INTRODUCCIÓN
La salud mental comunitaria ha cobrado especial relevancia en el contexto post-pandémico, ante el incremento sostenido de indicadores de malestar psicosocial en poblaciones previamente no consideradas en situación de riesgo1-4. Diversas organizaciones internacionales han advertido sobre el aumento de la ansiedad, la soledad y el estrés como secuelas persistentes del aislamiento social y la incertidumbre prolongada5-9. Frente a este escenario, resulta urgente desarrollar estrategias accesibles, sostenibles y culturalmente pertinentes que promuevan el bienestar emocional desde un enfoque comunitario, preventivo y participativo10-15.
La Terapia Comunitaria Integrativa (TCI), desarrollada por Adalberto Barreto en Brasil, constituye una estrategia orientada al abordaje colectivo del sufrimiento cotidiano. Sostiene su fundamento teórico en cinco pilares: la teoría sistémica, la teoría de la comunicación, la antropología cultural, la pedagogía de Paulo Freire y la resiliencia16-18. Mediante rondas de escucha, la TCI propone un espacio donde la palabra circula libremente, con un encuadre y estructura que legitiman los saberes populares, promoviendo la construcción colectiva de recursos para el afrontamiento19.En la Terapia Comunitaria Integrativa (TCI), la metáfora de la ronda simboliza la igualdad, la escucha activa y la colaboración en el proceso de ayuda mutua. Esta figura circular representa la horizontalidad del espacio, donde todas las voces tienen el mismo valor y no existen jerarquías que limiten la libre expresión de preocupaciones, saberes o recursos personales y colectivos. En este marco, la elección deliberada del nombre rondas de escucha responde a la intención de alejar el imaginario colectivo del concepto clínico de “terapia”, permitiendo una mayor apertura y participación. Se buscó así asociar la actividad a procesos de promoción de la salud comunitaria, más que a acciones de prevención o tratamiento de enfermedades mentales, facilitando una vinculación más cercana y accesible para las personas y comunidades involucradas.
Durante la pandemia por COVID-19, esta metodología fue adaptada exitosamente a plataformas virtuales, permitiendo sostener espacios de contención y apoyo mutuo incluso en contextos de aislamiento. En Paraguay, la implementación de rondas de TCI en formato virtual ha demostrado ser una experiencia viable y valiosa para la promoción de la salud mental en comunidades diversas, articulando el trabajo entre instituciones académicas, redes de terapeutas comunitarios y organizaciones sociales20-21.En este contexto, se ha observado una alta valoración por parte de los participantes en torno a los aprendizajes generados durante los encuentros, destacándose especialmente la oportunidad de compartir experiencias, la construcción colectiva de sinergias que fortalecen la resiliencia, y la posibilidad de acceder a espacios de apoyo, acompañamiento y autoconocimiento. No obstante, también se identificaron dificultades recurrentes que afectan la participación plena, tales como problemas de conectividad a internet, la superposición de actividades que limita la disponibilidad de tiempo, y la impuntualidad de algunos participantes.
A partir de esta experiencia, se identificó la necesidad de profundizar en el análisis sistemático de los efectos temáticos, emocionales y relacionales de las rondas, así como en la percepción subjetiva de impacto por parte de los participantes. En ese marco, se desarrolló una experiencia de extensión universitaria con base en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción.
El objetivo de este estudio fue el de describir y sistematizar los temas, emociones y recursos compartidos por los participantes de las rondas de escucha virtuales bajo el enfoque de la TCI, así como explorar su impacto percibido en el bienestar emocional de los participantes.
METODOLOGÍA
Se realizó un estudio observacional con enfoque cualitativo-descriptivo, orientado a caracterizar las temáticas, emociones y recursos compartidos por los participantes de las rondas de escucha comunitaria virtuales desarrolladas bajo el enfoque de la Terapia Comunitaria Integrativa (TCI), así como a explorar su impacto percibido en el bienestar emocional. Esta experiencia se enmarcó en un proyecto de extensión universitaria desarrollado por la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción entre los meses de septiembre y noviembre del año 2023.
Las rondas de escucha se realizaron de manera virtual mediante la plataforma Zoom, con frecuencia quincenal. Cada encuentro tuvo una duración aproximada de 90 minutos y fue coordinado por un equipo integrado por docentes, egresados y estudiantes del énfasis en Psicología Comunitaria, junto con terapeutas comunitarios formados en TCI. La convocatoria fue abierta a todo público y se difundió por medios digitales institucionales y comunitarios. La metodología respetó los principios fundamentales de la TCI: circularidad, horizontalidad, protagonismo del sujeto y legitimación del saber de la experiencia.
Para el presente estudio se sistematizaron registros de diez rondas, en los que se consignaron datos como: fecha del encuentro, cantidad de participantes, tema escogido democráticamente, recursos mencionados, emociones asociadas y frases destacadas vinculadas a los aprendizajes. Adicionalmente, se relevó información general sobre nacionalidad, edad aproximada y género, sin identificar individualmente a los participantes.
Como estrategia complementaria de recolección de datos, se aplicó una encuesta autoadministrada anónima en línea a través de formularios de Google, dirigida a quienes participaron al menos en cuatro de las rondas. La encuesta indagó aspectos como: motivación para participar, frecuencia previa de emociones negativas (ansiedad, soledad, estrés y falta de apoyo social), percepción de impacto, utilidad de las estrategias compartidas y disposición a recomendar la experiencia. La participación en la encuesta fue voluntaria y se obtuvo consentimiento informado explícito para el uso anónimo de los datos con fines de investigación. Se recibieron y analizaron 17 formularios completos.
Los datos obtenidos de los registros fueron organizados en planillas tipo Excel y analizados mediante codificación inductiva, estableciendo tres ejes: ámbito de los temas (personal, social, laboral), emociones asociadas (miedo, tristeza, impotencia, etc.) y categorías de recursos compartidos (autocuidado, espiritualidad, cultura, superación personal, diálogo relacional, redes de apoyo y organización cotidiana). Las respuestas de la encuesta fueron sistematizadas en frecuencias simples y categorizaciones cualitativas.
Todos los datos fueron tratados de forma anónima y confidencial, respetando los principios éticos de la investigación con seres humanos. Se siguieron las recomendaciones del Comité de Ética de Publicaciones (COPE) y la Declaración de Singapur sobre la integridad en la investigación22.
RESULTADOS
Durante el segundo semestre del año 2023 se desarrollaron diez rondas de escucha virtuales bajo el enfoque de la Terapia Comunitaria Integrativa (TCI), con participación intercultural de personas provenientes de Paraguay, Argentina, Bolivia, Ecuador, Colombia, República Dominicana y Francia. Las rondas se realizaron con una frecuencia quincenal y una duración aproximada de 90 minutos, contando con entre 4 y 12 participantes por sesión.
En cada ronda, los asistentes eligieron de forma democrática un tema central, que posteriormente fue desarrollado colectivamente. El análisis temático mostró que la mayoría de los temas correspondieron al ámbito personal, seguido por los ámbitos social y laboral. Los temas personales incluyeron conflictos internos, autoexigencia y dificultades emocionales; los sociales, preocupaciones por vínculos, roles de cuidado y violencia estructural; y los laborales, estrés, sobrecarga y falta de motivación.
Las emociones predominantes vinculadas a los temas fueron la impotencia, el miedo, la tristeza y la frustración, en ese orden. La impotencia fue relatada como una vivencia recurrente frente a situaciones fuera del control individual, mientras que el miedo se expresó como temor al futuro, a la soledad o al juicio de los otros.
A lo largo de las rondas, los participantes compartieron recursos personales, sociales y culturales movilizados para el afrontamiento de las situaciones abordadas. Estos recursos se agruparon en siete categorías: autocuidado, superación personal, diálogo relacional, redes de apoyo, espiritualidad, cultura y organización cotidiana. Los más mencionados fueron los recursos de autocuidado, como prácticas de meditación, descanso consciente y límites saludables; seguidos por estrategias de superación personal y diálogo relacional.
Además del registro de las rondas, se aplicó una encuesta anónima a personas que participaron en al menos cuatro encuentros. Se obtuvieron 17 respuestas. El 100 % de los encuestados manifestó que recomendaría la experiencia a otras personas. Más del 90 % señaló que ha aplicado estrategias aprendidas en su vida cotidiana, como la regulación emocional, la expresión verbal de preocupaciones, la escucha empática y la toma de decisiones conscientes. Entre las motivaciones más frecuentes para participar, se destacaron: búsqueda de apoyo emocional, interés en herramientas de autocuidado y necesidad de un espacio seguro de expresión.
Respecto al impacto emocional percibido, los participantes reportaron una reducción subjetiva de sentimientos como ansiedad, soledad, estrés y sensación de falta de apoyo social, al comparar su estado antes y después de participar en las rondas. Además, valoraron como “muy importante” la posibilidad de sentirse escuchados, compartir preocupaciones, descubrir recursos propios y celebrar logros personales y colectivos (Tabla 1).
Tabla 1: Valoración de aspectos de las rondas
| Aspecto | Importancia | Frecuencia (n) |
|---|---|---|
| Sentirme escuchado/a | Muy importante | 7 |
| Celebrar logros | Muy importante | 6 |
| Descubrir recursos | Muy importante | 6 |
| Valorar recursos compartidos | Muy importante | 6 |
| Compartir preocupaciones | Importante | 5 |
| Reconocer aprendizajes | Muy importante | 5 |
| Celebrar logros | Importante | 2 |
| Compartir preocupaciones | Muy importante | 2 |
| Descubrir recursos | Importante | 2 |
| Reconocer aprendizajes | Importante | 2 |
| Valorar recursos compartidos | Importante | 2 |
| Compartir preocupaciones | Medianamente importante | 1 |
| Reconocer aprendizajes | Medianamente importante | 1 |
| Sentirme escuchado/a | Medianamente importante | 1 |
Las respuestas cualitativas recogidas en la sección final de la encuesta complementaron la información del registro, destacando frases como: “Me sentí menos sola”, “Aprendí a no juzgarme tanto”, “Escuchar las historias de otros me dio fuerza” o “Me llevo estrategias simples que me están funcionando”.
Estos hallazgos reafirman la utilidad de las rondas de TCI no solo como espacios de expresión emocional, sino también como medios de aprendizaje colectivo, resiliencia compartida y el fortalecimiento de vínculos solidarios entre los participantes.
DISCUSIÓN
Los hallazgos de este estudio confirman la efectividad de la Terapia Comunitaria Integrativa (TCI) como estrategia de promoción de la salud mental comunitaria, especialmente en contextos post-pandémicos caracterizados por el incremento del malestar emocional, la fragmentación de vínculos y el aislamiento subjetivo. Las rondas virtuales de escucha, desarrolladas en el marco de este proyecto, operaron como espacios seguros donde los participantes pudieron expresar sus preocupaciones, compartir sus vivencias y construir colectivamente recursos para afrontar situaciones adversas de la vida cotidiana23-25.
La alta frecuencia de temas vinculados al ámbito personal y social, así como la predominancia de emociones como la impotencia, el miedo y la tristeza, concuerdan con lo señalado en estudios recientes sobre el impacto psicosocial del COVID-19 en América Latina(6, 7). En ese sentido, las rondas funcionaron como dispositivos de contención emocional no patologizante, permitiendo que las experiencias individuales se transformen en narrativas compartidas que dan sentido, alivio y validación, en consonancia con el principio de horizontalidad que sustenta a la TCI26.
El análisis de los recursos compartidos mostró la riqueza y diversidad de estrategias comunitarias para el cuidado emocional. En el mismo sentido27, Tierney et al señalan que las estrategias basadas en la comunidad aprovechan los recursos y fortalezas locales para mitigar el impacto negativo de los factores sociales y ambientales en el bienestar mental. En particular, la categoría de autocuidado fue la más destacada, lo que sugiere una apropiación consciente de prácticas de bienestar no medicalizadas. Este hallazgo refuerza la visión de la salud mental como construcción colectiva, situada culturalmente, y no restringida al ámbito clínico-individual28.
La encuesta a los participantes fortaleció la evidencia cualitativa. Todos los encuestados manifestaron que recomendarían la experiencia, y la mayoría declaró aplicar en su vida cotidiana las estrategias aprendidas. Este dato es especialmente relevante, ya que sugiere que las rondas no solo brindan alivio emocional transitorio, sino que generan impacto sostenido en la agencia personal y la regulación emocional. La reducción auto-reportada de sentimientos como la ansiedad, el estrés y la sensación de soledad sugiere que este tipo de intervenciones puede contribuir significativamente a mejorar la percepción de bienestar, aún sin intervención clínica directa. Zaharia et al indican que muchas intervenciones han demostrado mejoras sostenidas en la soledad y en los resultados psicológicos relacionados29.
Adicionalmente, las valoraciones positivas sobre el sentirse escuchado, descubrir recursos personales y compartir logros, refuerzan el principio metodológico de que la palabra compartida no solo libera, sino que reconfigura vínculos y resignifica el sufrimiento. Las frases recogidas en la encuesta -“me sentí menos sola”, “me dio fuerza escuchar a otros”- son expresiones claras del efecto transformador de estos espacios, tal como lo han documentado experiencias similares en otros contextos latinoamericanos30.
Entre las limitaciones del estudio se encuentra la imposibilidad de realizar un seguimiento longitudinal de los participantes, así como el tamaño reducido de la muestra encuestada, lo cual restringe la generalización de los hallazgos. Asimismo, la sistematización cualitativa de los recursos estuvo mediada por la interpretación del equipo investigador, aunque se procuró mantener un criterio consensuado y riguroso.
Como proyección, se propone replicar y ampliar este tipo de experiencias en otras poblaciones, incorporando instrumentos mixtos para evaluar impacto y sostenibilidad. La integración de la TCI en programas de salud comunitaria, educación emocional y extensión universitaria puede contribuir de forma concreta al fortalecimiento de la salud mental como derecho colectivo.
CONCLUSIÓN
Las rondas de escucha virtuales desarrolladas bajo el enfoque de la Terapia Comunitaria Integrativa (TCI) demostraron ser espacios efectivos de promoción de la salud mental comunitaria, especialmente en el contexto post-pandemia. La participación activa de personas diversas, la elección democrática de los temas, la expresión emocional libre y la construcción colectiva de recursos permitieron transformar experiencias individuales de malestar en procesos de elaboración compartida, contención mutua y fortalecimiento del sentido de pertenencia.
El estudio evidenció que las temáticas abordadas se relacionaron mayoritariamente con el ámbito personal y social, con emociones predominantes como la impotencia, el miedo y la tristeza. A su vez, los recursos movilizados -especialmente el autocuidado, la superación personal y el diálogo relacional- reflejan la riqueza de los saberes cotidianos para el afrontamiento de situaciones difíciles. La valoración positiva de los participantes, expresada tanto en sus testimonios como en los datos de la encuesta, subraya el impacto subjetivo y la aplicabilidad práctica de lo vivido en las rondas, con efectos más allá del momento del encuentro.
Estos hallazgos respaldan la inclusión de metodologías comunitarias como la TCI en políticas de salud mental, programas de formación universitaria y estrategias de intervención territorial21. Asimismo, destacan la importancia de seguir investigando y documentando experiencias que, como esta, combinan evidencia científica, saberes populares y compromiso ético con el bienestar colectivo.
Limitaciones: En cuanto al número de rondas analizadas (diez) y de encuestas completadas (n = 17), se reconoce que la muestra restringida constituye una limitación; sin embargo, es importante destacar que este estudio se enmarca en un modelo cualitativo-descriptivo cuyo propósito no es la generalización estadística, sino la exploración en profundidad de significados, emociones y recursos compartidos. Asimismo, si bien se incluyeron algunas frases textuales de los participantes, la evidencia cualitativa presentada podría haberse enriquecido con un mayor número de citas directas que ejemplifiquen de forma más amplia la experiencia vivida. En perspectiva, se encuentra en planificación la realización de un estudio similar en el ámbito de las residencias médicas, lo cual permitirá ampliar la muestra, incorporar un volumen mayor de evidencia cualitativa y subsanar las falencias aquí señaladas, fortaleciendo así la validez y transferibilidad de los hallazgos.














