INTRODUCCIÓN
La seguridad asistencial se basa en dos conceptos clave e interrelacionados: la teoría del error de Reason y la cultura de seguridad (CS), entendida como el conjunto de valores y normas compartidas que priorizan la seguridad del paciente en la organización1. La atención sanitaria, como toda actividad humana, conlleva riesgos inherentes, donde los eventos adversos (EA) no son sólo producto de errores individuales, sino de fallas latentes en sistemas complejos. Se estima que entre el 4 % y 17 % de pacientes hospitalizados experimentan EA, de los cuales cerca del 50 % son prevenibles2.
La seguridad del paciente (SP) es un pilar esencial de la calidad asistencial, basada en acciones sistemáticas para evitar daños prevenibles durante la atención. Aunque sus fundamentos son históricos, ha emergido como prioridad en la gestión clínica reciente, sustentada en evidencia sólida1. La cultura de seguridad, como componente estructural organizacional, impacta en la dinámica institucional y en la incidencia de eventos adversos. En este marco, la enfermería es clave para la ejecución segura de prácticas clínicas, como la prevención de caídas, control de úlceras, administración de medicamentos y cumplimiento de protocolos y listas de verificación3.
El ejercicio de la enfermería se rige por principios éticos sólidos, que demandan altos estándares de conducta, responsabilidad, confidencialidad y compromiso con el bienestar del paciente. Estos principios, originados en el siglo XIX con Florence Nightingale, reconocen los riesgos inherentes a la atención sanitaria y destacan la importancia del entorno, la ética profesional, el esmero y la vigilancia para garantizar un cuidado seguro4.
Mejorar la cultura de seguridad del paciente es esencial para mitigar riesgos hospitalarios. Su evaluación incluye dimensiones como percepción de seguridad, notificación de eventos, supervisión, aprendizaje organizacional, trabajo en equipo, comunicación abierta, retroalimentación, respuesta no punitiva, dotación de personal, apoyo directivo y continuidad asistencial(3, 5). Aunque el enfoque tradicional ha sido reactivo, es crucial adoptar un enfoque preventivo y sistemático que fomente procesos seguros y sostenibles en la atención6.
En virtud de lo anterior, el objetivo de la presente investigación fue determinar la percepción de profesionales de enfermería sobre la gestión de la seguridad del paciente en un servicio de salud pública.
METODOLOGÍA
Se realizó un estudio observacional, descriptivo y de corte transversal con enfoque cuantitativo. El área de estudio fue un servicio de salud pública dependiente del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, ubicado en el Departamento Central de Paraguay. El área estudiada, correspondiente al servicio de clínica médica, cuenta con una dotación total de 45 profesionales de enfermería, distribuidos entre los turnos de mañana, tarde, noche 1, noche 2, noche 3 y franquero (fin de semana).
Se empleó un muestreo no probabilístico por conveniencia. Como técnica de recolección de datos se utilizó una encuesta estructurada, aplicada tras la explicación de los objetivos del estudio y la obtención del consentimiento informado.
El instrumento utilizado fue una versión adaptada al contexto hispanohablante del Hospital Survey on Patient Safety Culture (HSPSC), desarrollado por la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ)3. El instrumento utilizado mostró una fiabilidad aceptable a excelente en su validación original en español, con coeficientes alfa de Cronbach que oscilaron entre 0.64 y 0.88 en sus diferentes dimensiones, los valores obtenidos indican una adecuada consistencia interna para su uso en contextos similares. El instrumento empleado evalúa diversas dimensiones de la cultura de seguridad del paciente. Estas incluyen la frecuencia de eventos notificados, las acciones de la dirección o supervisión en apoyo de la seguridad. También abarca aspectos como el aprendizaje organizacional, el trabajo en equipo intra e inter unidades, la franqueza en la comunicación, el feed-back sobre errores, y la respuesta no punitiva ante errores. Otras dimensiones evalúan la dotación de personal, el apoyo de la gerencia hospitalaria, y los problemas durante los cambios de turno y transiciones entre unidades. Estas dimensiones permiten una evaluación integral de factores individuales, organizacionales y estructurales relacionados con la seguridad del paciente.
Procesamiento y análisis estadístico
Las respuestas del cuestionario fueron organizadas y tabuladas utilizando Microsoft Excel. Posteriormente, los datos fueron recodificados en tres categorías interpretativas: respuestas negativas, neutras y positivas. Esta recodificación se basó en la frecuencia con la que los participantes seleccionaron opciones como "nunca", "rara vez", "a veces", "no lo sé/no procede", "la mayoría de las veces" y "siempre", agrupándolas según su carga valorativa.
Para el análisis, se calcularon las frecuencias relativas de cada ítem y de las dimensiones compuestas del cuestionario, considerando el número de respuestas positivas respecto al total de respuestas obtenidas en cada dimensión. A partir de estos resultados, se establecieron criterios para identificar fortalezas dentro de la cultura de seguridad: se consideró como fortaleza toda dimensión o ítem que alcanzara un 75 % o más de respuestas positivas en el caso de preguntas formuladas en sentido afirmativo, y un 75 % o más de respuestas negativas en aquellas formuladas en sentido negativo7.
El procesamiento e interpretación de datos se realizó mediante EpiInfo 7.2.0.1, software desarrollado por el Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta (CDC). Se empleó estadística descriptiva, y los resultados se presentaron en tablas elaboradas con Microsoft Excel.
Aspectos éticos
El estudio fue aprobado por la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la Universidad Nacional de Asunción por el Comité de Tesis de la Dirección de Postgrado, en el año 2022. Durante todo el proceso se respetaron los principios éticos de la Declaración de Helsinki, incluyendo respeto, beneficencia y justicia. Los datos se utilizaron exclusivamente con fines académicos, y los participantes fueron tratados sin discriminación por edad, sexo o antigüedad en el servicio.
RESULTADOS
Se incluyó a 45 licenciados en enfermería con edades entre 26 y 51 años, con una media de 32 ± 6 años y una mediana de 31 años. El 94 % de los participantes tenía menos de 40 años y el 73 % correspondía al sexo femenino. En cuanto a la antigüedad laboral, el 96 % trabajaba en el servicio desde hacía menos de cinco años. Respecto al régimen de trabajo, el 48 % se desempeñaba en turnos nocturnos, mientras que el 19 % trabajaba en el turno mañana y el 17 % en el turno tarde. La Tabla 1 presenta estos resultados en detalle.
Tabla 1: Distribución de profesionales de enfermería según datos sociodemográficos y laborales (n = 45)
| Datos sociodemográficos y laborales | n | % |
|---|---|---|
| Grupo etario | ||
| 26 - 29 | 13 | 29 |
| 30 - 39 | 29 | 65 |
| 40 - 49 | 2 | 4 |
| 50 - 51 | 1 | 2 |
| Sexo | ||
| Femenino | 33 | 73 |
| Masculino | 12 | 27 |
| Antigüedad en el servicio | ||
| 5 a 10 años | 2 | 4 |
| Menos de 5 años | 43 | 96 |
| Turno | ||
| Mañana | 9 | 19 |
| Tarde | 8 | 17 |
| Noche | 21 | 48 |
| Franquero | 7 | 16 |
Se evaluaron las dimensiones de la cultura de seguridad del paciente, clasificándose como fortalezas aquellas con porcentajes iguales o superiores al 75 %. Entre estas se destacaron: soporte desde dirección para la seguridad del paciente (96 %), dotación de personal (91 %), aprendizaje organizativo y mejora continua (89 %), expectativas y acciones de supervisión para promover la seguridad (87 %), trabajo en equipo dentro de las unidades (86 %), feedback y comunicación sobre el error (84 %) y respuesta no punitiva al error (76 %). En contraste, se identificaron como oportunidades de mejora las dimensiones con puntuaciones inferiores al 75 %, tales como: comunicación abierta (57 %), trabajo en equipo multidisciplinario (65 %), continuidad en transferencias y traspasos (71 %) y frecuencia de notificación de eventos (73 %). La Tabla 2 presenta estos resultados en detalle.
Tabla 2: Distribución de profesionales de enfermería de un servicio de salud público según categorización por dimensiones (n = 45)
| Dimensión | Σ | % | Categoría |
|---|---|---|---|
| 1. Frecuencia de notificación de eventos | 98 | 73 | Oportunidad de mejora |
| 2. Expectativas/acciones para promover la seguridad por parte de supervisión | 157 | 87 | Fortaleza |
| 3. Aprendizaje organizativo y mejora continua | 120 | 89 | Fortaleza |
| 4. Trabajo en equipo dentro de las unidades/servicios | 155 | 86 | Fortaleza |
| 5. Comunicación abierta | 77 | 57 | Oportunidad de mejora |
| 6. Feedback y comunicación sobre el error | 113 | 84 | Fortaleza |
| 7. Respuesta no punitiva al error | 103 | 76 | Fortaleza |
| 8. Dotación personal | 163 | 91 | Fortaleza |
| 9. Soporte desde dirección para la seguridad del paciente | 129 | 96 | Fortaleza |
| 10. Trabajo en equipo multidisciplinario | 88 | 65 | Oportunidad de mejora |
| 11. Continuidad (transferencias y traspasos) | 128 | 71 | Oportunidad de mejora |
DISCUSIÓN
En cuanto a características sociodemográficas, predominó un perfil joven, con edades entre 26 y 51 años y media de 32, a diferencia de estudios previos que reportaban grupos etarios entre 48 y 58 años8. Esta renovación, posiblemente vinculada a la Ley N.º 6524 de Paraguay y la contratación temporal post pandemia9, podría favorecer actitudes más positivas hacia el cambio, aunque plantea desafíos en experiencia clínica y adopción de prácticas seguras. La notificación de eventos sin daño o corregidos antes de afectar al paciente alcanzó 73 % y 76 %, respectivamente, mejorando respecto a estudios previos que reportaban 48,97 % y 67 %10,11. Estos resultados indican una cultura incipiente de aprendizaje proactivo, que valora la detección temprana del riesgo. No obstante, esta práctica podría estar más motivada por el cumplimiento de protocolos que por una convicción profunda, especialmente frente a una percepción punitiva del error. La dimensión de “respuesta no punitiva al error” reveló percepciones preocupantes: el 100 % consideró que los errores podrían usarse en su contra y un 40 % temió su registro en el expediente, contrariando la cultura justa de Reason, que promueve aprender de los errores sin castigo12. Este clima de desconfianza favorece el ocultamiento y limita el aprendizaje organizacional. Desde un enfoque sistémico, los errores se atribuyen a fallas del sistema más que a fallos individuales, y mejorar las condiciones laborales junto con barreras de seguridad puede reducir su frecuencia e impacto13. Los datos reflejan una percepción muy positiva del liderazgo y la gestión de la seguridad: el 96 % afirmó que sus supervisores abordan los problemas de seguridad, y el 100 % reconoció que la gerencia fomenta un ambiente favorable. Esto evidencia mecanismos de supervisión efectivos y respaldo institucional, elementos clave para consolidar una cultura de seguridad. Sin embargo, el 89 % reportó presiones por rapidez que podrían afectar el clima de seguridad. En contraste, un estudio chileno destacó que, pese a una percepción general positiva, la dotación insuficiente de personal y el limitado apoyo gerencial constituyen debilidades, subrayando la necesidad de mantener un compromiso institucional con recursos y apoyo operativo adecuados14. En la dimensión aprendizaje organizacional y mejora continua, los resultados fueron notablemente altos: el 100 % indicó que se implementan medidas preventivas tras detectar fallas y que se evalúan los cambios. Estos valores superan ampliamente a los reportados en otros estudios15, lo que podría estar relacionado con la implementación de sistemas de gestión de calidad. La percepción del trabajo en equipo dentro de las unidades fue ampliamente positiva: más del 75 % destacó el apoyo mutuo y un 98 % el trato respetuoso entre colegas, superando cifras de estudios previos en un 76 % respecto al trato respetuoso11. Este entorno colaborativo resulta esencial para enfrentar la sobrecarga asistencial. No obstante, la coordinación entre servicios fue menos favorable, con un 64 % señalando falta de articulación y un 58 % expresando incomodidad al trabajar con otros equipos. Estas debilidades estructurales, posiblemente ligadas a fallas comunicativas, jerarquías o falta de estandarización, coinciden con hallazgos de un estudio argentino que identifica el trabajo en equipo como factor protector, pero advierte deficiencias en la comunicación interservicios que comprometen la continuidad del cuidado16. El 76 % de los participantes expresó sentirse capaz de comunicar inquietudes sobre la atención, y un 53 % manifestó poder cuestionar decisiones de superiores, reflejando avances hacia una cultura de comunicación abierta, aunque con margen de mejora. Esta apertura es fundamental para la detección y prevención de errores, pues su ausencia suele asociarse a la subnotificación. En cuanto a la retroalimentación, el 82 % indicó recibir información sobre errores ocurridos y el 69 % sobre las acciones correctivas, superando cifras reportadas en estudios previos11. Contar con canales efectivos de comunicación y devolución es clave para consolidar el aprendizaje individual y colectivo. En la dimensión dotación de personal, aunque el 100 % consideró adecuada la dotación, el 76 % señaló que el agotamiento afecta la atención y el 91 % trabaja bajo presión, indicando una sobrecarga en la distribución e intensidad laboral. Esto coincide con un estudio español donde solo el 37,8 % valoró como adecuada la carga laboral según la proporción enfermera/paciente12,17. Estos hallazgos revelan una discrepancia entre la percepción nominal de recursos y su impacto real en la calidad y seguridad asistencial. La pérdida de información durante transferencias y relevos se identificó como una debilidad crítica: el 69 % reportó omisiones al derivar pacientes y el 71 % durante los cambios de turno, cifras superiores a estudios previos11,12. Estas fallas en la continuidad asistencial reflejan problemas sistémicos, como la ausencia de protocolos, herramientas de comunicación y alta rotación del personal, que, desde el modelo SEIPS, requieren intervenciones integrales que combinen soluciones técnicas y fortalecimiento del trabajo en equipo18. La percepción global sobre la seguridad fue altamente favorable (87 %), superando el 69 % reportado en estudios previos11. No obstante, esta visión optimista podría enmascarar deficiencias estructurales, como la cultura punitiva o fallas en los relevos, posiblemente naturalizadas en la práctica asistencial. Una revisión sistemática advierte que la cultura de seguridad hospitalaria sigue siendo frágil a nivel internacional, pese al creciente interés por el tema19. Además, estudios con internos de enfermería señalan carencias en el apoyo entre colegas, lo que subraya la necesidad de fortalecer la comunicación y la mentoría clínica12,20.
CONCLUSIÓN
El presente estudio permitió identificar que los profesionales de enfermería evaluados presentan una percepción mayormente positiva sobre la gestión de la seguridad del paciente en el servicio de salud pública. Se evidenciaron fortalezas significativas en dimensiones como el soporte desde la dirección, dotación de personal, trabajo en equipo dentro de las unidades y comunicación sobre el error. Sin embargo, también se identificaron áreas que requieren atención y mejora, particularmente en lo referente a la comunicación abierta, el trabajo en equipo multidisciplinario y la frecuencia de notificación de eventos. Estos hallazgos aportan información valiosa para la planificación de estrategias institucionales orientadas a fortalecer la cultura de seguridad del paciente y promover entornos de atención más seguros y eficientes.














