INTRODUCCIÓN
La enfermedad de Chagas es causada por Trypanosoma cruzi y transmitida principalmente por triatominos. Su aparición está fuertemente ligada a condiciones socioeconómicas y culturales precarias1. En la fase aguda, el diagnóstico se basa en métodos directos2, mientras que el tratamiento puede ser farmacológico (nifurtimox o benznidazol), sintomático o, en algunos casos, quirúrgico. Si se detecta en etapas iniciales, es casi 100 % curable3. El parásito se transmite a través de tres ciclos: doméstico, peridoméstico y selvático4. Su propagación ocurre cuando los triatominos se alimentan de sangre y, al mismo tiempo, eliminan heces con formas infectantes del parásito5,6. Los principales mecanismos de transmisión incluyen la vectorial, transfusional, congénita, oral y por trasplante de órganos. La transmisión vectorial se da por contacto con heces de triatominos infectados, que son más activos durante la noche, suelen picar zonas expuestas de la piel. Las heces del triatomino pueden rozar la picadura, las mucosas u otras heridas en la piel, lo que provoca que T. cruzi entre en el torrente sanguíneo7. El Trypanosoma cruzi tiene como vectores a más de 140 especies de triatominos, siendo el principal en la región el Triatoma infestans, que en Paraguay, se encuentra bajo vigilancia entomológica desde 2008. También se reportó la transmisión de T. cruzi intradomiciliar por T. sordida, con un 87% de riesgo en el Chaco Paraguayo8. Según la OMS, en 2024 la enfermedad de Chagas causó al menos 12.000 muertes9. Es un problema importante de salud pública en América Latina, donde un 25% de los habitantes está en riesgo de infección, razón por la que se requiere el fortalecimiento y difusión de las acciones para su control y vigilancia, responsabilidad del Programa Nacional de la Enfermedad de Chagas para el Control y Vigilancia del MSPBS en Paraguay10,11. A nivel nacional, la enfermedad se distribuye de manera heterogénea. Se estima que cada año nacen 400 niños con infección congénita, mientras que la prevalencia en mujeres embarazadas es del 5% y en bancos de sangre del 1,8%. Se registran aproximadamente 2.000 casos anuales12,13. En el año 2008 se declaró la interrupción de la transmisión vectorial por el vector primario T. infestans en la Región Oriental. La recertificación del corte de transmisión vectorial se realizó en 2016; y en el 2018, Paraguay logró la interrupción de la transmisión vectorial domiciliaria en todo el territorio, certificado por la OPS14. El desconocimiento sobre Chagas en áreas endémicas representa un obstáculo para su prevención y control. En la población general, especialmente en zonas rurales, hay un déficit de información sobre los mecanismos de transmisión y las consecuencias de la infección. Por ello, fortalecer el conocimiento sobre Chagas es fundamental para reducir las tasas de infección y complicaciones. Esto debe abordarse mediante estrategias de promoción de la salud en colaboración con instituciones sanitarias como el Programa Nacional de Chagas15. El rol de los profesionales de la salud es clave para la difusión de información y la sensibilización de la población16. En Paraguay, zonas rurales como el Departamento de San Pedro han evidenciado cierto nivel de conocimiento sobre el vector de la enfermedad17. Sin embargo, la información sobre el grado de conocimiento en sectores urbanos es más limitada, a pesar de que el ciclo biológico del parásito se ha trasladado al entorno urbano, exigiendo estrategias de planificación urbana para su control18. Si bien la enfermedad de Chagas ha sido una problemática históricamente asociada a áreas rurales y periurbanas, la presencia de triatominos en viviendas urbanas es un escenario que también requiere de protocolos y recomendaciones sistemáticas para abordar la presencia de triatominos en áreas urbanas y que logren controlar focos eventuales antes de que estos se expandan19. Considerando que el Hospital Nacional de Itaugu, centro de referencia nacional, recibe pacientes tanto de zonas rurales como urbanas, resulta crucial comprender el nivel de conocimiento en esta población. Por lo tanto, se llevó a cabo el presente estudio con el objetivo de evaluar el nivel de conocimiento sobre la enfermedad de Chagas en personas atendidas en dicho hospital durante el período agosto-noviembre 2024.
MATERIALES Y MÉTODOS
Se realizó un estudio observacional descriptivo de corte transversal en personas mayores de 18 años que acudieron al Hospital Nacional de Itaugu entre agosto y noviembre de 2024. El muestreo fue no probabilístico por conveniencia. Para la recolección de datos, se aplicó una encuesta en dos formatos: digital (Google Forms) e impreso, dirigido a aquellos sin acceso a internet o dispositivos móviles. El cuestionario constó de 18 preguntas cerradas, distribuidas en tres secciones: cinco preguntas sociodemográficas, nueve sobre conocimiento del vector y cuatro sobre la enfermedad de Chagas, diseñado en base al trabajo de Portela et al20. Antes de la aplicación definitiva, se realizó una prueba piloto con 10 personas que cumplían las mismas condiciones de inclusión, con el objetivo de evaluar la comprensión del cuestionario. Como resultado, solo una pregunta fue reformulada para mejorar su claridad. Para garantizar la calidad de las respuestas, en Google Forms se configuró el formulario para aceptar solo una respuesta por participante, evitando duplicados. En el caso de los cuestionarios impresos, la aplicación fue supervisada por miembros del equipo investigador, quienes aclararon dudas a los participantes y verificaron la correcta completitud del formulario. Además, previo al análisis de datos, se revisaron las respuestas para identificar inconsistencias o cuestionarios incompletos, los cuales fueron excluidos del estudio. El nivel de conocimiento se evaluó mediante un punto de corte del 50%, según lo reportado por Benítez et al.21. La puntuación se asignó de la siguiente manera: 1 punto por respuesta correcta y 0 puntos por respuesta incorrecta. En preguntas con múltiples opciones correctas, se descontó 1 punto por cada opción errónea seleccionada para asegurar una evaluación precisa. El tamaño de muestra se calculó considerando un nivel de confianza del 95%, una precisión del 10% y una proporción esperada del 31,4% de conocimientos óptimos reportada por Cano et al.22. Según Epidat V 3.1, el mínimo requerido fue de 83 encuestados. Los datos fueron exportados a Microsoft Excel y analizados con Epi Info 7.2. Se empleó estadística descriptiva para la organización y presentación de los resultados, expresados en frecuencias y porcentajes. Se garantizó el cumplimiento de los principios éticos fundamentales y la confidencialidad de la información. Se tuvieron en cuenta los principios éticos para las investigaciones médicas en seres humanos establecidos en la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial, a fin de promover y asegurar el respeto a todos los seres humanos, la confidencialidad y sus derechos individuales.
RESULTADOS
Se encuestaron 110 personas, de las cuales el 66,4% (73/110) eran mujeres. El grupo etario predominante fue de 41 a 60 años, representando el 37,3% (41/110) de la muestra. La mayoría de los participantes el 63,6% (70/110) residía en el departamento Central. Respecto al nivel educativo, el 37,3% (41/110) finalizó la secundaria y el 25,5% (28/110) solo la primaria. La ocupación más frecuente fue ama de casa (33,6%; 37/110) como puede observarse en la Tabla 1.
Tabla 1. Estudio sociodemográfico de la población. n=110
| Variable | Frecuencia | % |
|---|---|---|
| EDAD | ||
| 18-25 años | 22 | 20 |
| 26-40 años | 37 | 33,6 |
| 41-60 años | 41 | 37,3 |
| 61 años o más | 10 | 9,1 |
| SEXO | ||
| Femenino | 73 | 66,4 |
| Masculino | 37 | 33,6 |
| PROCEDENCIA | ||
| Central | 70 | 63,6 |
| Paraguarí | 10 | 9,1 |
| Cordillera | 8 | 7,3 |
| Caaguazú | 6 | 5,5 |
| Itapúa | 5 | 4,6 |
| Canindeyú | 3 | 2,7 |
| San Pedro | 3 | 2,7 |
| Alto Paraná | 2 | 1,8 |
| Guairá | 2 | 1,8 |
| Amambay | 1 | 0,9 |
| NIVEL DE EDUCACIÓN | ||
| Secundaria | 41 | 37,3 |
| Primaria | 28 | 25,5 |
| Universitario | 23 | 20,9 |
| Bachillerato técnico | 17 | 15,5 |
| Ninguno | 1 | 0,9 |
| PROFESIÓN | ||
| Ama de casa | 37 | 33,6 |
| Profesional independiente | 35 | 31,8 |
| Empleado | 16 | 14,5 |
| Estudiante | 9 | 8,1 |
| Otros | 12 | 10,9 |
En cuanto al conocimiento sobre la enfermedad de Chagas, el 56,4% (62/110) de los encuestados desconocía al vector, mientras que el 40,9% (45/110) lo identificó con el nombre local chich guasu. El 54,5% (60/110) sabía dónde habita el insecto, y el 64,5% (71/110) creía que las vinchucas predominan en viviendas de adobe con techo de paja y piso de tierra. El 66,4% (73/110) no cree que la vinchuca traiga mala suerte al hogar. El 84,5% (93/110) evitaría al insecto a través de la limpieza de la vivienda. El 90% (99/110) cree que el insecto prevalece en verano. Tabla 2.
Tabla 2 Conocimiento sobre el vector Triatoma infestans de la Enfermedad de Chagas. n=110
| Variable | Frecuencia | % |
|---|---|---|
| Conoce al vector de la enfermedad | ||
| No | 62 | 56,4 |
| Sí | 48 | 43,6 |
| Nombre con el que lo conoce | ||
| Chich guasu* | 45 | 40,9 |
| No lo conoce | 33 | 30 |
| Vinchuca* | 24 | 21,8 |
| Chinche* | 7 | 6,4 |
| Triatoma infestans* | 1 | 0,9 |
| Conoce dónde viven las vinchucas | ||
| Sí | 60 | 54,5 |
| No | 50 | 45,5 |
| Cree que la vinchuca trae mala suerte al hogar | ||
| No | 73 | 66,4 |
| Sí | 37 | 33,6 |
| Dónde cree que habitan las vinchucas | ||
| Vivienda de adobe, piso de tierra, techo de paja* | 71 | 64,5 |
| Casas deshabitadas* | 66 | 60 |
| Gallineros* | 32 | 29,1 |
| Corrales* | 20 | 18,1 |
| Viviendas de ladrillo con piso de cemento | 8 | 7,3 |
| Cómo evitaría la presencia de la vinchuca | ||
| Limpieza de la vivienda* | 93 | 84,5 |
| Fumigando la vivienda* | 75 | 68,1 |
| Mejorando la vivienda (arreglar techos, paredes, piso)* | 27 | 24,5 |
| Alejando de la vivienda gallineros y corrales* | 8 | 7,3 |
| En qué estación prevalece la vinchuca | ||
| Verano* | 99 | 90 |
| Primavera | 7 | 6,3 |
| Otoño | 2 | 1,8 |
| Invierno | 2 | 1,8 |
El 28,2% (31/110) de los encuestados respondió que no recibió información sobre el vector. El 55,5% (61/110) vio alguna vez al insecto. El 41,8% (46/110) reconoció que el sistema cardiovascular es el más afectado por la enfermedad, mientras que solo el 10% (11/110) identificó correctamente la transmisión perinatal. En cuanto a la transmisibilidad, el 88,1% (97/110) desconocía si la enfermedad es contagiosa, y el 79% (87/110) señaló correctamente la transmisión vectorial como la vía principal de infección. Tabla 3.
Tabla 3 Conocimiento sobre la enfermedad de Chagas. n=110
| Variable | Frecuencia | % |
|---|---|---|
| Aparatos y sistemas más afectados | ||
| Cardiovascular* | 46 | 41,8 |
| Digestivo* | 34 | 30,9 |
| Osteoartromuscular* | 28 | 25,5 |
| SNC* | 22 | 20 |
| Urinario* | 17 | 15,5 |
| Conoce si la enfermedad es contagiosa entre personas | ||
| No | 97 | 88,2 |
| Sí* | 13 | 11,8 |
| Transmisión de la enfermedad | ||
| Vectorial* | 87 | 79 |
| Transfusional* | 24 | 21,8 |
| Lactancia Materna | 13 | 11,8 |
| Perinatal* | 11 | 10 |
| Cree que la enfermedad es curable | ||
| Sí* | 78 | 70,9 |
| No | 32 | 29,1 |
En la evaluación del nivel de conocimiento general, el 79% (87/110) obtuvo un puntaje inferior al umbral establecido, indicando un conocimiento inadecuado sobre la enfermedad de Chagas, mientras que solo el 21% (23/110) alcanzó o superó dicho umbral. Tabla 4
DISCUSIÓN
Los resultados de este estudio revelan un conocimiento insuficiente sobre la enfermedad de Chagas en la población encuestada, lo que representa un desafío para su prevención, detección temprana y tratamiento oportuno. Aunque el 79 % de los participantes identificó la transmisión vectorial como el principal mecanismo de infección, solo el 21 % mostró un nivel adecuado de conocimiento general, lo que pone de manifiesto una brecha significativa en la educación e información. Comparando con un estudio realizado en Casanare, Colombia22, se evidencian diferencias en el conocimiento sobre la enfermedad de Chagas. En cuanto a la identificación de la vía vectorial como el principal mecanismo de transmisión, el 67,6 % de los participantes en Colombia la reconoció, frente al 79 % en este estudio. Esta diferencia podría estar influenciada por el mayor tamaño muestral del estudio mencionado. Por otro lado, solo el 21 % de los encuestados en Paraguay presentó un nivel óptimo de conocimiento general, en contraste con el 31,4 % en Colombia. Esta diferencia probablemente se dio debido a la selección de la muestra del estudio realizado en Colombia, que solo incluyó encuestados de una zona endémica, en contraste con la heterogeneidad de la muestra del presente estudio. En cuanto al reconocimiento del vector, el 30,8 % de los participantes en Colombia había visto al insecto, mientras que en este estudio el porcentaje alcanzó el 55,5 %. Esta diferencia podría atribuirse a menores medidas preventivas en Paraguay, lo que favorece la presencia y proliferación del vector en el entorno domiciliario. No obstante, el mayor contacto con el insecto no se traduce en un mejor conocimiento sobre su rol en la transmisión, lo que refuerza la necesidad de campañas educativas más efectivas. Desde una perspectiva clínica, el desconocimiento sobre la enfermedad de Chagas tiene implicaciones directas en la salud pública. La falta de información sobre sus mecanismos de transmisión y sus posibles consecuencias impacta en el diagnóstico tardío, lo que reduce las oportunidades de iniciar un tratamiento adecuado en fases tempranas de la enfermedad, pues se ha demostrado que la terapia con nifurtimox o benznidazol es más efectiva en estadios iniciales3 disminuyendo la probabilidad de desarrollar las complicaciones crónicas y graves de la enfermedad, como la miocardiopatía chagásica y las alteraciones gastrointestinales, que afectan la calidad de vida y aumentan la morbimortalidad. La detección temprana es crucial, ya que las intervenciones en los estadios iniciales son más efectivas, y su demora puede llevar a complicaciones graves. La falta de conciencia sobre la enfermedad puede afectar tanto la adherencia a los tratamientos como el seguimiento adecuado, aspectos esenciales para evitar la progresión de la enfermedad hacia sus etapas crónicas. Un análisis realizado en profesionales sanitarios en España23 reveló que el 78,5 % conocía las formas de transmisión, cifra considerablemente superior a la observada en este estudio. Esta diferencia se atribuye, en gran parte, al nivel educativo y la formación específica de los encuestados, lo que influye directamente en la comprensión de la enfermedad. En cuanto al conocimiento sobre las vías de transmisión, un estudio realizado en estudiantes de enfermería en Argentina24 reportó que solo el 7,9 % respondió correctamente sobre las formas de transmisión, resultados similares a los encontrados en esta investigación. En el presente estudio, el 79 % de los encuestados identificó la vía vectorial como el principal mecanismo de transmisión, pero solo el 10 % reconoció la transmisión perinatal. Este hallazgo está alineado con los observados en comunidades argentinas25, donde apenas el 2 % de las cabezas de familia encuestadas reconoció la posibilidad de transmisión congénita. Este déficit de conocimiento sobre la transmisión perinatal y transfusional resalta la necesidad de fortalecer el tamizaje prenatal en mujeres embarazadas, así como mejorar los protocolos de detección en bancos de sangre para prevenir la transmisión de la enfermedad. Detectar la infección en la embarazada y el neonato permite un manejo oportuno, reduciendo las complicaciones asociadas a la infección congénita. Entre las limitaciones del estudio, se encuentra el tamaño muestral, que, aunque suficiente para el análisis descriptivo, podría no ser representativo de toda la población paraguaya. Además, el muestreo no probabilístico por conveniencia podría generar sesgo de selección. Si bien la mayor proporción de encuestados provino del departamento Central (zona urbana), una parte considerable también residía en departamentos históricamente endémicos como Cordillera, Paraguarí y San Pedro. Esta heterogeneidad geográfica de la muestra podría haber introducido sesgos, ya que el conocimiento y la percepción sobre la enfermedad de Chagas podrían variar entre poblaciones con diferente exposición histórica y características socioeconómicas. Finalmente, el uso de un cuestionario autoaplicado podría haber influido en las respuestas, dependiendo del nivel de comprensión de los participantes. En conclusión, este estudio evidencia un déficit de conocimiento sobre la enfermedad de Chagas, lo que subraya la necesidad de fortalecer estrategias a nivel país, en áreas rurales y también urbanas. El presente estudio ofrece información valiosa para la toma de decisiones por parte del MSPBS para que a través del Programa Nacional de Control de Chagas puedan realizar campañas que orientación e intervenciones educativas y de concientización más efectivas. Una segunda parte del estudio con una muestra tomada en áreas endémicas constituiría información aún más relevante para el MSPBS.














