INTRODUCCIÓN
Las habilidades blandas, también denominadas competencias socioemocionales o soft skills, constituyen cualidades personales que facilitan la interacción efectiva entre individuos y se diferencian de las competencias técnicas por su carácter transversal e intangible. Estas se originan de la combinación de habilidades sociales, comunicativas y de empatía, y su desarrollo requiere enfoques pedagógicos específicos que superen la simple transmisión de conocimientos técnicos (Escorcia, Mercado & Z, 2024). En el ámbito de la educación superior, estas competencias permiten un desempeño laboral eficaz y representan un componente esencial de la formación integral del estudiante (Rojas Chacaltana, 2023).
En un mundo pospandémico marcado por la digitalización acelerada y la transformación de los modelos de trabajo, las habilidades blandas -como la comunicación efectiva, el liderazgo, la adaptabilidad y la inteligencia emocional- se consolidan como requisitos indispensables para afrontar la incertidumbre y garantizar la sostenibilidad organizacional (Prieto Villaizan, 2022; Intriago Molina, 2025). Estas competencias complementan las técnicas al facilitar la integración en equipos multidisciplinarios y mejorar la empleabilidad y el crecimiento profesional. No obstante, persiste una brecha entre las demandas del mercado laboral y las habilidades efectivamente desarrolladas en los programas educativos, lo que plantea la necesidad de estrategias activas e innovadoras que potencien estas capacidades.
En Paraguay, las habilidades blandas son cada vez más valoradas en el ámbito laboral, constituyendo un factor clave para la empleabilidad y la competitividad profesional (ABC Color, 2025). Sin embargo, la educación superior ha priorizado históricamente las competencias técnicas, relegando dimensiones como la comunicación, el trabajo en equipo, la gestión del tiempo y la inteligencia emocional (Álvarez-Armas, 2024). Ante esta carencia, el rol docente adquiere relevancia como agente formador y modelo en la integración de estas competencias, a través de metodologías activas, experiencias colaborativas y recursos didácticos pertinentes (Rodríguez Siu, 2021; López, 2021).
Diversos estudios previos destacan tanto la importancia atribuida por los docentes a estas competencias como las limitaciones para su implementación, debido a la falta de formación específica y recursos pedagógicos adecuados (de Oca, 2019; Caballero García & Sánchez Ruiz, 2021). Por ello, la incorporación sistemática de las habilidades blandas en los programas universitarios representa un imperativo pedagógico que demanda enfoques curriculares innovadores, prácticas experienciales y sistemas de evaluación pertinentes (Uceda Pintado, 2023; Varona Albán, 2024).
En este marco, resulta pertinente analizar y comparar las percepciones de docentes y estudiantes universitarios sobre el desarrollo de habilidades blandas en diferentes instituciones de educación superior en Paraguay. Este estudio busca identificar coincidencias y brechas en dichas percepciones, con el propósito de aportar evidencia empírica que permita fortalecer la formación docente, rediseñar planes de estudio e impulsar estrategias pedagógicas innovadoras que potencien la empleabilidad y la adaptación profesional de los futuros egresados.
MATERIALES Y MÉTODOS
El presente estudio adoptó un diseño metodológico mixto, de tipo descriptivo-comparativo y con alcance transversal, orientado a analizar las percepciones de docentes y estudiantes universitarios sobre el desarrollo de habilidades blandas en instituciones de educación superior del Paraguay. El enfoque mixto permitió integrar datos cuantitativos, obtenidos mediante encuestas estructuradas con escalas estandarizadas, con datos cualitativos derivados de preguntas abiertas que enriquecieron la comprensión de las percepciones y experiencias de los participantes.
El carácter descriptivo-comparativo facilitó la identificación de coincidencias, diferencias y brechas formativas entre la autopercepción docente y la percepción estudiantil sobre el desarrollo de competencias socioemocionales. La naturaleza transversal del estudio permitió recolectar información en un único momento, ofreciendo una visión representativa de la situación actual en el contexto universitario paraguayo.
La población objetivo estuvo conformada por docentes y estudiantes universitarios de instituciones de educación superior públicas y privadas del Paraguay. Las instituciones fueron seleccionadas por su representatividad en la oferta académica nacional y por su disposición institucional para colaborar en la investigación. Los criterios de selección de instituciones: incluyeron universidades con programas acreditados o en proceso de acreditación en las áreas de ciencias económicas, sociales y administrativas, y que contaran con mecanismos de apoyo al desarrollo de competencias transversales. Los criterios de selección de docentes: se consideraron profesionales con una experiencia mínima de dos años en docencia universitaria, responsables de asignaturas relacionadas con liderazgo, comunicación, gestión de proyectos, trabajo en equipo u otras materias que promuevan habilidades socioemocionales. Los criterios de selección de estudiantes: participaron alumnos matriculados en distintas carreras de grado, desde los primeros hasta los últimos años, con el propósito de contrastar la evolución percibida del desarrollo de habilidades blandas a lo largo de la trayectoria académica.
La muestra se conformó mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia, atendiendo a la accesibilidad de los participantes y la colaboración institucional. La muestra final estuvo integrada por 20 docentes y 304 estudiantes pertenecientes a universidades públicas y privadas.
La información se recolectó mediante cuestionarios digitales administrados a través de Google Forms. El instrumento incluyó:
Escalas tipo Likert de 5 puntos (1 = muy en desacuerdo, 5 = muy de acuerdo) para medir las percepciones en dimensiones tales como comunicación efectiva, liderazgo, inteligencia emocional, trabajo en equipo, pensamiento crítico y resolución de problemas.
Preguntas abiertas, orientadas a captar experiencias, sugerencias y valoraciones sobre el desarrollo de habilidades blandas en el ámbito universitario.
Los datos cuantitativos fueron procesados mediante estadística descriptiva. Se calcularon promedios aritméticos y desviaciones estándar por cada dimensión y grupo participante (docentes y estudiantes), con el fin de identificar tendencias y diferencias entre ambos. Los promedios permitieron clasificar el nivel de desarrollo percibido en categorías: bajo (1,00-2,33), medio (2,34-3,66) y alto (3,67-5,00).
Las respuestas cualitativas se analizaron mediante análisis de contenido temático, identificando patrones recurrentes que complementaron los hallazgos estadísticos y permitieron una interpretación integral de las percepciones sobre las competencias socioemocionales en el ámbito universitario.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
El presente estudio sobre habilidades blandas se sustenta en una muestra total de 304 estudiantes de diversas instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas. Entre las más representativas se encuentran ISEPOL (29%; 87 participantes), Uninorte (15%; 45 participantes), Columbia (14%; 42 participantes) y UNA (13%; 41 participantes). Otras instituciones como CIMEE, INAES, Universidad Jesuita y Universidad María Auxiliadora aportaron porcentajes inferiores al 10%. Esta diversidad institucional permitió abarcar distintas realidades académicas y contextos formativos (Tabla 1).
Tabla 1. Contraste de la composición de la muestra por institución y grupo participante
| Institución | Estudiantes (n) | Estudiantes (%) | Docentes (n) | Docentes (%) |
|---|---|---|---|---|
| ISEPOL | 87 | 29,0 % | 3 | 15,0 % |
| Uninorte | 45 | 15,0 % | 1 | 5,0 % |
| Columbia | 42 | 14,0 % | 3 | 15,0 % |
| UNA (Universidad Nacional de Asunción) | 41 | 13,0 % | 4 | 20,0 % |
| CIMEE | - | < 10 % | 2 | 10,0 % |
| INAES | - | < 10 % | 1 | 5,0 % |
| Universidad Jesuita | - | < 10 % | 3 | 15,0 % |
| Universidad María Auxiliadora | - | < 10 % | 3 | 15,0 % |
| Totales | 304 | 100 % | 20 | 100 % |
Fuente: elaboración propia con base a los datos recolectados para esta investigación.
Del total de participantes, 62,5% corresponde a estudiantes de grado (190 personas) y 37,5 % a posgrado (114 personas), lo que ofrece una visión amplia del desarrollo de competencias blandas en distintos niveles de formación. En cuanto al género, 43 % (130) son mujeres y 57 % (174) hombres, garantizando una representación equilibrada en el análisis (Tabla 2).
Tabla 2. Caracterización general de la muestra estudiantil
| Variable | Categoría | Frecuencia (n) | Porcentaje (%) |
|---|---|---|---|
| Nivel académico | Grado | 190 | 62,5 % |
| Posgrado | 114 | 37,5 % | |
| Género | Femenino | 130 | 43,0 % |
| Masculino | 174 | 57,0 % |
Fuente: elaboración propia con base a los datos recolectados para esta investigación.
Respecto a la muestra docente, se consideraron 20 profesores que actualmente imparten la asignatura Metodología de la Investigación en las mismas instituciones participantes. De este grupo, la UNA concentró el 20%, seguida por Columbia, ISEPOL, Universidad Jesuita y Universidad María Auxiliadora con 15% cada una. CIMEE representó el 10%, mientras que INAES y Uninorte aportaron 5% cada una. Esta composición docente permitió contrastar las percepciones y enriquecer el análisis con una visión académica fundamentada.
En la Figura 1 compara la percepción de importancia que otorgan estudiantes y docentes de educación superior a las habilidades blandas. Entre los estudiantes, la mayoría (66%) las considera muy importantes, mientras que solo un 16% las califica como extremadamente importantes y otro 16% como moderadamente importantes. Los porcentajes de quienes las consideran poco o nada importantes son mínimos (1% cada uno).

Fuente: elaboración propia con base a los datos recolectados para esta investigación.
Figura 1. Importancia de las habilidades blandas
Por su parte, los docentes muestran una valoración más alta y definida: el 60% considera que las habilidades blandas son extremadamente importantes, un 25% las percibe como moderadamente importantes y un 15% como muy importantes, sin registros de opiniones negativas. Esto revela que el cuerpo docente reconoce con mayor claridad su relevancia para la formación profesional integral.
En conjunto, los resultados sugieren una brecha perceptiva entre docentes y estudiantes. Mientras los profesores resaltan su carácter esencial, parte del estudiantado aún no alcanza a dimensionar plenamente su impacto. Este hallazgo subraya la necesidad de reforzar estrategias institucionales que promuevan y visibilicen la importancia de estas competencias dentro de los programas académicos.
En la Figura 2 muestra los promedios obtenidos en la evaluación de cinco dimensiones clave de habilidades blandas -liderazgo, comunicación, inteligencia emocional, adaptabilidad y trabajo en equipo- diferenciados por grupo: estudiantes y docentes. Cada valor representa la percepción promedio de cada grupo sobre el nivel de desarrollo de esa competencia, en una escala de 1 (muy bajo) a 5 (muy alto).

Fuente: elaboración propia con base a los datos recolectados para esta investigación.
Figura 2. Comparación de promedios de percepción sobre habilidades blandas entre estudiantes y docentes.
Los datos evidencian que, en todas las dimensiones, los docentes reportan promedios significativamente más altos que los estudiantes. Por ejemplo, en liderazgo, los docentes se sitúan en 4,89 (nivel excelente), mientras que los estudiantes apenas alcanzan 3,45 (nivel regular). Algo similar ocurre en adaptabilidad, donde la diferencia es aún más marcada: 3,25 en estudiantes frente a 4,74 en docentes. En cambio, la distancia se reduce en trabajo en equipo, donde ambos grupos se perciben relativamente fuertes (4,04 en estudiantes y 4,45 en docentes).
En conjunto, los datos revelan una brecha consistente: los docentes muestran una autopercepción de dominio de habilidades blandas cercana a la excelencia, mientras que los estudiantes reconocen tener todavía áreas por desarrollar, especialmente en liderazgo y adaptabilidad. Este contraste es fundamental para orientar acciones de formación complementaria, tutorías o talleres específicos que permitan reducir estas diferencias y potenciar la preparación de los estudiantes para enfrentar los retos del entorno profesional.
En la Figura 2 se muestra la autopercepción de los estudiantes sobre el equilibrio entre sus competencias blandas y técnicas. La mayoría (44,4 %; 135 estudiantes) considera que mantiene un equilibrio entre ambas, lo que refleja una percepción de balance entre conocimientos técnicos y capacidades interpersonales.
No obstante, un 51,3 % del total (156 estudiantes) percibe que sus competencias se orientan más hacia las habilidades técnicas -ya sea de forma marcada (24,9 %) o moderada (26,4 %)-, lo que sugiere una tendencia a priorizar los aspectos técnicos sobre los socioemocionales. Solo un 3,9 % (12 estudiantes) indicó que predominan las habilidades blandas.
Estos resultados evidencian que, aunque se reconocen avances hacia la integración de ambas dimensiones, aún persiste una inclinación hacia la valoración de las competencias técnicas. Este hallazgo destaca la necesidad de fortalecer la formación en habilidades interpersonales, comunicativas y socioemocionales, a fin de consolidar un perfil profesional más integral y alineado con las demandas del entorno laboral actual.
Con respecto a la percepción de diversas habilidades blandas entre docentes y estudiantes, revelando patrones significativos en el desarrollo y la autoevaluación de estas competencias (Ver anexo Tabla 3). De manera general, se observa una marcada diferencia en la percepción de los niveles de habilidad: los docentes consistentemente reportan puntuaciones más altas en casi todas las categorías, con varias habilidades como "Habilidad", "Diálogo" y "Visión Común" alcanzando la puntuación máxima de 5.0. Esto podría reflejar una mayor madurez, experiencia profesional o simplemente una autopercepción más elevada en este grupo, en contraste con las puntuaciones generalmente más moderadas de los estudiantes.
El análisis de la columna "Brecha" es crucial, ya que destaca las áreas de mayor disparidad perceptiva y, consecuentemente, las potenciales áreas de oportunidad para el desarrollo. Las brechas más pronunciadas se encuentran en "Autoevaluación" (2.50), "Adaptabilidad" (1.80), "Empatía" (1.60) y "Diálogo" (1.60), sugiriendo que los estudiantes perciben un dominio significativamente menor en estas habilidades en comparación con sus docentes. Esta divergencia subraya la necesidad de programas educativos enfocados en fortalecer específicamente estas competencias en el alumnado, preparando a los estudiantes para los desafíos del entorno profesional y personal donde estas habilidades son cada vez más valoradas.
No obstante, la tabla también revela un notable punto de convergencia y fortaleza: la habilidad de "Trabajo en Equipo" presenta una brecha nula (0.00), con ambos grupos percibiendo un nivel idéntico de 4.0. Este dato indica un consenso y una aparente solidez en esta habilidad transversal, lo que podría capitalizarse como una base para el desarrollo de otras competencias interpersonales. Asimismo, brechas menores en "Escucha Activa" (0.30) y "Ambiente Seguro" (0.30) sugieren una alineación más cercana entre las percepciones de docentes y estudiantes, señalando áreas donde la enseñanza y el aprendizaje podrían estar generando resultados más equitativos o donde la percepción mutua es más consistente.
El análisis cualitativo revela una interesante brecha dentro de la autopercepción docente: mientras destacan competencias sólidas como la empatía, la comunicación asertiva y la adaptabilidad, también reconocen que existen habilidades que aún necesitan ser reforzadas, como el pensamiento crítico, el liderazgo y la inteligencia emocional. Esta dualidad muestra que, aunque los docentes valoran positivamente varios aspectos de su práctica, identifican áreas clave donde perciben oportunidades de crecimiento y actualización.
Esta brecha interna se traduce en la búsqueda activa de soluciones, manifestada en estrategias como la capacitación continua, la incorporación de tecnologías innovadoras, el trabajo colaborativo y la creación de espacios de reflexión institucional. En conjunto, estos hallazgos cualitativos confirman que los docentes no solo reconocen sus logros, sino que están comprometidos con un proceso permanente de mejora para fortalecer aquellas competencias que consideran fundamentales para responder a los desafíos de la enseñanza actual.
Los principales términos identificados en las respuestas abiertas del cuestionario pueden ser observados en el Anexo (ver Figura 3). El tamaño de cada palabra refleja su frecuencia y relevancia dentro del discurso docente. Se observa que conceptos como empatía, comunicación, liderazgo y motivación predominan, evidenciando su centralidad en la autopercepción profesional y en las estrategias adoptadas para fortalecer las competencias socioemocionales.
El análisis cualitativo aplicado a la muestra de estudiantes revela una percepción balanceada sobre sus propias competencias blandas. Por un lado, destacan fortalezas significativas como la disposición para el trabajo en equipo, la responsabilidad individual y la adaptabilidad ante cambios académicos, habilidades que consideran esenciales para desenvolverse eficazmente en entornos universitarios y profesionales.
Sin embargo, los estudiantes también identifican dificultades recurrentes en áreas como la comunicación oral y escrita, la gestión efectiva del tiempo y la resolución de conflictos interpersonales, factores que, según expresan, pueden limitar su desempeño académico y su confianza al interactuar en grupos diversos.
Ante estas brechas, la mayoría de los participantes manifiesta una clara expectativa institucional: demandan más espacios prácticos para desarrollar estas habilidades, como talleres complementarios, actividades de simulación, asesorías personalizadas y el uso de metodologías participativas que fomenten la reflexión y la práctica constante.
En conjunto, estos hallazgos muestran que los estudiantes son conscientes de sus logros, pero también de sus limitaciones, y valoran la posibilidad de contar con recursos y estrategias que fortalezcan de manera integral su formación en habilidades blandas, entendidas como un eje transversal para enfrentar los retos académicos y profesionales actuales.
Los resultados de este estudio confirman patrones relevantes en torno a la percepción y desarrollo de habilidades blandas en estudiantes y docentes de educación superior paraguaya, evidenciando coincidencias, discrepancias y áreas de mejora que deben ser atendidas desde la gestión educativa.
En primer lugar, los datos de la muestra -304 estudiantes de grado (62.5%) y postgrado (38.5%) y 20 docentes de la asignatura Metodología de la Investigación- muestran una diversidad institucional y de niveles formativos que permite observar distintas realidades. El análisis de la importancia asignada a las habilidades blandas pone de manifiesto una brecha significativa: mientras que el 60% de los docentes las considera extremadamente importantes, solo el 16% de los estudiantes comparte esa valoración, predominando en estos últimos la calificación de "muy importantes" (66%) o "moderadamente importantes" (16%). Esta diferencia refuerza la idea de que la experiencia profesional dota a los docentes de una visión más clara sobre el papel de las habilidades socioemocionales en el desempeño laboral, mientras que los estudiantes, aún en formación, no dimensionan plenamente su impacto.
En cuanto a la comparación de medias, se evidencia que los docentes reportan niveles consistentemente más altos de dominio en dimensiones clave como liderazgo (4.89 vs. 3.45) y adaptabilidad (4.74 vs. 3.25). Las mayores brechas se encuentran en autoevaluación (2.50 puntos), adaptabilidad (1.80) y empatía (1.60), lo que demuestra que los estudiantes reconocen tener espacios importantes de mejora. Esta diferencia podría explicarse por la madurez profesional de los docentes, pero también invita a reflexionar si existe cierta sobrevaloración en la autopercepción de estos últimos o una subvaloración entre los estudiantes.
Por otro lado, la percepción sobre el equilibrio competencial refleja que casi la mitad de los estudiantes percibe que sus habilidades siguen estando orientadas principalmente a lo técnico (51.3%), mientras que solo un pequeño porcentaje identifica un predominio de las habilidades blandas. Este hallazgo evidencia la persistencia de un enfoque académico centrado en lo técnico, limitando la formación integral que demanda el mercado actual.
Un dato positivo es la convergencia en la percepción del trabajo en equipo, que se mantiene como una de las competencias mejor valoradas tanto por docentes como por estudiantes (4.0 promedio y brecha de 0.00). Este resultado sugiere que las metodologías colaborativas aplicadas en la mayoría de las instituciones están dando frutos y pueden servir de referente para fortalecer otras competencias.
Desde el enfoque cualitativo, los docentes identificaron fortalezas como la empatía, la comunicación asertiva y la adaptabilidad, pero reconocen debilidades en pensamiento crítico, liderazgo e inteligencia emocional, áreas que afrontan mediante estrategias de capacitación, uso de tecnologías y trabajo colaborativo. Por su parte, los estudiantes destacan su disposición para trabajar en equipo y adaptarse a cambios, pero reconocen dificultades en comunicación, gestión del tiempo y resolución de conflictos. En respuesta, demandan más talleres prácticos, asesorías y metodologías participativas que refuercen estas habilidades en la práctica diaria.
En síntesis, esta discusión evidencia la necesidad de diseñar intervenciones pedagógicas integrales que reduzcan las brechas detectadas, potencien las fortalezas compartidas y reequilibren el enfoque técnico con el desarrollo de competencias blandas, garantizando así que los futuros profesionales cuenten con las herramientas necesarias para responder a los desafíos de un entorno laboral cada vez más dinámico y exigente.
CONCLUSIONES
Los resultados de este estudio confirman la existencia de brechas significativas en la percepción y el desarrollo de habilidades blandas entre docentes y estudiantes universitarios. Estas diferencias no solo reflejan distintos niveles de madurez, experiencia y autopercepción, sino que también evidencian áreas específicas de oportunidad para optimizar los procesos formativos en educación superior.
Un hallazgo especialmente relevante es la coincidencia en torno al trabajo en equipo, percibido por ambos grupos en un nivel alto y equilibrado. Este punto de convergencia constituye una fortaleza que puede ser capitalizada como base para potenciar otras competencias socioemocionales mediante metodologías colaborativas y proyectos integradores.
Por otro lado, las brechas más marcadas se identifican en autoevaluación (2,50 de diferencia), adaptabilidad (1,80) y empatía (1,60), así como en el diálogo. Estas disparidades, reflejadas directamente en las respuestas de los participantes, muestran que los estudiantes reconocen limitaciones en estas áreas mientras que los docentes se perciben con un nivel mucho más elevado. Tales resultados sugieren que el alumnado requiere apoyos más sistemáticos para el desarrollo de la autoconfianza, la regulación emocional y la capacidad de ajustarse a contextos cambiantes.
En consecuencia, las recomendaciones planteadas se basan en estas percepciones y buscan atender las brechas señaladas. En particular: la inclusión de programas de formación y tutorías orientadas al fortalecimiento de la autoevaluación y la adaptabilidad responde a la brecha identificada entre estudiantes y docentes, el rediseño curricular con actividades que promuevan la empatía y el diálogo se sustenta en la marcada diferencia en estas competencias, y, el reforzamiento de estrategias institucionales para visibilizar la importancia de las habilidades blandas se vincula con la menor valoración otorgada por los estudiantes en comparación con los docentes.
En conjunto, estos hallazgos aportan evidencia empírica sobre la necesidad de transformar los modelos educativos hacia una formación más integral, donde la enseñanza técnica se complemente con un enfoque explícito y sistemático en el desarrollo de competencias socioemocionales. De esta manera, se contribuirá a la preparación de profesionales más competentes, adaptables y socialmente responsables, alineados con las demandas del siglo XXI.














