INTRODUCCIÓN
El síndrome poliglandular autoinmune (SPA) es un conjunto de trastornos en los que múltiples glándulas endocrinas presentan disfunción como resultado de mecanismos autoinmunes. Dentro de esta clasificación, el SPA tipo 3 se define por la coexistencia de enfermedades autoinmunes, predominantemente de la tiroides, con otras afecciones autoinmunes no relacionadas con las glándulas suprarrenales. Esta forma del síndrome es poco frecuente, aunque su incidencia exacta no está bien establecida. Afecta principalmente a mujeres, con una proporción aproximada de 3:1 en relación con los hombres, y suele manifestarse en la tercera o cuarta década de la vida, aunque no es raro observar casos en edades más tempranas. La predisposición genética juega un papel fundamental en su desarrollo, con asociaciones frecuentes a ciertos haplotipos del complejo principal de histocompatibilidad, como la HLA-DR3 y HLA-DR4, lo que sugiere un componente hereditario significativo1,2.
La presentación clínica del SPA tipo 3 es variable y depende de las combinaciones de enfermedades autoinmunes presentes. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran la tiroiditis de Hashimoto, caracterizada por hipotiroidismo subclínico o clínico, con síntomas como fatiga, piel seca y bradicardia; el vitíligo, que se manifiesta como áreas de despigmentación progresiva de la piel; y la enfermedad celíaca, que puede presentarse con diarrea crónica, dolor abdominal, malabsorción y anemia. Otras condiciones autoinmunes que pueden estar asociadas incluyen la alopecia areata, la diabetes mellitus tipo 1, el síndrome de Sjögren y el lupus cutáneo. Dado que estas enfermedades pueden variar en severidad y progresión, el cuadro clínico del SPA tipo 3 puede ser complejo y requerir un enfoque personalizado para cada paciente1-3.
El diagnóstico del SPA tipo 3 se basa en la identificación de dos o más enfermedades autoinmunes coexistentes en un mismo individuo. Este proceso comienza con una historia clínica exhaustiva, que permite identificar síntomas característicos de cada patología asociada. Las pruebas de laboratorio son esenciales para confirmar el diagnóstico, incluyendo evaluaciones del perfil tiroideo como TSH y T4 libre, así como la detección de anticuerpos específicos, como los anticuerpos anti-peroxidasa (anti-TPO), anti-tiroglobulina, anti-péptido derivado de gliadina y anti-transglutaminasa tisular. En casos de sospecha de enfermedad celíaca, puede ser necesaria la realización de biopsias intestinales para confirmar el daño tisular. Además, se pueden realizar estudios adicionales, como hemogramas para detectar anemia y pruebas de imagen si se sospecha compromiso de otros órganos. La confirmación del diagnóstico sigue criterios establecidos por guías internacionales para cada enfermedad autoinmune involucrada4,5.
El manejo integral del SPA tipo 3 requiere la colaboración de un equipo multidisciplinario que incluya especialistas en endocrinología, dermatología y gastroenterología. El diagnóstico temprano es esencial para implementar intervenciones que minimicen las complicaciones y mejoren la calidad de vida del paciente5. Este enfoque permite una vigilancia estrecha y un tratamiento dirigido a las manifestaciones específicas de cada enfermedad autoinmune, optimizando así los resultados a largo plazo.
CASO CLÍNICO
La paciente es una mujer de 26 años, residente en Bucaramanga, Santander, Colombia, quien trabaja como auxiliar de enfermería. Acudió a la consulta médica para el control de enfermedades crónicas previamente diagnosticadas, encontrándose en un buen estado general de salud. Entre sus antecedentes personales destaca el diagnóstico de vitíligo, el cual es manejado con tacrolimus tópico al 0.1%, aplicado dos veces al día en las lesiones localizadas, junto con fotoprotección diaria mediante el uso de bloqueadores solares de amplio espectro (factor de protección solar mayor a 50fps) para prevenir daño adicional en las áreas despigmentadas. Aunque se le ha recomendado la fototerapia con luz ultravioleta de banda estrecha, esta no ha sido iniciada debido a dificultades de acceso. La paciente también presenta tiroiditis de Hashimoto confirmada, actualmente en fase eutiroidea, por lo que no recibe tratamiento farmacológico, pero se encuentra bajo seguimiento periódico con medición de hormona estimulante de la tiroides (TSH) y tiroxina libre (T4 libre) cada seis meses. Además, recibe suplementación con selenio (200 microgramos al día) para apoyar la estabilidad tiroidea. Asimismo, tiene antecedentes de enfermedad celíaca, diagnosticada mediante la presencia de anticuerpos anti-transglutaminasa positivos, tratada con una dieta estricta libre de gluten y educación nutricional para evitar fuentes ocultas de gluten. Recibe, además, suplementación de vitamina D, calcio y hierro para corregir deficiencias nutricionales derivadas de la malabsorción. No se identificaron antecedentes quirúrgicos, alérgicos ni de consumo de sustancias psicoactivas, tabaco o alcohol. Es importante señalar que la paciente mantiene un estilo de vida sedentario y una dieta con bajo consumo de frutas y verduras, lo cual podría influir en su estado nutricional y metabólico.
Al examen físico se evidenciaron: placas despigmentadas en ambas manos, codos y antebrazos, distribuidas principalmente en áreas de fricción, de bordes bien delimitados, sin signos de inflamación activa, dolor ni descamación, características de vitíligo (Figura 1). Peso de 57 kg, talla de 160 cm, índice de masa corporal de 22.27 (peso normal), frecuencia cardíaca de 89 lpm, frecuencia respiratoria de 20 rpm, presión arterial de 110/70 mmHg, saturación de oxígeno del 98% y temperatura axilar de 36 °C, todos los valores dentro de los parámetros normales. El estado general de la paciente se describe como bueno, sin signos de malestar sistémico. A nivel tiroideo, no se observan bocio ni alteraciones estructurales palpables. El abdomen presenta una adecuada formación de la pared abdominal, con ruidos gastrointestinales presentes y sin órganomegalias palpables. Los pulsos periféricos son palpables en las extremidades superiores e inferiores, que además muestran un adecuado tono muscular, buena movilidad y un llenado capilar inferior a dos segundos.
Se instauró tratamiento para el vitíligo con tacrolimus tópico al 0.1%, aplicado dos veces al día en las lesiones, junto con fotoprotección diaria mediante bloqueadores solares de amplio espectro con factor de protección solar superior a 50fps. Para la tiroiditis de Hashimoto, actualmente en fase eutiroidea, se recomendó continuar con el seguimiento periódico de TSH y T4 libre cada seis meses, asociado a suplementación con selenio (200 µg/día). Para la enfermedad celíaca, se reforzó la adherencia a una dieta estricta sin gluten, complementada con educación nutricional para evitar fuentes ocultas de gluten y suplementación con vitamina D, calcio y hierro para corregir las deficiencias nutricionales relacionadas con la malabsorción. Adicionalmente, se realizaron recomendaciones generales enfocadas en modificar el estilo de vida, promoviendo una dieta balanceada con aumento en el consumo de frutas y verduras, la incorporación de actividad física regular y la reducción de grasas, sal y azúcares. Se remitió a dermatología para valorar fototerapia UVB de banda estrecha y se solicitaron pruebas de función tiroidea y hemoglobina glicosilada para monitoreo y control metabólico.

Figura 1 A- Lesiones despigmentadas en ambas manos, localizadas en áreas de fricción y de bordes bien delimitados. B- Lesiones despigmentadas en el codo y antebrazo, con bordes bien definidos y localizada en una zona de fricción frecuente. Todas las lesiones compatibles con Vitíligo.
DISCUSIÓN
El Síndrome Poliglandular Autoinmune (SPA) tipo 3 es una condición multifacética que pone de manifiesto la interacción compleja entre factores genéticos, inmunológicos y ambientales en la patogénesis de enfermedades autoinmunes. Este caso clínico ilustra cómo un enfoque integral y multidisciplinario puede optimizar el manejo de pacientes con múltiples enfermedades autoinmunes coexistentes. En este contexto, la coexistencia de tiroiditis autoinmune, vitíligo y enfermedad celíaca resalta la necesidad de estrategias diagnósticas y terapéuticas personalizadas4.
El manejo del vitíligo con tacrolimus tópico refleja un abordaje basado en evidencia para áreas sensibles, aunque la ausencia de fototerapia UVB de banda estrecha, reconocida por su eficacia en la repigmentación, limita las posibilidades terapéuticas. En cuanto a la tiroiditis de Hashimoto, la fase eutiroidea de la paciente permite evitar el tratamiento farmacológico, pero subraya la importancia del seguimiento periódico de los niveles de TSH y T4 libre para detectar posibles progresiones hacia estados subclínicos o clínicos. La suplementación con selenio en este contexto es una intervención respaldada por la literatura, al haberse observado beneficios en la reducción de los niveles de anticuerpos anti-tiroideos5.
El manejo de la enfermedad celíaca se basa en la estricta adherencia a una dieta sin gluten, complementada con educación nutricional para evitar fuentes ocultas de gluten. Este abordaje es crucial para prevenir complicaciones como deficiencias nutricionales asociadas a la malabsorción, las cuales fueron abordadas en este caso con suplementación de vitamina D, calcio y hierro. No obstante, la presencia de un estilo de vida sedentario y una dieta deficiente en frutas y verduras pone de relieve la importancia de implementar estrategias educativas que fomenten cambios de hábitos saludables en estos pacientes6-9.
Este caso también plantea preguntas académicas relevantes. La asociación del SPA tipo 3 con haplotipos HLA-DR3 y HLA-DR4 es un hallazgo bien establecido, pero se necesita más investigación para delinear el panorama genético completo de la enfermedad. Además, el desarrollo de biomarcadores diagnósticos específicos podría facilitar el diagnóstico temprano y la monitorización de la progresión. Desde una perspectiva clínica, la necesidad de un manejo coordinado entre múltiples especialidades resalta la importancia de la comunicación efectiva en el equipo de salud, mientras que la falta de acceso a terapias avanzadas, como la fototerapia, destaca desigualdades en el acceso a tratamientos que podrían mejorar significativamente la calidad de vida10-12.
CONCLUSIÓN
En conclusión, el SPA tipo 3 es una enfermedad compleja que exige un enfoque integral, centrado en las necesidades particulares del paciente. Este caso enfatiza la relevancia de una vigilancia activa, educación del paciente y manejo multidisciplinario para abordar los desafíos asociados a la coexistencia de enfermedades autoinmunes. La investigación futura debe centrarse en la identificación de marcadores genéticos y herramientas diagnósticas innovadoras, así como en estrategias para mejorar el acceso a terapias avanzadas, especialmente en contextos con recursos limitados. Este enfoque no solo podría optimizar los resultados clínicos, sino también mejorar la calidad de vida de los pacientes con SPA tipo 3.














