecogénica situada en dermis e hipodermis, con protrusión hacia la epidermis, la cual mostraba una pequeña zona de discontinuidad (correspondiente al orificio). La estructura presentaba puntos hiperecogénicos a lo largo de su extensión (compatibles con ganchos), con sombra acústica posterior, y se constató movimiento de reptación hacia la superficie epidérmica in vivo durante el examen (Figura 3). Con sonda lineal de 22 MHz y Doppler color se evidenció aumento de vascularización periférica (componente inflamatorio) y disminución de la ecogenicidad de la dermis adyacente (edema) (Figuras 2A y B).
Tratamiento y evolución: se realizó escisión quirúrgica y extracción con pinza de una larva de color pardo-amarillento, de aproximadamente 2 cm, con hileras de pequeñas espinas negras dispuestas en sentido anteroposterior. La larva fue identificada como Dermatobia hominis por sus características morfológicas (Figura 3). Con el contexto clínico-epidemiológico y los hallazgos descritos se estableció el diagnóstico de miasis forunculosa por Dermatobia hominis. Se indicó una dosis adicional de ivermectina y un ciclo de antibióticos por 7 días, considerando eritema, dolor y exudación. En el control a la semana presentó evolución excelente, sin signos de infección activa y con hiperpigmentación postinflamatoria residual.
DISCUSIÓN
Las miasis son infestaciones causadas por larvas de moscas que invaden tejidos del hospedero. De forma general se clasifican en obligadas (requieren tejidos vivos), facultativas (infestan tejidos necróticos o en descomposición) y accidentales o seudomiasis (por ingestión)(2) (3). También pueden clasificarse por localización en cutáneas (forunculares o migratorias), de heridas y cavitarias(2) (3).
En América, la miasis cutánea forunculosa se asocia con frecuencia a Dermatobia hominis (Oestridae), reportada desde México hasta Argentina(2) (4). La hembra adhiere 10 a 50 huevos a un mosquito u otro vector hematófago (foresis); al picar, la temperatura local favorece la eclosión y el ingreso larvario a la piel(5) (6). La larva presenta espinas o ganchos en hileras transversales que dificultan la extracción y un extremo posterior respiratorio que se comunica con el exterior a través de un poro central(7).
Clínicamente, las lesiones suelen localizarse en áreas expuestas (cuero cabelludo, cara y extremidades)(1) (2) (3). En la forma forunculosa es frecuente una lesión única, nodular, dolorosa o pruriginosa, con orificio central; puede presentarse exudado purulento o serohemático y el signo del "burbujeo", asociado a una intensa reacción inflamatoria local(1) (2) (3). Sin tratamiento, la larva puede persistir 5 a 10 semanas y completar su desarrollo(2).
Los diagnósticos diferenciales incluyen absceso/forúnculo, quiste epidérmico, reacción a cuerpo extraño, tungiasis, reacción exagerada a picaduras de artrópodos y otras infecciones de partes blandas(2) (3). En nuestra paciente, la dificultad diagnóstica radicó en la localización distal (hallux) y en una presentación inicial compatible con celulitis posterior a "picadura de insecto", con dolor, eritema y edema progresivo. La ausencia de respuesta tras 20 días de antibióticos y la persistencia luego de una dosis de ivermectina motivaron replantear el diagnóstico. La identificación del poro central con exudado y el signo del burbujeo orientaron a miasis forunculosa, evitando prolongar antibióticos innecesarios y acelerando la resolución mediante extracción dirigida.
La ultrasonografía cutánea es un método complementario útil para apoyar el diagnóstico al permitir la visualización de estructuras compatibles con larvas y, en ocasiones, su movimiento, además de ayudar a descartar restos y planificar el abordaje. Para piel y partes blandas superficiales se recomienda el uso de transductores lineales de alta frecuencia (≥15 MHz)(8). En contextos con baja frecuencia de miasis o menor experiencia clínica, aporta información sobre localización, tamaño, profundidad y relación con estructuras vasculares adyacentes(8) (9) (10). Las larvas pueden observarse como estructuras hiperecogénicas con sombra acústica posterior(8) (9) (10) (11). La detección en tiempo real mediante ultrasonografía cutánea de alta frecuencia con Doppler color ha sido descrita específicamente para miasis por Dermatobia hominis. Algunos autores describen movimiento larvario durante el estudio, reproducible en nuestro caso(10) (11). También se ha descrito el "signo del centelleo", atribuido a la dureza del caparazón de la larva(13) (14).
El principal aporte de este reporte es mostrar la utilidad de la ultrasonografía cutánea de alta frecuencia como herramienta confirmatoria previa a la extracción. En nuestro caso permitió visualizar una estructura hiperecogénica con sombra acústica y movimiento de reptación en tiempo real, además del aumento de vascularización periférica en Doppler, hallazgos que sustentaron el diagnóstico y facilitaron la planificación del abordaje quirúrgico.
No suele requerirse estudio histológico; dependiendo del plano de corte, podría evidenciarse la larva o una respuesta inflamatoria inespecífica. Las pruebas de laboratorio suelen ser normales, excepto en infestaciones crónicas, donde puede encontrarse eosinofilia e IgE elevada(15).
El tratamiento consiste en la extracción completa; no se recomienda forzar la salida debido a espinas y ganchos que dificultan su remoción. Puede realizarse escisión quirúrgica, evitando remanentes, u oclusión del orificio respiratorio con apósitos (vaselina, aceites minerales, entre otros)(1) (2) (3). La ivermectina puede inducir migración larvaria hacia el exterior (200 μg/kg/día), principalmente en lesiones en cavidad oral u ocular(2). Debe considerarse la posibilidad de sobreinfección bacteriana y evaluar la necesidad de antibióticos según el cuadro, así como verificar el estado de vacunación antitetánica.
En áreas endémicas, toda lesión tipo forúnculo/celulitis localizada con poro central y mala respuesta a antibióticos debe hacer sospechar miasis; la ultrasonografía cutánea puede confirmar el diagnóstico de manera rápida, no invasiva y orientar el tratamiento.
Contribución de los autores
Concepción/diseño de trabajo: Braulio Mauricio Fleitas Goiriz, Judith Nelsi Montiel Centurión.
Recolección/obtención de datos/información: Braulio Mauricio Fleitas Goiriz, Judith Nelsi Montiel Centurión.
Análisis e interpretación de datos: Andrea Belén Mongelós Ortiz, Romina Lorena Acosta Sens, Arnaldo Benjamín Aldama Caballero.
Redacción del borrador del manuscrito: Braulio Mauricio Fleitas Goiriz, Judith Nelsi Montiel Centurión.
Revisión crítica del manuscrito: Andrea Belén Mongelós Ortiz, Romina Lorena Acosta Sens, Arnaldo Benjamín Aldama Caballero.
Aprobación de la versión final del manuscrito: Andrea Belén Mongelós Ortiz, Romina Lorena Acosta Sens, Arnaldo Benjamín Aldama Caballero.
















