INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas, México ha sido testigo de transformaciones socioculturales y económicas importantes, reflejadas en las estructuras familiares y las dinámicas de género. En el despliegue de estos cambios se encuentran los relacionados con la diversidad de familias; por ejemplo, las formadas por parejas del mismo sexo, las familias reconstituidas y los hogares con jefaturas femeninas. Desde la perspectiva de género, los hogares liderados por mujeres en México ya sean monoparentales o no, representan 31% del total para 2020 (INEGI, 2020). Para el caso específico de los hogares monoparentales con jefaturas femeninas, las cifras revelan que en 1990 representaban 13%, mientras que tres décadas después estos mismos ya conformaban 18% del total de hogares familiares en el país (INEGI, 1991, 2020).
Uno de los principales objetivos de los levantamientos censales en Latinoamérica es identificar a los hogares en riesgo de pobreza y el concepto de jefatura femenina parece estar íntimamente vinculado a esta situación, estableciendo con ello el término de feminización de la pobreza (Coneval, 2020; Oliveira, Eternod y López, 1999). En concordancia con lo antes mencionado, el interés específico por el análisis de los hogares monoparentales con jefatura femenina proviene principalmente de la vulnerabilidad a la que están expuestos, debido a causas como el adelgazamiento del régimen de bienestar, la desigualdad salarial, las jornadas parciales y la precariedad en los empleos a los que estas jefas acceden, lo que les impide el acceso a prestaciones de desempleo de manera consistente (Peralta, 2022; Bordón, 2021). Un análisis comparativo en distintas regiones del mundo concluye que, si las familias monoparentales femeninas no disponen de estructuras de apoyo y medidas de protección social, como servicios de cuidado infantil, vivienda social, reducción de impuestos o redes familiares, la incidencia de la pobreza se acentúa entre ellas (ONU-Mujeres, 2019).
En general, las familias monoparentales con jefatura femenina y biparentales se diferencian en cuanto a las estructuras familiares, el número de proveedores a cargo del hogar y el reparto del trabajo no remunerado. En los hogares monoparentales femeninos, solo la progenitora está a cargo de la crianza y el cuidado de los hijos, mientras que, en las familias biparentales, hay dos progenitores presentes por lo regular, aunque el reparto de tareas del hogar recaiga también en este caso, en mayor medida sobre la mujer (Bordón, 2021; Hidalgo-García, 2019). En México se observó un aumento en el porcentaje de hogares monoparentales femeninos en los que la jefa es la única proveedora, mientras que en los hogares biparentales hubo una reducción del jefe como único proveedor, dando así un aumento de los hogares biparentales donde participan en el mercado ambos miembros de la pareja (Montoya, 2019).
La posición que se ocupa en el mercado juega un papel crucial en la situación económica de los hogares, puesto que el trabajo remunerado es la principal fuente de ingresos de estos, en especial si estamos hablando de las mujeres jefas de hogares monoparentales (Fernández-Martínez y Avilés-Hernández, 2020;ONU Mujeres, 2019). Por consiguiente, en este tipo de hogares la mujer no solo debe asumir el rol tradicional de cuidadora, sino también el papel de proveedora principal del hogar. Esto implica ocuparse de llevar el sustento económico a casa y también de las necesidades básicas de sus hijos, como alimentación y vestimenta, junto con las tareas domésticas propias del hogar. Las mujeres jefas de hogares monoparentales enfrentan una triple carga de trabajo, lo que comprende un uso significativo de su tiempo para el desarrollo de las tareas del hogar deviniendo en una limitación de sus oportunidades para participar en actividades fuera del espacio privado como en la educación o el desarrollo personal, además del tiempo que pueden dedicar al empleo remunerado (Díaz, 2020; Mercado, 2019).
Para poder conciliar la vida laboral y la familiar, las jefas de hogares monoparentales recurren a una serie de estrategias como las redes familiares, la ayuda de las abuelas o de otras mujeres miembros de la familia juega un papel sumamente significativo en las necesidades de cuidado de los menores de edad (Bordón 2021; Escobar-Serrano, Higueras-Maritza, Micolta-León 2020). En esta misma línea, una estrategia más es recurrir a la convivencia en una familia ampliada, lo que proporciona algo de solvencia para los desafíos económicos y sociales que enfrentan este tipo de hogares (Rodríguez de Jesús y Pérez, 2020; Fernández y Tobío, 1997). Dado que la evidencia empírica muestra que los hijos de familias biparentales realizan en menor medida tareas domésticas que los hijos de familias monoparentales, la colaboración de los menores de edad parece ser otra estrategia para comprender cómo se desarrolla la cotidianeidad dentro de los hogares (Fernández-Martínez y Avilés-Hernández, 2020; Domínguez et al., 2019; Goldscheider y Waite, 1991). Asimismo, otra táctica de las madres monoparentales es la reducir su tiempo y participación en las tareas domésticas para dar frente a las demandas que marcan los esquemas laborales y de cuidado (ONU-Mujeres y DANE, 2020; Ajenjo y García, 2019; Vaca-Trigo, 2019). Es importante mencionar que las jefas de hogares monoparentales también son madres y siguen las normas y creencias tradicionales sobre la maternidad que enfatizan que ellas deben pasar gran parte de su tiempo con sus hijos (Aragón-Luna, Herrera-Fernández y Cortés-Ayala, 2024; Lee et al., 2014).
Hay dos teorías particularmente significativas para entender la implicación de las mujeres en el trabajo no remunerado. La primera es la teoría de la disponibilidad de tiempo, pues determina que las madres monoparentales dedican menos tiempo al trabajo no remunerado, tanto en tareas domésticas como de cuidado, dada su mayor contribución de tiempo al trabajo remunerado que las madres de los hogares biparentales (Gammage, 2008; INEGI, 2002). Sin embargo, la priorización del tiempo de cuidado por encima de otras actividades contrasta esta idea, ya que ciertas investigaciones han encontrado que la monoparentalidad no está relacionada con una reducción del tiempo que pasan con los hijos (Kendig y Bianchi, 2008), sino más bien, a una disminución en las tareas del hogar (Ajenjo y García, 2019). Es así que, debido a las limitaciones de tiempo, las madres monoparentales dedican menos tiempo a las tareas domésticas más desafiantes, como la cocina, el mantenimiento del hogar y la ropa (Ajenjo y García, 2019; Altintas y Sullivan, 2016).
La segunda perspectiva simbólica es la de los roles de género, ya que se enfoca en cómo las interpretaciones culturales y las reglas sociales otorgan roles particulares a hombres y mujeres, lo que incide en la distribución desigual del trabajo doméstico y remunerado (Money, 1975). Esta teoría, se fundamenta en el concepto de que las expectativas y conductas vinculadas a hombres y mujeres provienen de estructuras sociales, lo que facilita el análisis de cómo estos arreglos impactan en la distribución del trabajo reproductivo, recayendo la responsabilidad de este en las mujeres (Barber, 1994). La distribución del trabajo será desigual, incluso entre las mujeres que dediquen parte de su tiempo al mercado laboral teniendo que distribuir su tiempo en el cuidado del hogar y el trabajo remunerado y el ocio (Ajenjo, García, 2019). En específico, la distribución del trabajo de cuidado infantil en el hogar ha estado históricamente determinada por normas culturales y roles de género, los cuales han asignado principalmente a las mujeres la responsabilidad de esta labor, tanto en el ámbito doméstico como fuera de él (Blair, 1992).
En México, la teoría de los roles de género ejerce una influencia considerable en el estudio y entendimiento de las dinámicas sociales, culturales y económicas de la población (Saldivar, et al., 2015; Oliveira y Ariza, 1999). En México, las mujeres mayores de 12 años dedicaron, en promedio, 38 horas semanales a actividades orientadas al mercado, mientras que los hombres destinaron 48 horas. Sin embargo, estas mujeres emplearon tres veces más tiempo en realizar tareas domésticas y de cuidado, acumulando 55 horas semanales, lo que equivale a más de una jornada laboral adicional. En contraste, los hombres invirtieron únicamente 18 horas en estas actividades (INEGI, 2019). Además, se debe remarcar que en México son las mujeres quienes en mayor medida se quedan al cargo de los hijos después de una separación o un divorcio, cuestión que se observa como “normal” ya que ellas históricamente son las que se han hecho cargo de las tareas de cuidado.
Otras investigaciones señalan que ciertos factores individuales pueden explicar en mayor medida la participación de las madres en las labores domésticas de los hogares. Se ha observado que las mujeres de mayor edad están dispuestas a dedicar más tiempo al trabajo doméstico y cuidado de los menores de edad en comparación con las más jóvenes (Gracia y García, 2022; Ajenjo y García, 2019). Otra evidencia señala que las mujeres con niveles educativos bajos dedican más tiempo al trabajo doméstico y familiar que las que cuentan con estudios superiores (Bordón 2021; Félix-Verduzco e Inzunza-Mejía, 2019). Ciertas investigaciones apuntan a que la presencia de menores de edad en el hogar supone una mayor cantidad de horas de trabajo doméstico para las mujeres (Domínguez, Muñiz y Rubilar, 2019). Es decir, resulta desigual la distribución de tiempo dedicado al trabajo doméstico según la edad de la mujer, su estado civil, el número de hijos(as) que viven en el hogar y la edad de estos.
Es así como este trabajo tiene como pregunta guía ¿De qué forma las madres de hogares monoparentales distribuyen su tiempo semanal entre el trabajo para el mercado y el reproductivo? Uno de los intereses primordiales de esta investigación es explorar cómo las madres de hogares monoparentales distribuyen su tiempo semanal al mismo tiempo las diferencias con sus semejantes de los hogares biparentales. Asimismo, se analiza cómo intervienen otros factores individuales y familiares en el análisis del reparto de las tareas domésticas, en donde los puntos trascendentales a observar son el impacto del trabajo remunerado y que el hogar conviva con otro núcleo. Se podría esperar que las jefas de los hogares monoparentales participen menos tiempo en las tareas domésticas y de cuidado en comparación con las madres de los hogares biparentales, a causa de que tienen que dividir en mayor medida su jornada entre el trabajo remunerado y el no remunerado. La fuente de información que se analizará para lograr este propósito es la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) de 2019 levantada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México.
MATERIALES Y MÉTODOS
Para este estudio se analiza la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo de 2019. Esta fuente de información sociodemográfica tiene como objetivo proporcionar datos para medir las formas de trabajo productivo y reproductivo de la población mexicana. Además, permite evidenciar la participación y el tiempo asignado a las tareas de cuidado para hacer visibles las responsabilidades que han asumido las familias. La ENUT 2019 tiene representación a nivel nacional, tamaño de localidad y entidad federativa. El esquema de muestreo fue probabilístico, bietápico, estratificado y por conglomerados (INEGI, 2019).
Se analiza a las mujeres jefas de hogares monoparentales con o sin otro núcleo conviviendo y a las jefas o parejas de los jefes de hogares biparentales con hijos que conviven o no con otro núcleo, diferenciando esta convivencia en ambos casos. En términos prácticos, para este estudio se denominan también como madres, según sea el caso. En adelante, a los tipos de hogar a los que pertenecen las mujeres madres se denominará de la siguiente forma:
Hogares monoparentales: conformados por la jefa del hogar e hijos, ya sean con o sin presencia de otro núcleo.
Hogares monoparentales SN: conformados por la jefa del hogar e hijos sin presencia de otro núcleo.
Hogares monoparentales CN: conformados por la jefa del hogar e hijos con presencia de otro núcleo.
Hogares biparentales: conformados por pareja conyugal de diferente sexo e hijos, ya sean con o sin presencia de otro núcleo.
Hogares biparentales SN: conformados por pareja conyugal de diferente sexo e hijos sin presencia de otro núcleo.
Hogares biparentales CN: conformados por pareja conyugal de diferente sexo e hijos con presencia de otro núcleo.
En una primera fase, la propuesta de este trabajo es presentar indicadores sobre el uso del tiempo para todas las mujeres del estudio para cada tipo de hogar familiar. En una segunda etapa, se calculan estos mismos indicadores para las mujeres que participan en el trabajo remunerado. En este caso, la población femenina que se encuentra ocupada es captada mediante su contribución por más de una hora en actividades para ganar dinero o ayudar al gasto del hogar.
Los indicadores calculados son:
La tasa de participación en las actividades remuneradas y no remuneradas.
El promedio de horas semanales que destinan a las actividades remuneradas (o para el mercado) y no remuneradas.
El promedio de horas semanales que se destinan a cada una de las tareas domésticas y de cuidado de menores de 14 años.
Finalmente, se ajusta un modelo de Mínimos Cuadrados Ordinarios (OLS) y su definición proviene de:
Para este modelo la variable dependiente (y i ) es el tiempo en horas que cada madre le dedicó al trabajo doméstico y de cuidados en una semana. Además, se incluyen 5 variables independientes (x ki ). La importancia de ajustar un modelo de este tipo se basa en que es una técnica robusta para observaciones de datos de uso del tiempo (Stewart, 2013).El modelo se centra en el cuidado de menores de 14 años y no en el tiempo total que se dedica al cuidado de los integrantes del hogar dado que esta primera actividad es la que se considera la más demandante y exigente ya que, involucra actividades como: atender, asistir, acompañar, vigilar y brindar apoyo a esta población, por lo que se destina la mayor parte de horas de cuidado a la semana (Ajenjo y García, 2019; Altintas y Sullivan, 2016).
Las variables independientes son: el tipo de jefatura del hogar, la edad, el nivel educativo, la condición de participación laboral y la presencia de menores de 14 años en el hogar. Además de una interacción entre tipo de hogar y la condición de participación laboral, para establecer la interacción entre estas dos cuando se controla con otras variables. Por su lado, 𝑏 𝑜 es el término constante, 𝑏 1, 𝑏 2… 𝑏 5 son los parámetros de la pendiente y u i es la expresión de error o perturbación (Figura 1) (Díaz, 2022).
La elección de la variable edad para el ajuste de este modelo se debe a que se quiere comprobar si a mayor número de años, las mujeres dedican más horas al trabajo doméstico y de cuidado (Gracia y García, 2022, Ajenjo y García, 2019). El interés por el nivel educativo es para establecer si son las mujeres con niveles educativos más altos las que dedican menos de su tiempo al trabajo doméstico en comparación con las de menor educación (Bordón 2021; Félix-Verduzco e Inzunza-Mejía, 2019). Otra variable de provecho es este estudio es la presencia de menores de 14 años en el hogar, pues las evidencias señalan que la presencia de niños en el hogar implica un aumento sustantivo en las horas semanales dedicadas al trabajo reproductivo por parte de las mujeres (Domínguez, Muñiz y Rubilar, 2019). Finalmente, la interacción entre el tipo de jefatura del hogar y participación económica es para identificar parte de la conciliación trabajo - familia según de las mujeres de hogares monoparentales (Díaz, 2020; Mercado, 2019).
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Como se menciona anteriormente, se reconoce que las mujeres enfrentan desafíos tales como una gran carga de horas y responsabilidad en términos de proveeduría y de cuidado. En la Tabla 1 queda expuesta esta situación, pues un 99% de las jefas de familia o madres participan en actividades domésticas, independientemente del tipo de hogar al que pertenezcan. En general, la tasa de participación en el trabajo remunerado es menor a la del trabajo doméstico. En este sentido, las jefas de los hogares monoparentales SN son las que tienen las tasas de participación en el trabajo remunerado más altas, cercanas a 65%. Se podría decir que a pesar de ser las responsables del hogar tan solo 6 de cada 10 son el sustento de su hogar. A pesar de los progresos hacia la equidad de género, se siguen existiendo estereotipos y expectativas sociales que asignan a las mujeres la principal responsabilidad de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos, lo que logra restringir su participación en el mercado laboral (Peralta, 2022; Bordón, 2021). Las otras jefas de familia o parejas del jefe tienen tasas iguales o por debajo de 50%. En general, los trabajos de cuidados no cuentan con ninguna remuneración, pero son clave para determinar si las mujeres pueden obtener un trabajo remunerado y permanecer en él, con la posibilidad de tener ingresos propios y protección social en caso de participar de forma asalariada (Vaca-Trigo, 2019).
Además, esta misma tabla evidencia que más de la mitad de las mujeres realizan actividades no remuneradas, y aquellas que pertenecen a los hogares biparentales con hijos son las que más participan en actividades relacionadas con el cuidado de los miembros del hogar. Al comparar con la participación de estas mujeres en los cuidados de los menores de 14 años se puede decir que es menor en el resto de los hogares, entre 12 y 18 puntos porcentuales (p.p.). También se observa que son las jefas de hogares monoparentales SN las que tienen tasas de participación más bajas (casi 42%). Si se considera únicamente a los hogares que tienen presencia de menores de 14 años, se observa que son similares las tasas de participación en el cuidado de estos, entre el 84 y el 87%, lo que muestra que es una actividad que primordialmente sigue estando al cargo de las mujeres sin importar si se tiene pareja o no, tal como lo observado por Money (1975) y Barber (1994).
La información sobre actividades remuneradas y no remuneradas pone de manifiesto cómo influyen las propias características del hogar en el tiempo que se le dedican a cada una de las actividades. Para las mujeres de hogares monoparentales CN y las mujeres de hogares biparentales se presenta una menor probabilidad de realizar actividades para el mercado debido a que en su unidad familiar hay otras personas que cubren el papel de proveedores materiales del hogar, lo que permitiría a estas mujeres dedicarse en mayor proporción a las actividades de cuidados siguiendo así los mandatos impuestos por los roles de género. En situación contraria se encuentran las jefas de los hogares monoparentales SN, para quienes es probable que tengan apoyo fuera de su residencia para realizar las actividades de cuidado. Una cuestión que reflexionar de esta información es que es más probable que las mujeres deleguen a otras personas las actividades de cuidado de otros integrantes del hogar que el cuidado de menores y el trabajo doméstico (Bordón 2021; Escobar-Serrano, Higueras-Maritza, Micolta-León 2020).
La Tabla 1 muestra también cómo las jefas de hogares monoparentales ocupan casi el doble de tiempo en la realización de quehaceres domésticos y de cuidados que en el trabajo remunerado: en total, más de 48 horas semanales promedio (alrededor de 7 horas diarias), es decir, el equivalente a una jornada laboral de tiempo completo, contra las 68 y 57 horas que dedican las mujeres de los hogares biparentales SN (9 horas y 42 minutos diarias) y biparentales CN (8 horas y 12 minutos diario), respectivamente. Por otro lado, las jefas de hogares monoparentales SN son las que más horas dedican para la generación de ingresos (26 horas y 36 minutos), mientras que las madres de los hogares biparentales lo hacen por menos de 18 horas a la semana. Es decir, las mujeres que tienen pareja son las que se dedican en mayor medida a las actividades no remuneradas y, por el contrario, menos a las remuneradas. Refiriéndose estrictamente al trabajo doméstico y de cuidado de menores de 14 años, las mujeres aportan una gran cantidad de horas, tiempo que se incrementa al considerar a las mujeres de los hogares biparentales SN, lo que estaría mostrando que en ellas recae principalmente esta actividad y que tienen menos apoyo tanto interno como externo a su unidad familiar. También, los datos permiten observar que, cuando se mantienen lazos de tipo conyugal, se manifiesta de forma más fuerte para las mujeres el papel de encargada de la familia, en cuanto a cuidados y trabajo doméstico se refiere.
Tabla 1. Indicadores de uso del tiempo de las mujeres en las actividades remuneradas y no remuneradas según tipo de hogar familiar, México, 2019.
| Indicador | Tipo de actividad | Monoparental SN | Monoparental CN | Biparental SN | Biparental CN |
|---|---|---|---|---|---|
| Tasa de participación | Trabajo remunerado | 64.5 | 47.2 | 50.0 | 47.1 |
| Trabajo doméstico | 98.6 | 98.9 | 96.1 | 98.5 | |
| Cuidados integrantes del hogar | 52.8 | 67.3 | 74.1 | 70.5 | |
| Cuidados menores de 14 años | 41.7 | 55.7 | 62.6 | 52.2 | |
| Promedio de horas semanales | Trabajo remunerado | 32.5 | 32.9 | 40.7 | 36.7 |
| Trabajo doméstico | 26.6 | 18.9 | 17.8 | 17.9 | |
| Preparación y servicio de alimentos | 13.8 | 14.2 | 17.9 | 16.4 | |
| Limpieza vivienda | 9.9 | 10.3 | 12.2 | 11.0 | |
| Limpieza y cuidado de ropa y calzado | 4.6 | 4.7 | 6.0 | 5.4 | |
| Compras | 2.2 | 2.0 | 2.7 | 2.4 | |
| Gestión y administración | 1.2 | 1.1 | 1.2 | 0.9 | |
| Cuidados integrantes del hogar | 15.4 | 16.9 | 27.2 | 20.6 | |
| Cuidados menores de 14 años | 11.4 | 11.2 | 18.4 | 11.3 | |
| Hogares con menores de 14 años | |||||
| Tasa de participación en el cuidado | 85.4 | 87.1 | 84.2 | 83.9 | |
| Promedio de horas semanales en el cuidado | 23.2 | 17.2 | 22.6 | 20.6 | |
Fuente: cálculos propios con base a la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, 2019.
En la Tabla 1 también se muestran los tipos de actividades domésticas a las que más tiempo destina nuestra población de estudio.1 La principal diferencia entre las mujeres es que las jefas de los hogares monoparentales destinan un poco menos de tiempo a estas actividades que aquellas de los hogares biparentales, siendo la preparación y servicio de alimentos y la limpieza de la vivienda las tareas que más tiempo consignan; ambas actividades forman parte del “núcleo de trabajo doméstico” o subconjunto de labores más frecuentes, desgastantes, monótonas e históricamente feminizadas (Altintas y Sullivan, 2016). Sin embargo, a pesar de que las mujeres de ambos tipos de hogar pasan un tiempo promedio similar realizando estas actividades, las razones pueden ser contrarias. En el caso de los hogares monoparentales SN se debe a que deben ocupar mayor parte de su tiempo a las actividades remuneradas y en el caso de los hogares monoparentales CN, es posible que tengan más apoyo de otras personas, principalmente mujeres, con las que comparten la vivienda.
Por el contrario, en los hogares biparentales con hijos SN, las jefas o cónyuges del jefe son las que pasan más tiempo realizando este conjunto de actividades, lo que también coincide con que ellas destinan el mismo número promedio de horas al trabajo remunerado que a las actividades de preparación y servicio de alimentos o al cuidado de menores de 14 años (alrededor de 18 horas semanales). Y, si se considera solamente a los hogares donde hay población menor de 14 años la situación muestra que 8 de cada 10 madres de hogares monoparentales y biparentales participa en el cuidado de los menores de 14 años por alrededor de 22 horas, excepto las madres de los hogares monoparentales CN que lo hacen en promedio 5 horas menos.
La masiva incorporación de las mujeres al mercado laboral ha tensionado el papel que ellas han asumido tradicionalmente en el ámbito doméstico, resultando en una sobrecarga de trabajo para ellas (Money, 1975; Barber 1994; García y Pacheco, 2013). Esta situación se muestra en la Tabla 2, pues pone de manifiesto la contribución de las mujeres madres de los hogares monoparentales o biparentales que se encuentran ocupadas y dedican tiempo al trabajo doméstico y de cuidados. En esta misma tabla se observa como 100% de las madres de todos los hogares analizados que participan en el mercado laboral dedican también parte de su tiempo semanal al trabajo doméstico, que es una constante para la mayoría de las mujeres estudiadas. En cuanto a las actividades de cuidado de los integrantes del hogar, cerca de 60% de las jefas de los hogares monoparentales SN también le destinan tiempo semanal y 48% de ellas al cuidado de menores de 14 años. La brecha en la tasa de participación de las otras madres en el cuidado de los integrantes del hogar va de 8 a 19 p.p. en comparación con las jefas de hogares monoparentales. Las diferencias en las tasas de cuidado de los menores de 14 años van desde los 2 (biparentales CN) y hasta 18 p.p. (monoparentales CN). Aunque es mayor la participación de estas madres, no se refleja del todo en el tiempo que contribuyen a estas actividades.
El conjunto de madres ocupadas dedica entre 35 y 41 horas semanales a las actividades del mercado, siendo las jefas monoparentales en general las que más tiempo promedio destinan a esta actividad. Al respecto, debido a que estas mujeres son el principal sostén de su hogar, requieren realizar actividades económicas de tiempo completo de modo que puedan tener un mayor ingreso por su trabajo para el mercado.
Dentro del conjunto de mujeres que se están analizando en la Tabla 2, se puede decir que las diferencias en el tiempo promedio que dedican a las actividades domésticas se estrechan considerablemente, independientemente del tipo de hogar al que ellas representen; por ejemplo, entre las madres monoparentales SN y biparentales SN hay una diferencia de 6 horas a favor de las segundas, lo que puede explicarse debido a que ellas tienen la posibilidad de dedicar mayor tiempo a las tareas del hogar dado que ocupan un menor número de horas al trabajo remunerado al contar con la presencia de un varón que también cumple con la función de proveeduría en el hogar. En las tareas de cuidado de los miembros del hogar, esta misma diferencia de horas promedio a la semana llega a ser de hasta de 8 horas a favor de las jefas de hogares biparentales SN tomando como referencia al resto. Por el contrario, entre las madres de los hogares con otro núcleo, las diferencias no son mayores a 20 minutos de trabajo doméstico y 45 de cuidado (Tabla 2).
Tabla 2. Indicadores de uso del tiempo de las mujeres que dedican tiempo al trabajo remunerado según tipo de hogar familiar, México, 2019
| Indicador | Tipo de actividad | Monoparental SN | Monoparental CN | Biparental SN | Biparental CN |
|---|---|---|---|---|---|
| Tasa de participación | Trabajo doméstico | 99.9 | 99.5 | 99.9 | 99.9 |
| Cuidados integrantes del hogar | 59.6 | 79.0 | 74.6 | 68.8 | |
| Cuidados menores de 14 años | 48.0 | 66.4 | 64.0 | 50.9 | |
| Promedio de horas semanales | Trabajo remunerado | 41.3 | 40.0 | 35.5 | 38.0 |
| Trabajo doméstico | 31.4 | 33.0 | 37.5 | 33.3 | |
| Preparación y servicio de alimentos | 13.1 | 14.0 | 16.2 | 14.5 | |
| Limpieza vivienda | 9.4 | 9.9 | 11.1 | 9.8 | |
| Limpieza y cuidado de ropa y calzado | 4.7 | 4.8 | 5.5 | 4.9 | |
| Compras | 2.2 | 2.2 | 2.7 | 2.4 | |
| Gestión y administración | 1.2 | 1.4 | 1.2 | 1.0 | |
| Cuidados integrantes del hogar | 16.7 | 18.0 | 24.5 | 18.8 | |
| Cuidados menores de 14 años | 13.1 | 12.3 | 17.6 | 10.9 |
Fuente: Cálculos propios con base a la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, 2019.
En conjunto, tres actividades (preparación y servicio de alimentos, limpieza de la vivienda y limpieza y cuidado de ropa y calzado) ocupan más de tres cuartas partes (alrededor de 87% o 9:50 horas semanales) de todo el tiempo que las madres ocupadas dedican al trabajo doméstico. Una proporción similar se alcanza cuando se considera el cuidado de los menores de 14 años. Es importante visibilizar que las madres de los hogares sin otros núcleos, monoparentales y biparentales, destinan alrededor del 72% del tiempo de cuidado a los menores de 14 años (en promedio 13:28 minutos). Entre las mujeres de hogares con otro núcleo, el porcentaje de tiempo dedicado a esta actividad es de alrededor de 12 puntos porcentuales menor (12:18 minutos) al consignado por sus semejantes que no conviven con otro núcleo (13:08 minutos) (Tabla 2).
A partir de los datos bivariados se puede observar que, es mayor el tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados cuando las mujeres trabajan remuneradamente y están en un hogar biparental SN en comparación con el resto de las mujeres analizadas. Es posible que el hecho de la presencia de una pareja implica que se tengan que cumplir con todas las tareas con pocas posibilidades de renuncia a algunas como la limpieza de la vivienda o a la limpieza de la ropa y calzado. Además, se observa que el cuidado no sólo se da a los hijos sino también a la pareja, lo que explicaría el mayor número de horas dedicadas al cuidado de los miembros del hogar en comparación con el resto de las mujeres según familia de pertenencia. Para las mujeres de hogares SN esta actividad recae sobre una sola mujer, ya sea jefa o cónyuge. Estos datos están mostrando que, estar unida en un hogar nuclear es una característica clave que explica los mayores tiempos dedicados al cumplimiento del rol asignado a las mujeres. Sin embargo, es necesario considerar el efecto conjunto de otros factores para observar si se mantienen las diferencias observadas en el análisis cruzado.
Dado que los resultados anteriores resaltan que la mayoría de las mujeres estudiadas, participan en el trabajo doméstico y de cuidados, lo hacen de distinta manera, por lo que se ajustó el siguiente modelo considerando variables como: el tipo de hogar, la edad, el nivel educativo y la interacción entre tipo de hogar y la condición de participación laboral femenina (Tabla 3).
Tabla 3. Modelo de regresión OLS para el tiempo dedicado a las actividades domésticas y de cuidado2.
| Variables | Coef. B | Sig. | |
|---|---|---|---|
| Tipo de hogar | Monoparental SN | Ref. | |
| Monoparental CN | 9.523 | *** | |
| Biparental SN | 6.086 | *** | |
| Biparental CN | 7.673 | *** | |
| Edad de las madres | --0.413 | *** | |
| Nivel educativo | Sin escolaridad | ||
| Básica | 4.820 | *** | |
| Media | 6.460 | *** | |
| Superior y más | -1.066 | ** | |
| Presencia de menores de 14 años | No | Ref. | |
| Sí | 19.549 | ** | |
| Interacción: tipo de jefatura del hogar*condición de ocupación | Monoparental SN*ocupada | Ref. | |
| Monoparental CN*ocupada | 2.322 | * | |
| Biparental SN*ocupada | -0.349 | * | |
| Biparental CN*ocupada | -2.402 | * | |
| Condición de ocupación | No | Ref. | |
| Sí | -6.623 | *** | |
| Constante | 55,865 | *** | |
| Observaciones | 18,666 | ||
| R2 | 0,2015 | ||
Fuente: Cálculos propios con base a la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, 2019.
Significancia: **** p<0.000, ** p<0.001, * p<0.01
La variable más importante del estudio es el tipo de jefatura, que muestra un efecto neto positivo para las madres de los hogares monoparentales CN con hijos, realizando trabajo doméstico y de cuidado de los menores de edad en el hogar por 9 horas y 31 minutos más que las jefas de hogares monoparentales SN, los hogares biparentales con hijos y otro núcleo por 7:40 horas. Este resultado muestra que las madres de los hogares monoparentales destinan una menor cantidad de horas al trabajo no remunerado en comparación con otras madres, tal como lo observado por Borbón (2021). En razón del tiempo empleado a los trabajos en el hogar, los resultados muestran también que existen diferencias significativas entre las madres que conviven con menores de 14 años, quienes dedican 19:30 horas más en comparación con las que no conviven con estos, por lo que se puede decir que los resultados van en la línea esperada, antecede una sobrecarga de trabajo no remunerado cuando hay convivencia de menores de edad en el hogar (Domínguez, Muñiz y Rubilar, 2019; Anxo et al, 2011), esto es explicado por los procesos de crianza y atención de necesidades que tienen las niñas y los niños y que son resueltos principalmente por las mujeres.
Los recursos que poseen las mujeres, tales como tener un nivel educativo superior, tienen un rol notable en dar cuenta de la proporción de trabajo doméstico y de cuidado que se realiza. Es decir, que el efecto neto de la variable nivel educativo muestra que tener una educación superior y más reduce en 1:04 horas el trabajo doméstico en comparación con las mujeres sin escolaridad. Esta situación tiene una explicación dentro de la teoría de los recursos relativos ya que, se reduce el poder de negociación en la división del trabajo doméstico y de cuidado a partir de los logros laborales y educativos de los individuos, es decir, que las mujeres con niveles educativos altos e ingresos por trabajo tendrían una menor carga de trabajo no remunerado (Covarrubias, 2022; Shelton 1992).
Por el contrario, las madres que cuentan con educación básica y media dedican más tiempo a las actividades del hogar y de cuidado de menores de 14 años, de casi 5 horas en el primer caso y de 6.5 horas en el segundo (Tabla 3). En este mismo sentido, se puede decir que las madres que están ocupadas reducen la participación semanal en las labores del hogar y de cuidado por alrededor de 6:37 horas en comparación con las madres que no trabajan. La variable edad es significativa para el modelo, es decir, que por cada año más de edad de la madre disminuye 25 minutos su participación en las tareas relativas a las actividades no remuneradas por semana. Esto se debe a que, conforme los hijos crecen van ganando independencia por lo que las madres pueden dedicar menos tiempo a su cuidado.
Finalmente, los resultados muestran que hay diferencias significativas en la interacción entre el tipo de hogar y la participación laboral. Se muestra que las madres de los hogares monoparentales con otro núcleo y que están ocupadas son las que dedican más tiempo (2:19 horas) en comparación con las madres monoparentales del mismo tipo, mientras que las madres biparentales SN (21 minutos) y las CN (2:24 horas) dedican menos tiempo a estas actividades (Tabla 3). Entonces, es posible que, para las jefas o cónyuges de hogares biparentales con otro núcleo y que participan en el trabajo remunerado, la cantidad de trabajo doméstico y de cuidados sea repartido entre más miembros, principalmente, entre otras mujeres presentes en esas familias por lo que ocupan menos tiempo en estas actividades.
CONCLUSIONES
Este trabajo explora la participación en el trabajo doméstico de las madres de hogares monoparentales, al mismo tiempo que se observan las diferencias con sus semejantes de los hogares con otro núcleo familiar, tanto monoparentales como biparentales.
Los principales hallazgos confirman lo dicho anteriormente en la literatura: las madres de hogares monoparentales dedican menos tiempo a las tareas del hogar que las madres de hogares biparentales; sin embargo, es importante mencionar que las primeras no dejan de participar en las actividades domésticas y de cuidado a pesar de dedicar una gran parte de su tiempo a la producción de ingresos. Además, se confirma que las madres monoparentales tienen una mayor dedicación al trabajo remunerado que las madres de los otros hogares (Ajenjo y García, 2019), sin dejar de considerar que el estar participando en el mercado laboral es un determinante fundamental no solo para la participación en tareas domésticas sino también del tiempo que las madres les dedican.
Dadas las limitaciones de tiempo para las tareas domésticas, las madres monoparentales destinan menos tiempo a aquellas actividades domésticas más duras como: cocinar, limpiar y encargarse de la ropa en comparación con las madres de los otros hogares. Puesto que las madres monoparentales tienen más probabilidades de trabajar en el mercado, otros resultados confirman que convivir con otros miembros es una estrategia importante para conciliar y reducir las cargas, lo cual se observa en los resultados que señalan que las madres monoparentales CN dedican casi el mismo tiempo al trabajo remunerado que las madres de hogares biparentales e igual número de horas a la semana para el trabajo doméstico que las madres monoparentales SN(Rodríguez de Jesús y Pérez, 2020; Fernández y Tobío, 1997).
Sin embargo, cuando se consideró a las mujeres ocupadas por tipo de hogar se observó que entre ellas se reducen las diferencias en las horas que dedican al trabajo doméstico y de cuidados, sobre todo en las actividades domésticas. Como se mencionó, hay una mayor posibilidad de que otras personas participen en las labores de cuidado que en las labores domésticas, lo que estaría reafirmando que socialmente persiste la idea de que son las mujeres las principales encargadas de lavar, cocinar, limpiar, etc.
Por otro lado, los primeros resultados mostraban una menor contribución de las madres monoparentales SN al cuidado de los menores de 14 años, trabajen o no; no obstante, en el análisis multivariado esta diferencia desaparece si se considera que ellas trabajan, dedicando un poco más tiempo que las madres biparentales SN a las tareas no remuneradas. Lo que podría deberse a que ellas consideran que dedicar parte de su jornada a los menores del hogar es prioritario en su vida. Y también podría estar explicado por el hecho de que no hay otras personas, principalmente mujeres adultas, que les apoyen a la realización de estas actividades.
Finalmente, es necesario remarcar que la presencia de menores de 14 años en el hogar es el principal factor que explica las largas jornadas de trabajo no remunerado, debido a las necesidades que presenta esta población para la satisfacción de sus necesidades, tanto cuidados como de trabajo doméstico. Y el factor que más reduce las horas de trabajo en el hogar es dedicarse al trabajo remunerado a razón de que las mujeres tienen una actividad extra a las actividades a las cuales ya se dedicaba.
Una de las principales limitaciones del presente estudio es el análisis en exclusivo de la aportación de las jefas, sin considerar el aporte de trabajo reproductivo de otros miembros, sobre todo en el caso de que haya apoyo en hogares con otro núcleo, como es el caso de otras mujeres y en específico de la abuela. Otra de las restricciones de este estudio es no escudriñar más respecto a información sobre los apoyos de otros familiares que no comparten núcleo en torno a las tareas de cuidado y sobre los hijos, como: el número, cuántos son menores de edad y sobre los que necesitan cuidados especiales. Un área de oportunidad son los datos cualitativos que permitan ofrecer una visión más profunda y detallada sobre las vivencias, percepciones y dificultades que atraviesan estas mujeres. Asimismo, permiten enfocar la atención en los factores emocionales, culturales y sociales que influyen en la organización del tiempo en las jefaturas monoparentales femeninas.
















