INTRODUCCIÓN
En el ejercicio de la práctica asistencial, los profesionales de la salud están expuestos constantemente a situaciones críticas, decisiones complejas y contextos de alta exigencia emocional. En este contexto, un evento adverso constituye una situación no intencionada que causa daño al paciente, pero que sus efectos no se limitan exclusivamente a este, sino impactan profundamente en quienes estuvieron involucrados en aparición, lo que da lugar al denominado fenómeno de la segunda víctima (Carrillo et al. 2016; Kappes 2024).
Este concepto, introducido por Albert Wu en el año 2000, refiere a los trabajadores de salud que, tras participar en un evento adverso, desarrollan una carga emocional significativa, acompañada de sentimientos de culpa, ansiedad, vergüenza, miedo, insomnio, retraimiento laboral o incluso abandono de la profesión. Lejos de ser un hecho aislado, se trata de un fenómeno frecuente, invisibilizado y muchas veces subestimado por las instituciones sanitarias (Flórez, López, and Bernal 2022).
La literatura internacional muestra cifras alarmantes. En España, más del 78 % de los profesionales sanitarios de un área quirúrgica reportaron haberse sentido como segundas víctimas, siendo la emoción predominante la culpa, y el principal soporte emocional encontrado en colegas del equipo (Magaldi et al. 2021). En Chile, el 73 % de quienes estuvieron involucrados en un evento adverso se identificaron como segundas víctimas, siendo la mayoría enfermeros y mujeres (Mallea-Salazar, Ibaceta-Reinoso, and Vejar-Reyes 2021).
En este escenario, los profesionales de enfermería de cuidados críticos se encuentran entre los más vulnerables. La naturaleza de su trabajo implica contacto estrecho y continuo con pacientes en condiciones de extrema gravedad, toma de decisiones bajo presión, exposición a la muerte, y una carga emocional persistente. Durante la reciente pandemia por COVID-19, esta realidad se intensificó, generando un entorno de trabajo aún más desafiante y propenso al desgaste profesional y emocional (Tejedor-Romero, Vinuesa-Sebastián, and Aranaz-Andrés 2022).
A pesar de la creciente atención internacional sobre este fenómeno, en Paraguay las investigaciones que aborden el impacto de los eventos adversos sobre los profesionales de salud son escasas, y menos aún aquellas que se centran en el personal de enfermería en unidades críticas. Visibilizar esta problemática no solo es una cuestión de salud laboral, sino también una estrategia esencial para fortalecer la seguridad del paciente, el bienestar del equipo y la calidad del cuidado (Canavire Bacarreza and Recalde Ramírez 2022).
Este estudio tiene como objetivo describir la frecuencia y características del fenómeno de las segundas víctimas en profesionales de enfermería que se desempeñan en una unidad de cuidados críticos de adultos de un Hospital dependiente de una Universidad pública de Paraguay. Basada en la línea de investigación de Salud Comunitaria y Entornos Saludables de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la Universidad Nacional de Asunción - FENOB-UNA, así como responde directamente al Objetivo 3 ¨Salud y Bienestar¨ de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) (Organización de las Naciones Unidas 2015). A partir de estos hallazgos, se busca aportar evidencia local que fundamente la necesidad de desarrollar protocolos de apoyo y contención institucional ante estos eventos.
MATERIALES Y METODOS
Se realizó un estudio observacional, descriptivo y de corte transversal, con enfoque cuantitativo. La investigación se llevó a cabo en el mes de marzo del año 2025 en el Servicio de Cuidados Críticos del Adulto de un Hospital Público de Paraguay.
La población estuvo conformada por los 120 profesionales de enfermería adscritos al servicio. Mediante muestreo no probabilístico por conveniencia se incluyó a 88 de ellos (73%), todos en funciones activas al momento de la recolección y que aceptaron participar voluntariamente.
La técnica utilizada fue la entrevista estructurada, mediante la aplicación de un formulario autoadministrado en formato digital (Google Forms), difundido durante una jornada de capacitación interna sobre el fenómeno de las segundas víctimas.
El instrumento fue diseñado por el equipo investigador, basado en revisión de literatura científica y adaptado al contexto local. Fue validado mediante juicio de expertos (n=3: una enfermera especialista en cuidados críticos, una psicóloga clínica y un bioestadístico). Además, se realizó una prueba piloto con 10 participantes para evaluar la comprensión y tiempo de respuesta, no siendo necesarios ajustes mayores.
El cuestionario se estructuró en tres bloques:
Datos sociodemográficos: edad, sexo, procedencia, estado civil, máximo grado académico alcanzado y antigüedad laboral.
Fenómeno de las segundas víctimas: exposición a eventos adversos en los últimos tres años, impacto emocional, tipo de emociones experimentadas, afectación en el desempeño laboral y estrategias de afrontamiento utilizadas.
Apoyo institucional: percepción sobre la existencia de protocolos, tipo de apoyo recibido por parte de la institución y sugerencias para mejorar el acompañamiento a segundas víctimas.
El cuestionario incluyó 9 ítems de caracterización sociodemográfica, 7 sobre la experiencia del fenómeno y 3 relacionados con el apoyo institucional.
Los datos fueron consignados en una planilla electrónica (Microsoft Excel®) y procesados mediante el programa estadístico SPSS versión 23. Los resultados se expresaron en frecuencias absolutas y porcentajes.
En cuanto a los aspectos éticos, se garantizó la participación libre, anónima y voluntaria de todos los sujetos, sin generar ningún tipo de riesgo o daño. El estudio respetó los principios de confidencialidad, autonomía y beneficencia establecidos en la normativa nacional e internacional vigente. El estudio se rigió por los principios éticos establecidos en la Declaración de Helsinki.
RESULTADOS
De la investigación participaron 88 profesionales de enfermería, de ellos la edad promedio fue 38 años, con un desvío estándar de ±5,8 años, el profesional de menor edad fue de 27 años y el mayor 53 años.
En cuanto a la antigüedad laboral, el promedio fue 12,2 años (DS: ±6,7), con el menor valor 3 años y el mayor 35 años.
Tabla 1. Datos sociodemográficos de la población estudiada. n=88.
| Datos sociodemográficos | n | % | |
| Sexo | Femenino | 75 | 85,2 |
| Masculino | 13 | 14,8 | |
| Total | 88 | 100 | |
| Procedencia | Urbana | 72 | 81,8 |
| Rural | 16 | 18,2 | |
| Total | 88 | 100 | |
| Estado civil | Casado/a | 40 | 45,5 |
| Soltero/a | 30 | 34,1 | |
| Unión libre | 14 | 15,9 | |
| Divorciado/a | 4 | 4,5 | |
| Total | 88 | 100 | |
| Máximo grado académico logrado | Doctorado | 1 | 1,1 |
| Magister | 12 | 13,6 | |
| Especialista | 27 | 30,7 | |
| Grado (Licenciatura) | 42 | 47,7 | |
| Auxiliar en enfermería | 1 | 1,1 | |
| Asistente en enfermería | 5 | 5,7 | |
| Total | 88 | 100 | |
En cuanto a la exposición a eventos adversos en los últimos 3 años, el 55,7% (49 profesionales) lo experimentaron.
Considerando las emociones experimentadas luego del evento, y habiendo la posibilidad de que el mismo profesional experimente más de una emoción, la más frecuente fue la ansiedad y la tristeza con 38,7% cada una.
Tabla 2. Emociones experimentadas luego del evento. n = 49.
| n | % | ||
| Emociones experimentadas | Ansiedad | 19 | 38,7% |
| Tristeza | 19 | 38,7% | |
| Miedo | 12 | 24,5% | |
| Culpa | 11 | 22,4% | |
| Insomnio | 4 | 8,1% | |
De los 49 participantes que experimentaron eventos adversos, el 100% experimento afectación en su desempeño laboral, de ellos 19 (38,7%) fue leve y 13 (26,5%) fue referido como significativo. 27 (55,1%) buscó apoyo en algún colega o superior después del evento, y de ellos 11 (22,4%) recibieron apoyo emocional o psicológico desde la institución.
Seguidamente, se consultó sobre las estrategias que utilizaron para manejar la situación, donde 32 (65,3%) recurrieron a conversar con colegas, 18 (36,7%) reflexionaron por su cuenta, 3 (6,1%) evitaron hablar del tema y 3 (6,1%) buscaron ayuda psicológica
Tabla 3. Protocolos para apoyar a segundas víctimas. n = 49.
| n | % | ||
| ¿Considera que su institución tiene protocolos para apoyar a las segundas víctimas? | No | 18 | 36,7% |
| No lo sé | 17 | 34,7% | |
| Sí | 14 | 28,6% | |
| Total | 49 | 100% | |
En cuanto al apoyo recibido por parte de la institución, 4 (8,1%) consideraron que fue excelente, 13 (26,5%) bueno, 12 (24,4%) regular, 6 (12,2%) deficiente y 14 (28,5%) inexistente.
De las medidas que cree que podrían mejorar el apoyo a las segundas víctimas, 57,1% mencionaron la capacitación en el manejo de eventos adversos, 40,1% programas de apoyo psicológico y 24,5% generar espacios de reflexión y contención.
DISCUSIÓN
Los resultados de este estudio muestran una prevalencia significativa del fenómeno de segundas víctimas entre enfermeros de cuidados críticos en Paraguay, con más del 55 % de los participantes reportando al menos un evento adverso en los últimos tres años. Este dato se relaciona con estimaciones internacionales recientes. Una revisión sistemática específica de unidades de cuidados intensivos encontró que el 58 % de los profesionales experimentan síndrome de segunda víctima, con síntomas emocionales frecuentes como culpa y ansiedad, y que cerca del 20 % no se recupera plenamente incluso después de un año (Naya et al. 2023).
Las emociones predominantes en este trabajo fueron la ansiedad (38,7%), tristeza (38,7%), miedo (24,5%) y culpa (22,4%), estas coinciden con las reportadas en otros contextos. En un estudio en Chile con enfermeros de UCI, se identificó una prevalencia de 65% en exposición a Situaciones de eventos adversos, con sentimientos de culpa en el 78%, ansiedad en el 53% y disminución de confianza profesional en el 78%, valores similares a los tuyos (Kuruvilla 2025).
En cuanto al impacto laboral, el hecho de que el 100% de los afectados reporten alguna afectación, ya sea leve o significativa, enfatiza la necesidad de intervenciones estructuradas. Estudios mixtos recientes mostraron que entre el 58-83% de los enfermeros siguen experimentando malestar incluso tres meses después del evento adverso; además, el 75 % expresaron que la mejor ayuda hubiera sido hablar con un colega de confianza (Lim et al. 2025).
Solo el 22,4 % recibió apoyo institucional formal, y más de un tercio desconocía o no contaba con protocolos en su institución. Esto refleja la importancia de generar un entorno de seguridad psicológica que facilite la recuperación de los profesionales. Un estudio cualitativo en Argentina concluyó que la reconstrucción tras un evento adverso depende fuertemente del entorno institucional, y que un ambiente que promueva la apertura, sin temor al castigo, es clave para el bienestar de las segundas víctimas (Brunelli, Seisdedos, and Maluenda Martinez 2024)
Respecto a estrategias de afrontamiento, prevaleció el apoyo interpersonal informal (conversación entre colegas y auto-reflexión), mientras solo un 6 % recurrió a apoyo profesional. Ello coincide con el estudio chileno mencionado y con la revisión sistemática que destaca que los profesionales en cuidados críticos a menudo se ven obligados a gestionar emocionalmente los eventos adversos sin respaldo institucional (Corral-Liria et al. 2025).
Estos hallazgos deben interpretarse en el contexto de una realidad postpandémica que ha dejado secuelas profundas en el bienestar de los trabajadores de la salud, especialmente en aquellos que se desempeñan en servicios de alta exigencia como los cuidados críticos (García-Iglesias et al. 2020; Organización Panamericana de la Salud 2022). La vivencia sostenida de situaciones límite, el desgaste emocional acumulado y la exposición constante a la muerte y al sufrimiento han tensionado los recursos psicológicos del personal, convirtiendo a la salud mental en un eje prioritario e ineludible (Chávez et al. 2021; Jimenez Osma and Toledo Pérez 2018). En este escenario, el fenómeno de las segundas víctimas emerge no solo como una consecuencia esperable, sino como un llamado urgente a repensar el modo en que se cuida a quienes cuidan. Considerar la salud mental como parte inseparable de la salud general del profesional implica adoptar una mirada integral (Organización Panamericana de la Salud 2020), ética y sostenida, que promueva entornos laborales seguros, redes de apoyo estructuradas y políticas institucionales orientadas al cuidado emocional, no solo como respuesta ante el daño, sino como pilar preventivo dentro de una cultura de bienestar y calidad asistencial (Contreras I., Reynaldos G., and Cardona A. 2015; Mur de Víu and Maqueda Blasco 2011).
Limitaciones del estudio:
Los datos generados provienen de un muestreo de conveniencia en un solo hospital universitario, lo que limita la generalización de los hallazgos. Asimismo, el uso de autorreporte está sujeto a sesgo de memoria y deseabilidad social. A pesar de ello, tu estudio proporciona una base local sólida y relevante para futuras investigaciones y acciones de política sanitaria.
CONCLUSIONES
El presente estudio permitió evidenciar que el fenómeno de las segundas víctimas está presente de manera altamente frecuente en el personal de enfermería del servicio de cuidados críticos adultos del Hospital Público de Paraguay. Más de la mitad de los profesionales refirieron haber estado involucrados en eventos adversos en los últimos tres años, con consecuencias emocionales notables, tales como ansiedad, tristeza, culpa y miedo, así como afectación directa en su desempeño laboral.
La escasa presencia de protocolos institucionales formales, sumada a la limitada oferta de apoyo emocional desde la organización, refuerza la necesidad de promover acciones concretas para el reconocimiento y abordaje de este fenómeno. Las estrategias de afrontamiento utilizadas por los profesionales fueron mayormente informales, lo que revela tanto la resiliencia individual como la falta de estructuras institucionales de contención.
Este trabajo destaca la importancia de integrar el cuidado del profesional de la salud dentro de las políticas de calidad y seguridad del paciente, impulsando el diseño de programas de acompañamiento, capacitación y desarrollo de una cultura organizacional basada en el apoyo y la no sanción. Generar espacios de escucha y contención en contextos clínicos complejos como las unidades de cuidados críticos no solo contribuye al bienestar del personal, sino que repercute positivamente en la calidad del cuidado y en la sostenibilidad del sistema sanitario.
Estos hallazgos reafirman la necesidad de reconocer y abordar el fenómeno de las segundas víctimas en el entorno hospitalario, promoviendo estrategias de contención institucional, educación emocional y fortalecimiento del liderazgo clínico. Asimismo, este estudio plantea una reflexión ineludible sobre la urgencia de incorporar esta problemática dentro de las políticas públicas de salud laboral, a fin de garantizar entornos de trabajo seguros, humanos y sostenibles para los profesionales de la salud.
Reconocer el impacto emocional derivado de la práctica asistencial no solo constituye una responsabilidad ética, sino también una condición estructural para la mejora continua de la calidad del cuidado. Por ello, resulta fundamental que las autoridades sanitarias integren programas de apoyo psicológico, capacitación en manejo de eventos adversos y mecanismos de prevención del desgaste profesional dentro de las políticas nacionales de salud. De esta manera, se podrá avanzar hacia un sistema sanitario más resiliente, centrado no solo en la seguridad del paciente, sino también en el bienestar integral de quienes sostienen diariamente el cuidado.















