INTRODUCCIÓN
Los tricobezoares gástricos se han documentado en múltiples ocasiones en la literatura médica, generalmente apareciendo como masas abdominales que pueden o no presentar signos de obstrucción intestinal1. Es razonable pensar que los niños con tricobezoar están más afectados por un problema psiquiátrico, que por una condición quirúrgica pediátrica. Las adolescentes son las más afectadas según la mayoría de los casos reportados. En casos poco frecuentes, los tricobezoares pueden causar perforación intestinal o presentarse como una “cola” de pelo que se extiende hasta el yeyuno y provoca una obstrucción intestinal, de ahí el nombre “Síndrome de Rapunzel” (2) . Aunque el término proviene de un cuento de hadas, también podría describirse como aterradora debido a las complicaciones que suelen acompañar a esta condición. En esta ocasión, reportamos un inusual caso presentado en una lactante mayor de 2 años.
CASO CLÍNICO
Paciente femenina de 2 años de edad que consultó en centro de salud de su comunidad por dolor abdominal tipo cólico de un mes de evolución, localizado en epigastrio, asociado a hiporexia y pérdida ponderal aproximada de 5 kg. Al ingreso presentó peso de 9,2 kg (Z score −2,3 DE para la edad según OMS), compatible con desnutrición moderada. La pérdida ponderal estimada fue clínicamente significativa (>30% del peso previo). No se evidenció compromiso del crecimiento lineal. La madre refirió palpación de masa abdominal y antecedente de tricofagia, con visualización ocasional de cabellos en heces.
Inicialmente recibió tratamiento sintomático y albendazol ante la sospecha de parasitosis, sin mejoría clínica, por lo que fue derivada a un centro de mayor complejidad.
Al examen físico se constató abdomen distendido, simétrico, sin circulación colateral visible, blando y depresible, con masa sólida bien delimitada palpable en epigastrio e hipocondrio izquierdo.
La tomografía computarizada contrastada evidenció una masa intragástrica heterogénea con patrón característico de gas moteado, que ocupaba la totalidad de la cavidad gástrica y se extendía hasta la cuarta porción duodenal, hallazgo compatible con tricobezoar obstructivo (Figura 1).
Se realizó laparotomía exploradora con gastrotomía anterior y extracción completa del bezoar, seguido de cierre gástrico en dos planos (Figura 2 y 3).
DISCUSIÓN
Los tricobezoares constituyen una causa poco frecuente de masa abdominal en pediatría y su presentación suele asociarse a adolescentes con antecedentes claros de tricotilomanía o trastornos conductuales1,3. La aparición en una lactante mayor, como en el presente caso, representa una situación atípica que puede dificultar el reconocimiento precoz, ya que en este grupo etario la sospecha inicial suele orientarse hacia etiologías infecciosas, parasitarias o tumorales antes que hacia un trastorno de ingestión compulsiva.
En niños pequeños, la combinación de dolor abdominal crónico, pérdida ponderal y masa palpable genera un amplio espectro de diagnósticos diferenciales, entre ellos parasitosis intestinal, tumoraciones abdominales (como linfoma o tumor de Wilms), duplicaciones quísticas e invaginación intestinal. En nuestra paciente, el antecedente de tricofagia aportado por la madre resultó un dato clave; sin embargo, no siempre este comportamiento es reconocido como clínicamente relevante, lo que puede conducir a tratamientos empíricos iniciales y retraso diagnóstico.
Clínicamente, los bezoares pueden manifestarse con dolor abdominal inespecífico, náuseas, vómitos y masa palpable, y en un porcentaje menor ocasionar sangrado digestivo (6%) u obstrucción o perforación intestinal (10%)4. Cuando el tricobezoar gástrico se extiende al intestino delgado se denomina síndrome de Rapunzel, descrito por primera vez por Vaughan et al. en 19685. En el caso presentado, la extensión duodenal confirmó esta variante poco frecuente.
Desde el punto de vista diagnóstico, la tomografía computarizada resulta particularmente útil para confirmar la naturaleza intraluminal gástrica de la masa y delimitar su extensión, mostrando típicamente un patrón de gas moteado en su interior6. Este hallazgo facilita la diferenciación frente a neoplasias o lesiones quísticas, entidades que suelen considerarse inicialmente en pacientes de corta edad.
En cuanto al tratamiento, si bien se han descrito abordajes laparoscópicos exitosos en pediatría7-9, la laparotomía continúa siendo una técnica segura y eficaz, especialmente en bezoares voluminosos o con extensión distal, al permitir extracción completa y revisión sistemática del tracto gastrointestinal6,7. En nuestro caso, la magnitud del bezoar y su prolongación duodenal fundamentaron la elección de este abordaje.
Más allá de la resolución quirúrgica, el aspecto central de este reporte radica en la edad de presentación. La aparición de tricobezoar en una lactante mayor amplía el espectro etario descrito y pone de relieve la necesidad de mantener un alto índice de sospecha clínica incluso en edades no habituales3,7. La identificación temprana evita complicaciones potencialmente graves y resalta la importancia del abordaje interdisciplinario, incluyendo evaluación en salud mental para intervenir sobre la conducta subyacente y disminuir el riesgo de recurrencia.

















