INTRODUCCIÓN
El comportamiento de los adolescentes está vinculado con la funcionalidad familiar de sus miembros, por ende, la calidad de la relación será un factor importante para el equilibrio y la salud emocional de sus integrantes (Reyes y Oyola, 2022). Es conocido que las instancias educativas brindan escasa atención a los adolescentes, por el contrario, en muchas ocasiones los adolescentes se ven expuestos a factores de riesgo que afectan su adaptación, aprendizaje, interacciones y comportamiento. Los datos muestran que alrededor de 38 millones de adolescentes en el mundo, durante la pandemia, no pudieron asistir a sus ambientes escolares, esto generó un aumento del estrés y otras manifestaciones desadaptativas en el contexto de la familia (Organización Intergubernamental de las Naciones Unidas de Nueva York, 2020)
En el Perú, el 69.9% de hogares tienen una estructura familiar completa, el 26.5% son familias ampliadas; el 64.5% de adolescentes estudia, el 19,8% estudia y trabaja y 9,7% no realiza ninguna actividad. Así también, muchos de estos adolescentes, están expuestos a experiencias de violencia familiar y abandono (Instituto Nacional de Estadística e Informática [INEI], 2021).
La conducta agresiva puede producirse a partir de la exposición a factores ambientales violentos y hostiles entre los miembros de la familia. Estos, consiguen repetirse en otras situaciones, como respuesta a ciertas sensaciones de frustración o, al no poder afrontar dichas experiencias. De esta manera, expresan su agresividad con los compañeros en el contexto escolar (Mosqueda, 2017). Por otro lado, en el Perú, la plataforma del SíSeVe del Ministerio de Educación (2023) muestra que, desde el mes de enero del 2022 a marzo del 2023, reportó 12, 992 casos de violencia escolar (física, psicológica y sexual)
La estructura y el funcionamiento familiar, es una red de relaciones entre los miembros que conforman el núcleo familiar y al mismo tiempo, posibilitan la gestión de las condiciones positivas o negativas que surgen en el ámbito doméstico (Esteves et al., 2020). Estas condiciones, son determinantes para la presencia o ausencia de conductas de riesgo (García et al., 2015); al mismo tiempo, está relacionada con factores interpersonales, la calidad de las relaciones, la expresión afectiva y asertiva (Bonilla - Algovia & Rivas-Rivero, 2022).
La familia es un sistema dinámico, donde sus integrantes se comunican, interactúan y proveen entornos materiales y emocionales que posibilitan el desarrollo de sus miembros (Minuchin, 2004; Cui et al., 2023). Cuando una familia brinda condiciones favorables en cada fase de vida a sus miembros, estos se desarrollan sin problemas (Cortaza et al. 2019). Por el contrario, si hay problemas de comunicación, violencia, discusiones y comportamientos inadecuados, la salud de sus miembros se ve perjudicada; a esto, se le denomina, disfuncionalidad (Anaya et al., 2018).
Por su parte, la agresividad es una manifestación comportamental, verbal, física o gestual que causa daño o perjudica a uno mismo y a los demás (Oubrahin y Combalbert, 2019). Esta conducta se asocia a factores internos y externos, como la violencia ejercida por los padres, el consumo problemático de alcohol, los estados depresivos, la calidad de los vínculos afectivos, la separación conyugal o la crianza monoparental ((Kasimova et al., 2023; Park & Amp; Jung 2023). De acuerdo con el modelo propuesto por Buss y Perry (1992), la agresión se manifiesta como reacción intencional de herir a alguien, a través del lenguaje, la fuerza física, o con sentimientos de ira, enojo y hostilidad.
Los estudios muestran que el funcionamiento familiar tiene un impacto predictivo negativo y significativo sobre los problemas de conducta (Shageen et al., 2023). Se ha observado que, cuando se percibe que la familia no anda del todo bien, sus miembros se muestran más agresivos (Cogollo y Hamdan, 2017). En este sentido, si la familia funciona mal, esto puede asociarse a más agresiones verbales, físicas, hostilidad o ira.
En este contexto, el funcionamiento familiar ocupa un rol importante en la predicción de la agresión en los adolescentes; una dinámica familiar saludable, se asocia a niveles bajos de comportamiento agresivo, mientras que las disfuncionales, pueden conducir a un aumento de la agresión (Indriani et al., 2021; Sianco et al., 2019; Dabaghi et al., 2018). En esta misma dirección, las relaciones familiares fuertes y saludables, pueden predecir la reducción de conductas agresivas y hostiles; esto, enfatiza que un contexto familiar saludable, se reduce la presencia de la agresión en los adolescentes (Dabaghi et al, 2018).
En la actualidad, los estudios indican que, donde existen conflictos, violencia o dificultades de comunicación parental, puede conllevar a un mal funcionamiento familiar; como consecuencia, los adolescentes tienen mayores probabilidades de presentar problemas de conducta como la agresividad (Lackova Rebicova et al., 2020).
En este sentido, surgen diversas interrogantes, entre estas, resalta la siguiente: ¿El funcionamiento familiar, puede predecir la presencia de conductas agresivas en los adolescentes?, para ello, se propone el siguiente objetivo: analizar la disfuncionalidad familiar como factor predictor de la agresividad en adolescentes peruanos; por lo que, estudiar éste problema, permitirá contar con información relevante para futuras investigacion tanto básicas como aplicativas, que contribuyan al abordaje de la agresividad en la población adolescente.
MATERIALES Y MÉTODOS
La investigación corresponde a un enfoque cuantitativo, tipo empírico, diseño no experimental y de estrategia asociativas y predictivo (Ato et al., 2013). La muestra estuvo compuesta por 266 participantes, teniendo como criterios de inclusión, adolescentes de 15 a 17 años, varones (44%) y mujeres (56%), de educación media, que desearon participar voluntariamente y firmaron el consentimiento informado. Se manejó un muestreo no probabilístico, por conveniencia. Como instrumentos se utilizó la versión adaptada del Cuestionario de Funcionamiento Familiar (Castilla et al., 2014) de 5 ítems; para medir la agresividad se hizo uso, del Cuestionario de Agresividad de Buss y Perry, la misma que fue adaptada al Perú por Matalinares et al., (2012), en una población de estudiantes de diversas regiones del Perú; tiene 29 reactivos distribuidos en cuatro dimensiones, agresión física, psicológica, ira y hostilidad. Para el análisis de los datos se utilizó el software estadístico JAMOVI v.2.3.21; en primer término, se realizó un análisis descriptivo y posteriormente el análisis predictivo con el Coeficientes de regresión múltiple B (no estandarizados), β (estandarizados) y la prueba t.
RESULTADOS
En la Tabla 1, se observan las diferencias intervariables según género, donde los varones tienen una mayor funcionalidad familiar que las mujeres (p=.035). Respecto a la agresividad, al comparar las medias, se observa que no existe diferencias del comportamiento agresivo según el sexo (p=.343).
Tabla 1. Funcionalidad familiar y agresividad en adolescentes según sexo.
| Mujeres | Hombres | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| M | DE | M | DE | U | p | |
| Funcionalidad familiar | 13 | 4,45 | 14,2 | 4,0 | 7404 | 0.035 |
| Agresividad | 73,8 | 16,6 | 75,3 | 16,3 | 8125 | 0.343 |
En la Tabla 2, se detalla la presencia de una correlación negativa baja significativa entre el funcionamiento familiar y la agresividad (r=-0.281**; p<0.001), con un 99 %. Asimismo, se observa una correlación negativa entre la funcionalidad familiar con las dimensiones de agresión física, verbal, ira y hostilidad de los adolescentes.
Tabla 2. Correlación entre variables globales y las dimensiones de agresividad.
| Agresividad | Agr. Física | Agr. Verbal | Ira | Hostilidad | |
|---|---|---|---|---|---|
| Funcionalidad Familiar | -0.281** | -0.274** | -0.219** | -0.208** | -0.133** |
Nota: p< 0.001. Todos los valores vistos en la tabla son significativos al 99% de confianza.
Para el análisis de regresión, se consideró previamente el cumplimiento del modelo a través de la prueba de independencia de los errores (DW= 1.92). También se verificó que la varianza de los errores fuera constante, sin encontrar patrones atípicos, y que los residuos no estandarizados tuvieran una distribución normal (gl= 0.980). Se confirmo que no hubiera colinealidad, con valores de Tolerancia (>0. 10) y VIF (< 10) dentro de lo esperado, para ello, se revisaron los gráficos de linealidad para validar la relación entre las variables.
En la tabla 3, se observan los datos finales, donde se evidencia una relación entre las variables (R=-0.483) y un coeficiente de determinación (R2=0.233), lo que indica que la funcionalidad familiar puede predecir la agresividad en un 23. 3%.
Tabla 3. Modelo predictivo de la funcionalidad familiar y la agresividad.
| Modelo | R | R2 | R2 ajustado | Error estándar de la estimación | DW |
|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 0.483a | 0.233 | 0.231 | 4.14308 | 1.90 |
Así mismo, el modelo del análisis de regresión, se presenta en la tabla 4, donde se muestra al funcionamiento familiar como un factor predictor de la (β=-0.483; p<0.001), valores que expresan una predicción indirecta, moderadamente baja y estadísticamente significativa, indicando una presencia de 23.3% del comportamiento de la variable dependiente.
Tabla 4. Coeficientes de regresión múltiple B (no estandarizados), β (estandarizados) y test t
| Coeficiente no estandarizado | Coeficiente estandarizado | Estadísticas de colinealidad | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Predictor | B | EE | β | t | p | Tolerancia | VIF |
| Constante | 26.681 | 3.0563 | 8.73 | < .001 | |||
| Funcionalidad Familiar | -0.417 | 0.0398 | -0.483 | -10.48 | < .001 | 1.000 | 1.000 |
Nota: t= diferencia significativa.
DISCUSIÓN
El desarrollo de los adolescentes está vinculado con la funcionalidad familiar cuya calidad de la relación entre sus miembros es un factor importante para la salud emocional de sus integrantes (Reyes y Oyola, 2022), no obstante, el entorno social y académico donde interactúan los adolescentes, ofrecen escasa posibilidad de atención y satisfacción a sus necesidades; por el contrario, este ambiente, se convierte en un factor de riesgo que altera su desarrollo académico, produciendo como consecuencia, actitudes y comportamientos agresivos.
Los resultados muestran que la agresividad es una variable que se asocia significativamente con la funcionalidad familiar. Esto, de observa en las puntuaciones altas de agresividad que se relacionan con los valores bajos del funcionamiento familiar que perciben los adolescentes. Este hallazgo, coincide con lo observado en Cogollo y Hamdan, (2017), quienes hallaron que la disfuncionalidad familiar aumenta los comportamientos agresivos. Por su parte, la disfuncionalidad familiar se asocia negativamente con la agresividad y con sus dimensiones física, verbal, ira y hostilidad. En consecuencia, sí existen conflictos, problemas en la comunicación o deterioro en la dinámica familiar, esto puede conllevar a la presencia de conductas agresivas en los adolescentes.
Se verificó también la presencia de una relación entre el funcionamiento de la familia y la propensión a la agresividad en jóvenes, mostrando que la dinámica familiar antecede a la presencia de las conductas agresivas. Estas referencias, se ajustan a lo encontrado por Shageen et al. (2023), quienes mostraron una conexión entre los problemas familiares y las conductas violentas en los adolescentes, como producto de la comunicación inadecuada entre los padres, lo que desencadena comportamientos desadaptativos. En esta misma línea, otros estudios sostienen que la presencia de conductas agresivas, están directamente asociadas a bajos niveles de ajuste familiar (Merino, 2023). En estas condiciones, una inadecuada gestión de la comunicación y clima familiar, conlleva a mayores probabilidades de desarrollar problemas de conducta en los adolescentes (Lackova Rebicova et al., 2020). Teniendo en cuenta estas consideraciones, se puede afirmar que los conflictos familiares, son un factor que generan desajustes o desequilibrios emocionales y de conducta en los miembros de la familia y principalmente en los niños y adolescentes (Hou et al., 2020; Huang et al., 2022)
En el análisis comparativo por género, se evidencia que los varones reportan un mayor nivel en la percepción del funcionamiento familiar, respecto a las mujeres. No obstante, son las mujeres quienes presentan mayor disfuncionalidad (Cantor et al., 2022). Por otro lado, los niveles altos de agresividad se asocian con una percepción de disfuncionalidad familiar (Cogollo y Hamdan, 2017); en este caso, la familia representa un recurso muy importante para la gestión de la salud y es fundamental para el bienestar familiar y la salud de sus miembros (Fang et al., 2024).
Es en el funcionamiento familiar, donde se ve reflejada la calidad de la estructura y dinámica familiar, donde además se percibe, la capacidad de sus miembros para mantener relaciones cohesivas, saludables, intercambio de roles y el afronte a las dificultades (Zhang, 2018). Así mismo, la percepción del funcionamiento familiar en los adolescentes, reflejan un nivel de disfuncionalidad moderada, la misma que está conectada con la agresividad; esto es concordante con lo planteado por Buss y Perry (1992) y los modelos de aprendizaje social (Allen et al., 2018), quienes alegan que los niños y jóvenes adoptan conductas agresivas aprendidas a través de modelos observados o por aprendizaje social.
En este mismo sentido, Aleissa et al., (2022), revelan hallazgos importantes que permiten predecir que el funcionamiento familiar influye en la agresividad de forma indirecta y con un respaldo estadístico notable. Los resultados aquí descritos, aportan información empírica para la puesta en práctica de propuestas de intervención; en consecuencia, será de utilidad para abordar las conductas agresivas y mejorar del funcionamiento familiar, cuyo efecto debe repercutir en la salud psicológica de los adolescentes.
CONCLUSIONES
El funcionamiento familiar es una variable que se asocia con la agresividad de manera significativa, lo que quiere decir, que las puntuaciones altas en agresividad que se relacionan con los valores bajos del funcionamiento familiar desde la percepción de los adolescentes. En este mismo orden, se evidencia que los varones perciben un mejor funcionamiento familiar a diferencia de las mujeres, quienes perciben un mayor nivel de disfuncionalidad en sus familias.
El funcionamiento familiar, refleja la calidad de la estructura y dinámica familiar existente, donde se puede percibir la calidad de la comunicación, las relaciones saludables, el intercambio de roles y la capacidad de afronte a las dificultades. De esta manera, se puede concebir que el tipo de funcionamiento familiar, puede predecir las conductas agresivas de sus miembros que la conforman, específicamente de los niños y adolescentes.
Como limitaciones del estudio, se pueden señalar el tipo de muestreo no probabilístico utilizado, lo que no permite generalizar los resultados a otros grupos poblacionales. Así también, el diseño transversal, no es suficiente para obtener información consistente sobre las variables estudiadas, es por ello, que se sugiere implementar estudios longitudinales para proveer información que confirmen lo aquí obtenido.
A partir de los resultados evidenciados, se sugiere la puesta en marcha de propuestas de otros estudios explicativos y predictivos con diseños más robustos que complementen la información empírica hasta aquí obtenida; así también, esta propuesta debe incluir la implementación de alternativas de solución para abordar la agresividad desde el funcionamiento familiar.














