INTRODUCCIÓN
En estas formulaciones se entiende que la estructura de relaciones socioeconómicas está configurada por la trama de relaciones entre actores sociales y sus intereses asociados a los recursos del entorno. Se entiende que los actores pueden estar plenamente constituidos, y en esa medida, tienen capacidad de representación propia, o simplemente conforman un colectivo que se define por ocupar sus miembros una misma posición en la esfera productiva, pero carecen de condiciones para representarse a sí mismos. En contraste con la coyuntura, que es escenario de lo político con actores y eventos cambiantes acotados en la corta duración, la estructura social echa sus raíces en un espacio temporal de mayor duración. Se asume que la configuración de la estructura social condiciona los procesos sociopolíticos de la región.
En este estudio, se aborda la transformación de la estructura social en la región de Guairá y Caazapá durante el período comprendido entre la década de 1920 y los años ochenta, un contexto marcado por la transición de una economía extractivista a un modelo agroexportador. Se asume, en el examen de los cambios en la configuración de la estructura social, que la constitución y transformación de actores sociales echa sus raíces en procesos desarrollados en el pasado más lejano. El análisis busca responder a cómo estos cambios estructurales perpetuaron las relaciones de poder, las desigualdades en la tenencia de la tierra y la posición subordinada del campesinado frente a otros actores sociales.
MATERIALES Y MÉTODOS
En la reconstrucción de la estructura social se explotan datos de tipo estadístico, entrevistas semiestructuradas a testigos y protagonistas clave, así como publicaciones referenciadas, con el objetivo de reconstruir las dinámicas históricas de la región. La elección de esta metodología responde a la necesidad de captar la complejidad de los procesos sociales en su intersección con los factores económicos y políticos, garantizando así un análisis integral y contextualizado.
Las entrevistas y narraciones utilizadas en este estudio fueron realizadas en la segunda mitad de la década de 1970 como parte de actividades de promoción y documentación en la región Guairá-Caazapá por uno de los autores. Estos registros históricos, que permanecieron en latencia por más de cuatro décadas, han sido recuperados y sistematizados para este trabajo, con el objetivo de aportar una perspectiva histórica sobre las dinámicas sociales de la región.
Se priorizaron entrevistas y narraciones realizadas a campesinos y testigos clave que vivieron los procesos analizados, seleccionados por su relevancia para comprender las relaciones sociales de poder. Por lo tanto, las entrevistas no corresponden a un trabajo de campo contemporáneo, sino a una reconstrucción histórica basada en fuentes primarias recogidas durante ese periodo. Este enfoque permite iluminar las relaciones sociales y económicas desde la experiencia vivida por los protagonistas en contextos de dominación y resistencia.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La población en la región
Ya a fines del siglo XIX, la población de la región representaba casi la quinta parte del total a nivel nacional. Se trataba de distritos de viejo poblamiento, desprendidos de los táva guaraní fundados por los franciscanos. El crecimiento demográfico de Guairá fue notable en el primer cuarto del siglo pasado (Mendoza, 1968). Sin duda, la extensión de la red ferroviaria y la concomitante implantación de agroindustrias explican en medida importante este crecimiento.
Los censos de población y viviendas permiten rastrear la dinámica demográfica que interesa en este apartado; en la región, se observa un contraste marcado entre lo urbano y lo rural. En la Tabla 1 se observa el comportamiento de la población rural en la región en los períodos intercensales desde 1950 a 1972. A nivel nacional, fue notable el crecimiento de la población rural; en la región, el crecimiento demográfico rural fue más intenso en Guairá, especialmente entre 1950 y 1962.
Tabla 1: Población rural de Paraguay y la región
| Regiones y departamentos | Población | ||
|---|---|---|---|
| 1950 | 1962 | 1972 | |
| La República | 868.726 | 1.167.234 | 1.473.496 |
| Guairá | 62.522 | 83.082 | 88.447 |
| Caazapá | 61.951 | 76.526 | 88.251 |
Fuente: Elaboración propia con base en: Rivarola et al. (1974). La Población de Paraguay.
La creación de colonias nacionales contribuyó al crecimiento demográfico de las áreas rurales de la región. De hecho, en Guairá, hasta 1972, se habían creado 30 colonias con cerca de siete mil parcelas; ocho colonias fueron habilitadas en Independencia. En el departamento de Caazapá, hasta 1972, fueron establecidas 23 colonias nacionales, de un total de 67 (Rojas Villagra & Areco, 2017). Una de estas colonias resultó de la expropiación de 12.000 has en Machain cué, en Ñu Phyajhu Guazú, distrito de Caazapá.
Dentro de la población rural de la región, cabe diferenciar las de viejos asentamientos con poblamiento aldeano, que se establecieron fuera del área de influencia de los grandes obrajes, caracterizadas por sus relaciones comunitarias más densas. En contraste, los poblados rurales en las fronteras con los obrajes tienen una vida comunitaria más limitada. La vida campesina en estas áreas trascurre en gran parte entre el monte y la familia distante, y las conductas de los pobladores están marcadas por relaciones verticales. Los referidos tipos de asentamiento tienen mecanismos diferenciados de control social.
En cuanto a la población urbana, la de Guairá duplica a la de Caazapá (Tabla 2). De hecho, en 1950 Villarrica era la ciudad de mayor importancia demográfica del país después de la capital; su posición en la vía férrea y las agroindustrias establecidas explican su importancia demográfica y su expansión como centro político, administrativo y cultural. La Delegación de Gobierno de la región tuvo su asiento en esta ciudad. A partir de mediados del siglo pasado, el crecimiento urbano de Villarrica se enlenteció al quedar al margen de las nuevas rutas (Rivarola et al., 1974), pero permaneció su importancia cultural, más aún con la creación de la sede de la Universidad Católica, la primera establecida fuera de la capital.
Tabla 2: Población urbana y rural de Guairá y Caazapá (años seleccionados)
| Año | Población | Departamento | |
|---|---|---|---|
| Guairá | Caazapá | ||
| 1950 | Total | 90.308 | 73.051 |
| Urbana | 27.786 | 11.100 | |
| Rural | 62.522 | 61.951 | |
| 1962 | Total | 114.949 | 92.401 |
| Urbana | 31.867 | 15.875 | |
| Rural | 83.082 | 76.526 | |
| 1972 | Total | 124.799 | 103.139 |
| Urbana | 36.352 | 14.888 | |
| Rural | 88.447 | 88.251 | |
Fuente: Censo Nacional de Población y Viviendas, 1950, 1962, 1972. Elaboración propia.
El carácter abierto de Villarrica, ciudad cosmopolita, explica el peso del pensamiento secular, independiente del pensamiento religioso. Esto marca un contraste con la cultura campesina de la región, muy ligada a la prédica de la Iglesia Católica. De hecho, en algunos centros urbanos, como el de Caazapá, los agentes pastorales, en alianza con dirigentes colorados, tuvieron una participación decisiva en la gestión de organizaciones locales. Esta autonomía del pensamiento guaireño se notó ya en 1913, en un notable enfrentamiento entre agentes pastorales locales y estudiantes, profesionales e intelectuales, en ocasión de conferencias dictadas por un exsacerdote chileno que trasmitía las ideas del positivismo (Guttandin, 2021).
Una figura central de esos sucesos fue Juan José Julio y Elizalde, quién ejerció como sacerdote en Chile, pero se separó de la iglesia a principios del siglo pasado para “llegar a un nuevo camino a la satisfacción de (sus) anhelos de perfección y de verdad” y abrazar el positivismo de Augusto Comte, asociado a la ciencia y al progreso (Baéz et al., 1914, p.8). Confirmadas sus conferencias en Villarrica del 17 al 20 de setiembre de 1913, el arzobispo dio una orden terminante al cura párroco local, Benítez, para impedir las conferencias “cueste lo que cueste”. A resultas de la campaña del cura párroco, el local del Club Porvenir Guaireño, que había sido concedido, fue denegado y las conferencias se realizaron en un salón particular.
Un atentado, que respondía al celo apostólico y estaba preparado para la segunda conferencia dictada ya en el Hotel Central, resultó fallido. Sin embargo, antes de la cuarta conferencia, que se desarrollaría en una plaza pública, se consumó parcialmente el intento de eliminar al chileno con golpes perpetrados contra el conferencista, aunque los sicarios que debían eliminarlo acabaron huyendo del escenario, así como el cura párroco.
Los sucesos referidos culminaron en una manifestación en la Plaza Libertad, con más de mil participantes, en repudio a los atentados y en solidaridad con el conferencista. Una condena enérgica a los atentados fue firmada por centenares de guaireños (Báez et al., 1914; ABC Color, 2003). Más allá de eventuales exageraciones en los relatos, lo acontecido refleja la independencia intelectual de la iglesia que predominaba en Villarrica, en marcado contraste con las áreas rurales y el mismo centro urbano de Caazapá, con fuerte incidencia de los agentes pastorales.
En un análisis más desagregado de la población urbana de Guairá, la Tabla 3 se observa los distritos con mayor proporción de población urbana. En Iturbe, asiento de un ingenio azucarero, se mantuvo la importancia relativa de su centro urbano; en Coronel Martínez, la población urbana tuvo un crecimiento notable en el período 1962 - 1972, acompasado con la expansión de la azucarera. La población urbana de San Salvador, distrito donde se bifurcaba la línea del ferrocarril, se convirtió en área de éxodo luego del cierre del ferrocarril.
Tabla 3: Población urbana y rural de Guairá (años seleccionados)
| Distritos | 1950 | 1962 | 1972 | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Urbana | Rural | Urbana | Rural | Urbana | Rural | ||
| Total Departamento | 27.786 | 62.522 | 31.867 | 83.082 | 36.352 | 88.447 | |
| Villarrica | 14.680 | 11.302 | 16.121 | 14.793 | 17.995 | 15.425 | |
| Borja | 901 | 4.749 | 625 | 7.394 | 395 | 8.496 | |
| Capitán Mauricio J. Troche | - | - | 1.079 | 4.829 | 1.067 | 3.356 | |
| Coronel Martínez | 1.221 | 4.745 | 1.270 | 6.201 | 2.816 | 4.534 | |
| Félix Pérez Cardozo | 848 | 3.520 | 565 | 4.763 | 663 | 4.791 | |
| General Eugenio A. Garay | 633 | 8.290 | 1.320 | 4.562 | 741 | 5.987 | |
| Colonia Independencia | 702 | 5.627 | 777 | 10.922 | 1.043 | 13.663 | |
| Itapé | 819 | 3.818 | 1.235 | 4.517 | 1.380 | 5.589 | |
| Iturbe | 2.828 | 4.262 | 3.274 | 5.088 | 3.403 | 5.579 | |
| José Fassardi | - | - | 915 | 3.941 | 820 | 3.808 | |
| Mbocayaty | 559 | 3.719 | 701 | 4.608 | 924 | 5.330 | |
| Natalicio Talavera | 1.433 | 5.988 | 1.020 | 3.297 | 1.604 | 4.208 | |
| Ñumí | 847 | 2.946 | 346 | 3.687 | 938 | 2.785 | |
| San Salvador | 1.475 | 1.839 | 1.569 | 2.318 | 1.404 | 2.620 | |
| Yataity | 840 | 1.717 | 1.050 | 2.162 | 1.159 | 2.276 | |
Fuente: Censo Nacional de Población y Viviendas, 1950, 1962, 1972. Elaboración propia.
La población urbana de Fassardi, distrito desprendido de Eugenio A. Garay, al igual que su población rural, se convirtió en un área de éxodo; otro tanto experimentó Eugenio A. Garay. La matanza de guerrilleros en 1960, la terrible persecución a opositores perpetrada en la zona y el cese de actividades del obraje Fassardi pueden explicar, por lo menos parcialmente, la estampida poblacional. Troche, desprendido de Natalicio Talavera, con una importante agroindustria ligada a la caña dulce, se convirtió en un área de éxodo en el período intercensal 1962 - 1972. En cuanto a la población rural, fue notable el crecimiento demográfico de Colonia Independencia.
En el Departamento de Caazapá, los distritos con mayor importancia demográfica son Caazapá, Yuty y San Juan Nepomuceno. El centro urbano del distrito de Caazapá, relativamente pequeño, tuvo un crecimiento muy lento en el período considerado. El decrecimiento poblacional de San Juan Nepomuceno está relacionado con el desprendimiento de Abaí. Yuty experimentó un crecimiento demográfico notable en el área rural, pero perdió población en su centro urbano entre 1962 y 1972, convirtiéndose en un área de éxodo, al igual que otros distritos del departamento.
Formación social y clases dominantes a nivel nacional
Al finalizar la Guerra de la Triple Alianza (1870), se establece la formación social de la República Liberal, que se prolongó hasta mediados del siglo pasado. En esta formación social, el actor principal estaba constituido por representantes del capital internacional que operaron en los enclaves forestales, yerbateros y tanineros. Estas grandes corporaciones, basadas en economías extractivas, controlaron extensos territorios y se basaban en la explotación de fuerza de trabajo semicautiva, reclutada manu militari y retenida en los obrajes bajo un régimen de dominación altamente opresivo. Con la venta de tierras públicas, se ensanchó la oligarquía latifundista, básicamente ganadera.
En la organización de la sociedad durante la formación social de la República Liberal, la élite política (colorada y liberal), desde el control del Estado, garantizaba las condiciones requeridas para la reproducción del extractivismo forestal y yerbatero en la Región Oriental, y del taninero en el Chaco. El poder legislativo hizo lo suyo, primero con la Ley de Venta de Tierras Públicas para enajenar por leguas cuadradas las tierras públicas, luego con la ley de vagos para conducir a los obrajes a quienes no tenían certificado de trabajo y por cuenta de estos, y por si esto fuera poco, posteriormente dicta la Ley de Carta Blanca, que transfirió a las grandes corporaciones el monopolio de la violencia en los dilatados obrajes, que constituían territorios liberados de toda presencia estatal. De hecho, los sueldos de los jueces quedaban a cargo de las grandes corporaciones.
En la región, se instalaron los obrajes de Fassardi y de Domingo Barthe, este último situado hacia el borde este de la Región Oriental. En la estructura social muy polarizada, eran visibles, por una parte, los mayordomos con suficiente poder delegado por los accionistas, que mantenían el control de los obrajes apoyados en matones o capangas, y por otra, los obrajeros o mensú; estos últimos se desempeñaban en pequeños grupos establecidos en ranchos precarios en el monte y ocasionalmente visitaban a sus familiares.
La Gran Depresión de los años treinta, que se desencadenó en las potencias económicas, llegó al Paraguay, básicamente a través de la Argentina, con la caída de la actividad económica; la crisis afectó a clases y grupos sociales. Posteriormente, el curso de la Guerra del Chaco y la desmovilización de los combatientes provocaron un breve quebrantamiento de la formación social liberal; esa transgresión quedó trunca por la férrea oposición de la oligarquía terrateniente, que se fortaleció con el gobierno del general Higinio Morínigo (1940 - 1948).
Con la decadencia y desaparición de los enclaves de primera generación, se inició un período de transición aprovechado por el dictador Stroessner para favorecer la inserción de colonos y empresarios agropecuarios brasileños, medianos y grandes. Los cambios resultantes en la estructura social fueron significativos, y ya en la década del setenta, aumentó la presión sobre las tierras arables y consecuentemente, los desalojos de comunidades campesinas fueron más frecuentes.
Los procesos que se desarrollaron a nivel nacional tuvieron incidencia marcada en la región; los grandes obrajes establecidos en la región controlaron a los mensú en un sistema de dominación despótico. La élite política de la capital, con participación accionaria en las grandes corporaciones, se relacionaba con el campesinado a través de caudillos y terratenientes locales.
La estructura social en la región y sus cambios
Los agentes de las grandes corporaciones, básicamente Fassardi y Barthe, y los terratenientes fueron los actores dominantes, que controlaron sectores diferenciados del territorio con el apoyo de la élite política local, que disfrutaba de las prebendas otorgadas por los gobiernos de turno1. Campesinos, mensú y obreros constituían las clases subalternas; el abordaje del campesinado como categoría social requiere algunas puntualizaciones, toda vez que puede ser abordado como clase social y como estamento.
La clase social en el modo de producción capitalista connota un conjunto de agentes que comparten una posición en las relaciones de producción, ya sea como propietarios de los medios de producción o como proveedores de fuerza de trabajo. El campesino tiene un control relativo de sus medios de producción y quien aplica su fuerza de trabajo en el proceso productivo. Su explotación se da básicamente en sus relaciones con comerciantes acopiadores al comercializar su producción.
En la perspectiva de Max Weber, el campesino puede ser analizado como clase social y como estamento, definido por su inserción en la esfera cultural de la sociedad al compartir una lengua, una historia de agravios y luchas y un modo de vida peculiar. Así se superponen las categorías de clase social y estamento. El campesinado como colectivo tiene rasgos comunes, pero también diferenciación interna, lo que permite establecer estratos, tales como sin tierra o changadores, semiasalariados, minifundistas y campesinos medios autosuficientes.
En la caracterización de la estructura social rural son importantes los datos de los Censos Agropecuarios. Solamente entre 1942 y 1956 se duplicó la cantidad de explotaciones rurales en el departamento Guairá, triplicándose esa cantidad en Natalicio Talavera, distrito vecino de Troche, asiento de la planta alcoholera de Petropar. El proceso de colonización y la subdivisión de parcelas contribuyeron, sin dudas, al incremento de la cantidad de explotaciones en Guairá.
En la Tabla 4 se presenta la distribución de explotaciones agropecuarias entre 1942 y 1956 en el departamento Caazapá. El notable incremento de la superficie de las unidades productivas censadas se debe, en medida importante, a la habilitación de colonias nacionales y la mayor cobertura del Censo Agropecuario de 1956. Los distritos con mayor expansión en parcelas rurales y en la superficie censada fueron Caazapá, San Juan Nepomuceno y Yuty. Así, en el período considerado, se habilitaron en colonias nacionales de Caazapá 963 parcelas con una superficie de 14.589 has, mientras que en Yuty se habilitaron 494 lotes con 12.193 hectáreas.
Tabla 4. Caazapá: Cantidad y superficie de chacras: 1942 - 1956
| Distrito | 1942-3 | 1956 | ||
|---|---|---|---|---|
| Número de explotaciones | Superficie total (has.) | Total de explotaciones | Superficie total (has) | |
| Caazapá, total | 10.2062 | 130.618,0 | 11.235 | 472.736,0 |
| Caazapá | 2.271 | 30.486,8 | 3.598 | 107.139,2 |
| Buena Vista | - | - | 411 | 4.407,2 |
| Maciel | 606 | 6.439,4 | 751 | 33.101,2 |
| Moisés S. Bertoni | 194 | 85.057,8 | ||
| San Juan Nepomuceno | 1.607 | 35.320,3 | 2.348 | 55.824,5 |
| Tabaí | - | - | 340 | 1.564,3 |
| Yegros | 1.018 | 12.859,8 | 973 | 59.492,9 |
| Yuty | 1.560 | 14.490,63 | 2.620 | 126.148,94 |
Fuente: Elaboración propia con base en datos del Censo Agropecuario Nacional de 1942-43 y el Censo Agropecuario Nacional de 1956.
En el análisis de la incidencia de la colonización oficial en la estructura social rural, cabe puntualizar que el tamaño de las parcelas variaba entre 10 y las 20 has, aunque allegados a las seccionales coloradas accedían a parcelas de mayor tamaño. Deviene pertinente también diferenciar las colonias constituidas espontáneamente, con poblamiento aldeano y relaciones sociales relativamente densas, de las planificadas con parcelas establecidas a lo largo de calles y controladas a través de subalcaldes y subseccionales del Partido Colorado. El sistema cuadricular de parcelas, asociado a la dispersión territorial, implicaba aislamiento social y dificultades para el reconocimiento de la identidad colectiva. En esa medida, se observó una relación entre mayor dispersión espacial y menor densidad en las relaciones sociales.
Los datos sobre formas de tenencia de tierras de los censos agropecuarios permiten reconstruir la estratificación campesina. La cantidad de arrendatarios y aparceros entre los operadores de explotaciones registrada en los censos agropecuarios permite caracterizar la base de la estructura social agraria de la región, muy polarizada y con asimetrías muy marcadas. Las fincas detentadas como arrendatarios, aparceros o medieros representaban en Guairá el 16,2 % del total en 1942 y el 17 % en 1981. Quienes accedían a parcelas en medianería o aparcería debían entregar la mitad de la cosecha al propietario, quien constituía su patrón en el primer eslabón, ya que también estaba sometido a relaciones del tipo patrón-cliente con el acopiador de su producción. En Caazapá, la frecuencia relativa de los arrendatarios y medieros o aparceros representó el 22,6 % del total de explotaciones en 1981 (CAN 1942-43¸ CAN 1956, CAN 1981). Puede suponerse que las condiciones de existencia de los medieros estaban fuertemente condicionadas por los mandatos de sus patrones, quienes les daban en medianería parte de sus tierras.
Los registros censales de la producción agrícola también constituyen un reflejo de la configuración de la estructura agraria. El cultivo del algodón tuvo un incremento notable en Caazapá: de 2.205 hectáreas en 1952 subió a 15.370 hectáreas en 1981; en Guairá, la superficie cultivada del algodón se multiplicó por siete en ese período de tiempo (Tabla 5anexo). Este cambio, que respondió a políticas públicas del Plan Algodonero, implicó el fortalecimiento del sector intermediario que otorgaba créditos y distribuía semillas mejoradas; los comerciantes acopiadores, apalancados por el gobierno, cumplieron un papel importante en el control político de la población rural. El cultivo del algodón supuso la participación de cosecheros y changadores.
La producción de caña dulce, que alimentó a las azucareras, fue mucho más importante en Guairá, donde se triplicó su superficie cultivada entre 1942-43 y 1956. Con la tecnología aplicada en la época considerada, las 16.919 has cultivadas en 1981 requerían un importante contingente de trabajo asalariado para tareas culturales, la cosecha y el pelado; parte de ese trabajo asalariado provenía de las fincas de minifundistas.
La expansión de los cultivos de renta de algodón y caña de azúcar, tanto en Guairá como en Caazapá, se dio a costa de cultivos de autoconsumo, como el maíz morotĩ, la mandioca y el poroto, los cuales tuvieron una disminución sustancial entre 1956 y 1981. La mayor inserción de familias campesinas en relaciones de mercado implicó mayor dependencia de los comerciantes acopiadores, quienes proporcionaban créditos, incluso para la provisión de artículos de consumo.
La producción de tabaco fue más importante en Caazapá, aunque disminuyó en los últimos períodos intercensales considerados. Este cultivo es intensivo en mano de obra y, dependiendo de la superficie cultivada, puede requerir trabajo asalariado temporal en algunas etapas del proceso productivo (siembra en semillero, trasplante, recolección y secado y/o curado).
Antes del auge del algodón, la inserción en la economía dineraria de las familias campesinas se daba a través de empleos temporales en Argentina y del trabajo en obrajes madereros y yerbateros. El sistema de dominación empleado en los obrajes se fue atemperando con el correr de los años; en los relatos de quienes vivieron la experiencia de ser obrajeros se aprecia esa diferencia. Hasta la década del 40 del siglo pasado, el régimen de disciplinamiento era altamente opresivo.
En ese sentido, un entrevistado refiere lo que contaba su padre:
Solía acordarse de los capangas, de un tal Juan Miranda (Mayordomo de Fassardi) que castigaba mucho a los peones por cualquier motivo, sin ninguna compasión no perdonaba a los que fallaban y a los que trabajaban un poco así al desgano; siempre estaba con la guacha en la mano, con el arreador en el hombro (…) se cuenta que los peones que se dirigían hacia Caaguazú nunca llegaban, no llegaban, lo mataban por el camino para arrancarles dinero5.
El mismo entrevistado, refiriéndose a su propia experiencia como obrajero hacia mediados de los años setenta, con el obraje a 75 kilómetros de distancia, ya a cargo de “habilitados”, describe una realidad ya diferente:
“(Trabajaba) dos meses. Me pagaban por metro cúbico.
(Vivíamos) allí mismo, en el monte. Yo mismo cocinaba; las provisiones se traían de la administración, era lo necesario para una semana o 15 días y allá uno mismo prepara el desayuno, la comida y la cena. Si las provisiones se agotan se complicaban las cosas en el monte y en el monte hay mucha gente trabajando.
Lo primero es construir un rancho con techo de palmera, y juntos preparábamos las comidas. Uno con su par, siempre se trabaja de dos en dos. De noche se bromeaba, se contaban chistes, mentiras, cualquier cosa. Nos enorgullecíamos o nos pavoneábamos con lo que no hicimos. Nos acordábamos de los “cuernos” de los “sombreros” que deben estar ahí conectando la radio con los dedos de los pies y cosas así. Los domingos nos aseamos, lavamos las ropas, nos rasuramos.
Es que ese día nos estamos acordando de ellas, es día de visitas, es que el arriero en el monte se recuerda de las mujeres y en el valle de los tigres”.
La sociabilidad en los obrajes siguió siendo limitada en el monte, viviendo en pequeños grupos en ranchos precarios improvisados, visitando a la familia extensa cada dos meses y manteniendo celebraciones religiosas como espacio de interacción. Para el pago, con frecuencia, el habilitado, que no tenía oficina en el monte, no se hacía encontrar y el obrajero regresaba con las manos vacías6.
De la información censal presentada en la tabla 6 (anexo) se desprende el predominio de minifundios en la región. En Guairá, en 1956, el 52,5% de las explotaciones censadas tenían menos de cinco hectáreas. Mientras que las parcelas que no sobrepasaban las 7,5 has constituían las dos terceras partes del total. La situación fue similar en Caazapá; para 1981, la proporción de los minifundios menores a 5 has disminuyó en Guairá como resultado del proceso de colonización, en contraste con Caazapá con estos minifundios que representaron el 58% del total.
Entre los actores sociales de los centros urbanos de la región, los más notables son los empresarios de las agroindustrias y los obreros. Los obreros de las empresas establecidas en Villarrica estaban organizados en sindicatos, algunos de los cuales ganaron notoriedad a nivel nacional. Así, se recuerda la huelga general de 1928 del sindicato del molino harinero ligado al Centro Obrero Revolucionario; entre los dirigentes de la huelga estaba Aureliano Alcaraz, conocido como matón de los yerbales, que pasó a luchar contra los patrones (Creydt, 2010). Francisco Gaona (2008) refiere huelgas obreras en Villarrica desde principios del siglo XIX7. En julio de 1928, la huelga de obreros del Molino Harinero San Antonio de Villarrica sufrió violentas represiones, y al menos doce dirigentes fueron torturados. Los trabajadores exigían aumento de salarios y seguridad laboral. (Gaona, 2008; Rivarola, 1993).
Entre las principales huelgas del año 1929, el mismo autor señala las llevadas a cabo por los obreros de las azucareras de Villarrica e Iturbe8. La huelga de Villarrica fue reprimida con brutalidad por el poder gubernamental, mientras que la de Iturbe favoreció a los obreros por un corto periodo (Gaona, 2008 y Rivarola, 1993). En Villarrica, además del ingenio azucarero, operaban manufacturas de galletitas, licorería, elaboración de vino, fábrica de aceite y jabón y manufactura de tabaco. La estructura urbana de Villarrica incluía también profesionales, comerciantes y funcionarios públicos; entre estos últimos se destacan los docentes.
En relación a los docentes, cabe notar que el Colegio Nacional y el Gimnasio Paulino fueron referentes de la educación media a nivel nacional; el Grupo de Cine Arte estaba relacionado con el Gimnasio. Intelectuales guaireños recuerdan espacios culturales que les permitía discutir acerca de exponentes importantes del pensamiento occidental. Fueron también notables el Elenco Municipal de Teatro y el Ateneo Guaireño de Artes, Ciencias y Cultura (Verdecchia, 2024). De hecho, la intelectualidad local puede definirse como estamento por su adscripción a las peculiaridades de la cultura guaireña.
Ya fuera de Villarrica, otros ingenios azucareros importantes en la región fueron el de Iturbe y el de Tebicuary, que tenían sus cuadros administrativos y su población obrera. El combativo sindicato de obreros de la azucarera Iturbe se movilizó en huelgas hasta los años 90 del siglo pasado (Díaz, 2005)9. La Azucarera Paraguaya S. A. (AZPA), ubicada en Tebicuary, desprendido de Coronel Martínez, fue un centro importante de población obrera urbana10.
En Paso Yobái, desprendido de Colonia Independencia, operaban aserraderos, manufacturas de tabaco, de caña y de yerba mate11. En el centro urbano de Caazapá se destacaron la fábrica de ladrillos y cerámica y el laboreo de tabaco; en Yuty los trabajadores se ocupaban básicamente en manufactura de maderas y laboreo de yerba.
CONCLUSIONES
En el espacio histórico considerado, los actores dominantes cambiaron concomitantemente con la dinámica estructural en la región de Guairá y Caazapá, pero algunos rasgos de la sociedad rural de la región permanecieron a lo largo de décadas. En la configuración de la organización social pesaron factores de la formación social paraguaya, marcado primero por el enclave forestal y yerbatero, seguido por el enclave sojero con acaparamiento de tierra por parte de brasileños, y una suerte de transición con el boom de la producción de algodón cultivado por campesinos paraguayos. Esos cambios en la estructura agraria no alteraron la condición de actor subalterno de los campesinos de la región.
En 1956, los minifundios menores a 5 hectáreas representaron el 43,8 % de las explotaciones en Guairá y el 45 % en Caazapá, lo que evidencia un alto grado de fragmentación agraria. Para 1981, aunque esta proporción disminuyó ligeramente, las relaciones de dependencia económica de los campesinos hacia los terratenientes permanecieron, como lo demuestra la prevalencia de regímenes de medianería, que alcanzaron el 17 % en Guairá y el 22,6 % en Caazapá. Estas dinámicas perpetuaron estructuras verticales y relaciones asimétricas que evocan formas de explotación propias de sistemas semifeudales, donde los campesinos dependían de los terratenientes para el acceso a tierras y recursos.
Un rasgo notable observado fue la alta incidencia de minifundios pulverizados, con cultivadores trabajando en tierras ajenas bajo regímenes de medianería que reflejaban resabio de relaciones feudales. Las diferencias entre áreas de viejo poblamiento, con relaciones sociales más densas, y las colonias oficiales, controladas por el Estado y con estructuras cuadriculares que fragmentaban las comunidades, destacan las tensiones entre autonomía y control social en las zonas rurales.
Por otro lado, los centros urbanos, como Villarrica, se posicionaron como espacios de resistencia cultural y laboral, contrastando con la dependencia de relaciones verticales en las áreas rurales. La expansión ferroviaria, la creación de agroindustrias y el boom del algodón cultivado por campesinos trajeron transformaciones, pero también intensificaron conflictos como los desalojos y las luchas sindicales.
Como se ha viso, el predominio de los minifundios y el aumento de la dependencia económica de las familias campesinas también son indicadores de una estructura agraria que, lejos de promover el desarrollo inclusivo, consolidó las desigualdades estructurales. Además, el rol de las políticas públicas en fomentar monocultivos de renta como el algodón y la caña de azúcar desplazó los cultivos de autoconsumo, aumentando la inseguridad alimentaria y la dependencia de los mercados.














