INTRODUCCIÓN
La seguridad del paciente constituye un pilar fundamental de la atención médica y, en la actualidad, representa una prioridad en el ámbito de la salud pública. Este enfoque ha comenzado a integrar de manera creciente las implicancias del cambio climático sobre la salud humana1.
El cambio climático representa una amenaza creciente para la salud física y mental, especialmente en las poblaciones más vulnerables, como niñas, niños y mujeres. En los países menos desarrollados, las comunidades con bajos niveles educativos y en situación de precariedad económica presentan un acceso limitado a los servicios de salud, lo que incrementa su vulnerabilidad ante los efectos adversos del cambio climático2,3.
Una revisión sistemática destinada a evaluar el impacto de las altas temperaturas y los golpes de calor sobre la morbilidad y mortalidad identificó como grupos más afectados a las personas mayores, niñas y niños, mujeres, y personas con bajo nivel socioeconómico, menor escolaridad y presencia de comorbilidades como enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes y trastornos de salud mental4. Por su parte, otra revisión sistemática reportó que la exposición a olas de calor durante el periodo perinatal se asocia con síntomas respiratorios, fiebre y disfunciones renales5.
En este contexto, las Naciones Unidas (ONU) establecieron en 2015 los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una agenda global orientada a erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar el bienestar de las poblaciones en un horizonte de 15 años. De los 17 objetivos propuestos, 8 se vinculan directamente con la salud, el medio ambiente y la sostenibilidad. En particular, el Objetivo 13 "Acción por el clima", resalta la necesidad urgente de adoptar medidas frente a evidencias que demuestran un aumento de la mortalidad asociada a eventos climáticos extremos, principalmente en poblaciones vulnerables6. La crisis climática no se resolverá de forma espontánea; sin medidas eficaces de mitigación, el incremento sostenido de la temperatura global generará un desequilibrio crítico en los ecosistemas a escala planetaria.
Desde el Comité de Salud Ambiental de la Sociedad Paraguaya de Pediatría sostenemos que las y los pediatras no debemos permanecer como observadores pasivos ante el cambio climático. Para garantizar la salud de la población pediátrica, tanto presente como futura, y fomentar la toma de conciencia en torno a esta problemática, es imprescindible abordarla desde una perspectiva sustentada en la evidencia científica. Dicha evidencia, en su mayoría derivada de estudios epidemiológicos, cobra especial valor ante la imposibilidad de realizar investigaciones experimentales debido a la naturaleza del fenómeno. Con el objetivo de visibilizar los efectos del cambio climático sobre la salud infantil, se elaboró la presente revisión narrativa, planteando la pregunta: ¿ Cuáles son los efectos, sobre los diferentes aspectos de la salud infantil, atribuidos al cambio climático?
MATERIALES Y MÉTODOS
Se realizó una búsqueda bibliográfica en las bases de datos *PubMed*, *Scopus*, *Web of Science*, *Cochrane Library* y *Global Health*, incluyendo literatura en idioma inglés y español. Se busco en Google académico documentos de organizaciones nacionales e internacionales, relacionados al cambio climático y en páginas oficiales del Ministerio del ambiente y desarrollo sostenible de Paraguay. Se seleccionaron estudios observacionales de tipo epidemiológico, así como revisiones narrativas y sistemáticas, que abordaran la relación entre el cambio climático y la salud infantil de los últimos 5 años, y en algunos casos por ser relevantes publicaciones previas a este periodo.
La estrategia de búsqueda combinó palabras claves (términos MeSH) con operadores booleanos, tales como: (“cambio climático” OR “calentamiento global” OR “efecto invernadero” OR “adaptación climática”) AND (“niños” OR “lactantes” OR “adolescentes”), junto con términos asociados a enfermedades, eventos climáticos extremos, sistemas de salud, contaminación ambiental, golpes de calor, salud mental, sistema respiratorio, mortalidad, morbilidad, factores de riesgo y determinantes sociales de la salud. Además, se incorporaron términos libres para ampliar la sensibilidad de la búsqueda.
Extracción de los artículos para la revisión
La revisión se inició con la lectura de los resúmenes de los diferentes tipos de revisiones incluidas: narrativas, de alcance y sistemáticas, procedentes tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo, priorizando la inclusión de población de América Latina y el Caribe. También se incluyeron estudios epidemiológicos y cualitativos sobre los efectos del cambio climático en la población pediátrica y en productos de mujeres embarazadas con exposición ambiental, así como documentos de organizaciones nacionales e internacionales sobre la asociación entre cambio climático y salud infantil.
Para las revisiones sistemáticas, se tuvo en cuenta el cumplimiento de los criterios PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses). En el caso de los estudios descriptivos, se consideró el cumplimiento de los lineamientos STROBE (Strengthening the Reporting of Observational Studies in Epidemiology). Los resultados se observa en la Figura 1.
El Cambio climático
Se denomina cambio climático a las alteraciones de los patrones de temperatura y precipitación a largo plazo. Aunque históricamente estos cambios ocurrieron de forma natural, en las últimas décadas el término hace referencia a transformaciones de origen antropogénico, asociadas principalmente a la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la industrialización7-9.Estas actividades incrementan la producción de gases como dióxido de carbono (CO₂), metano (CH₄) y óxido nitroso (N₂O), los cuales atrapan el calor en la atmósfera formando una capa que genera el fenómeno conocido como efecto invernadero, cuya principal consecuencia es el aumento de la temperatura global10.
El calentamiento global también favorece la formación de ozono troposférico debido al incremento de emisiones de compuestos orgánicos volátiles, especialmente durante olas de calor. Asimismo, en períodos de sequía se reduce la capacidad del aire para eliminar partículas finas en suspensión como el material particulado PM2.5. El cambio climático influye en los niveles de ozono y, en consecuencia, en la concentración de estas partículas, que al ser de tamaño ultrafino pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio y generar enfermedades respiratorias e incluso posibles efectos sobre el desarrollo embrionario11,12. Estas alteraciones climáticas se manifiestan mediante fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas, temperaturas extremas, inundaciones, sequías e incendios forestales13,14. Tales condiciones no solo representan una amenaza directa para la salud humana, sino que también afectan la biodiversidad, la calidad del aire, la disponibilidad de agua y suelos, así como la producción de alimentos15,16. Todos estos elementos constituyen determinantes socioambientales de la salud. Los grupos vulnerables como mujeres, niñas, niños y pueblos indígenas son quienes sufren de manera más acentuada estas consecuencias, especialmente en contextos de pobreza estructural17.
Efectos del cambio climático sobre la salud de los niños
Para dimensionar los efectos del cambio climático en la infancia, es fundamental comprender el concepto de *exposoma*, el cual se refiere al conjunto de exposiciones a las que una persona está sometida a lo largo de su vida18. Estas exposiciones pueden ser de origen interno, como factores genéticos y biológicos, o externas, tales como el tabaquismo pasivo, sustancias químicas, dieta, infecciones y factores ambientales, incluidos los climáticos. Los efectos sobre la salud individual dependen de la interacción compleja entre todos estos elementos19.
Vulnerabilidad de la población pediátrica
Las niñas y los niños constituyen uno de los grupos más vulnerables frente a los efectos del cambio climático. Esta vulnerabilidad se explica por diversas razones: sus características fisiológicas, el hecho de que su organismo está en pleno desarrollo, su dependencia del cuidado de adultos y su expectativa de vida, que implica una exposición prolongada a condiciones ambientales adversas20,21. Además, el estrés ambiental derivado de desastres naturales y crisis ecológicas puede tener un impacto significativo en su salud mental y bienestar emocional22,23.
Según un informe de UNICEF, en América Latina y el Caribe aproximadamente 169 millones de niñas y niños residen en zonas afectadas por al menos dos riesgos climáticos y ambientales24. Para caracterizar mejor esta situación, se diseñó el Índice de Riesgo Climático de la Niñez, que considera variables como la ubicación geográfica, la edad y la exposición a eventos climáticos severos25.
Otros factores que aumentan la susceptibilidad de la infancia al cambio climático en comparación con la población adulta incluyen un mayor ritmo metabólico, barreras fisiológicas menos desarrolladas en las vías respiratorias y la piel, y mayores necesidades hídricas y nutricionales26.
Una revisión de alcance sobre los efectos del cambio climático en la salud infantil, centrada en países de bajos ingresos donde el riesgo de morbilidad y mortalidad es más elevado, encontró una asociación entre eventos climáticos extremos y un aumento en la atención en servicios de emergencia, principalmente por cuadros de deshidratación y afecciones respiratorias graves 27. Asimismo, hay creciente preocupación por las posibles repercusiones de las olas de calor sobre la fertilidad humana, tanto femenina como masculina28,29.
Los efectos del cambio climático en la salud de niñas y niños dependen de una combinación de factores, siendo los más sensibles la edad, la etapa del desarrollo y la ubicación geográfica.
Efectos del cambio climático sobre el feto y el recién nacido
Diversos estudios han demostrado que la exposición de mujeres embarazadas a olas de calor se asocia con un mayor riesgo de parto pretérmino30-34. Los recién nacidos son particularmente susceptibles debido a su limitada capacidad para regular la temperatura corporal, lo que incrementa el riesgo de complicaciones durante eventos de calor extremo.
Efectos sobre las vías respiratorias
Las niñas y los niños son una de las primeras víctimas del cambio climático debido a su elevada vulnerabilidad frente a las variaciones térmicas35. El aparato respiratorio es especialmente sensible por razones fisiológicas: los niños presentan una mayor frecuencia respiratoria comparada con la de los adultos, y con frecuencia respiran por la boca, lo que evita el paso del aire por las vías aéreas superiores, donde normalmente se filtran y eliminan partículas nocivas. Además, pasan más tiempo al aire libre -en escuelas, parques u otros espacios-, lo que incrementa su exposición a contaminantes ambientales, alérgenos y hongos favorecidos por el aumento de la temperatura ambiental 36,37.
Estudios epidemiológicos han reportado que los extremos de temperatura tanto calor como frío intensos- están asociados con una mayor frecuencia de enfermedades respiratorias, incluyendo exacerbaciones de crisis asmáticas en niños y adultos38. En lactantes, los virus respiratorios que interactúan con las condiciones climáticas, como el virus sincitial respiratorio (VSR) y el rinovirus, son causas frecuentes de infección del tracto respiratorio inferior. El VSR, en particular, constituye la principal causa de hospitalización en menores de dos años a nivel mundial. A su vez, la exposición a partículas finas (PM2.5) ha sido identificada como un factor de riesgo importante para el desarrollo de bronquiolitis en esta población39.
En niños mayores, la exposición a Aero alérgenos como polen, ácaros, moho y partículas contaminantes, combinada con variaciones térmicas, puede desencadenar afecciones respiratorias y exacerbar cuadros alérgicos y asmáticos preexistentes40,41.
Efectos sobre la prevalencia de enfermedades transmitidas por arbovirus
Los cambios ambientales derivados de la deforestación y del cambio climático se consideran factores clave en la emergencia y reemergencia de enfermedades infecciosas transmitidas por artrópodos, entre las cuales destacan el dengue, la chikungunya y el virus del Zika, todas de gran relevancia en salud pública42,43. En Paraguay, durante la epidemia de dengue de 2024, el grupo etario más afectado fue el de niñas y niños entre 5 y 9 años, representando el 27 % del total de hospitalizaciones por esta enfermedad, lo que refleja una elevada carga sobre el sistema de salud pública, especialmente considerando que más del 70 % de la población carece de cobertura médica44.
Las arbovirosis se han expandido más allá de las zonas tropicales. Por ejemplo, en Francia, por cada unidad de incremento en la temperatura y en la humedad relativa, la propagación de estas infecciones aumentó en 4,5 % y 7,8 %, respectivamente45. Además, el cambio climático puede modificar la inmunidad humana, interactuando con otros factores y generando efectos variables tanto sobre la inmunidad innata como sobre la adquirida46.
Cambio climático y la seguridad alimentaria y del agua
El cambio climático y el efecto invernadero impactan negativamente en la biodiversidad. La agricultura se ve especialmente afectada debido a la degradación del suelo y del agua, y a la aparición de patógenos nuevos o la intensificación de los existentes. Esto no solo representa una pérdida económica para los productores agropecuarios, sino que también compromete la calidad y seguridad del suelo y los alimentos47.
La calidad de los alimentos influye directamente en la composición del microbioma intestinal, el cual desempeña un papel esencial en el adecuado funcionamiento del sistema inmunológico tanto en su componente innato como adquirido. En el caso de la infancia, el microbioma es determinante en los procesos de crecimiento y desarrollo48.
Efectos del cambio climático sobre la salud mental
En los últimos años, se ha observado una asociación entre los eventos climáticos extremos -como inundaciones, sequías, incendios forestales y temperaturas extremas- y la aparición de afectaciones a la salud mental. En personas adultas, estas situaciones se han vinculado con emociones negativas persistentes y cuadros de ansiedad, un fenómeno emergente denominado *eco-ansiedad49,50.
Sin embargo, una revisión de alcance reveló que existe escasa información disponible sobre los efectos del cambio climático en la salud mental de niños51, lo que pone en evidencia una limitada atención institucional y científica hacia este grupo particularmente vulnerable. A pesar de su alta sensibilidad emocional y dependencia del entorno adulto, el impacto psicológico del estrés climático en la infancia aún se encuentra poco explorado.
Afecciones renales y cambio climático
Las enfermedades renales han experimentado un aumento sostenido, al punto de constituir actualmente una de las principales causas de carga global de enfermedad, ubicándose en el séptimo lugar como factor de riesgo de mortalidad en el mundo52. La nefrolitiasis pediátrica (litiasis renal) es una afección reconocida desde hace décadas, tradicionalmente asociada a factores de riesgo como alteraciones metabólicas, infecciones, efectos adversos de medicamentos y antecedentes familiares. Durante las últimas décadas, se ha documentado un incremento significativo en los casos de litiasis renal en niños a nivel global, lo cual ha llevado a considerar factores emergentes relacionados con el estilo de vida moderno. Entre ellos se incluyen el aumento del índice de masa corporal, cambios en los patrones alimentarios y la exposición prolongada a condiciones ambientales influenciadas por el cambio climático. Esta patología se presenta con mayor frecuencia en regiones cálidas y húmedas, y afecta en mayor proporción a niños varones53. Las altas temperaturas, junto con una menor ingesta hídrica y mayores pérdidas por sudoración, pueden favorecer la formación de cálculos renales en la infancia.
Perspectiva del cambio climático en las Américas
En América Central y del Sur, se proyecta que el cambio climático generará un aumento sostenido de la temperatura en todas las subregiones, lo que conllevará una intensificación de las sequías e incendios forestales. Estos fenómenos tendrán impactos particularmente devastadores sobre las poblaciones más pobres, exacerbando las desigualdades preexistentes. Además, se prevé una pérdida significativa de biodiversidad y efectos adversos sobre las economías locales, en gran medida dependientes de los recursos naturales y la agricultura. Esta situación repercutirá directamente en la seguridad alimentaria y en la disponibilidad de agua potable, comprometiendo derechos básicos y sostenibilidad ambiental54,55.
Adaptación al Cambio Climático en Paraguay: Avances y Desafíos
En Paraguay, el primer Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) fue implementado en 2017 y estuvo vigente hasta el año 2021. En 2022, se promulgó su continuidad bajo el PNACC 2022-2030, incorporando mejoras sustanciales. Esta herramienta de planificación estratégica, liderada por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), tiene como objetivo principal integrar la adaptación al cambio climático en las políticas públicas, programas y proyectos a nivel nacional. El nuevo plan contempla seis ejes transversales prioritarios: salud, recursos hídricos, agricultura, energía, transporte y ecosistemas. No obstante, hasta la fecha, los lineamientos específicos en el área de salud, si bien han sido formulados con objetivos concretos, carecen de financiamiento asignado, lo que ha impedido su implementación efectiva56.
La pérdida de bosques naturales y la degradación de ecosistemas representan factores críticos que afectan directamente la capacidad de adaptación al cambio climático, particularmente entre los grupos más vulnerables, como las poblaciones campesinas dependientes de la agricultura familiar y los pueblos indígenas57. En este contexto, se observa un aumento progresivo de la temperatura media en el país, que pasó de 0,04 °C en el período 1960-1969 a 0,4 °C en el período 2010-201958, lo que evidencia una tendencia preocupante que refuerza la urgencia de implementar medidas de adaptación eficaces.
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
El cambio climático constituye una amenaza creciente y multifactorial para la salud humana, con impactos especialmente graves sobre niñas y niños, quienes representan una población altamente vulnerable por razones fisiológicas, sociales y ambientales. La evidencia científica revisada muestra que las consecuencias del cambio climático afectan la salud pediátrica en múltiples dimensiones: aumento de enfermedades respiratorias, afecciones mentales, riesgo de litiasis renal, exacerbación de enfermedades transmitidas por vectores como el dengue, y compromisos en la seguridad alimentaria e hídrica.
Estas amenazas no son aisladas ni independientes, sino que responden a la interacción de múltiples factores ecológicos, sociales y sanitarios. En este contexto, el enfoque de “One Health” resulta fundamental59,60.Este paradigma reconoce la interdependencia entre la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas, promoviendo una visión integrada e interdisciplinaria que permita prevenir y responder de manera efectiva a los desafíos sanitarios del presente y futuro. La crisis climática pone de relieve que no es posible garantizar la salud infantil sin proteger también los entornos en los que viven y se desarrollan.
Desde esta perspectiva, es urgente:
- Fortalecer la vigilancia epidemiológica de enfermedades sensibles al clima.
- Promover políticas públicas integradas que prioricen el bienestar infantil y la protección ambiental.
- Invertir en investigaciones locales que aporten evidencia contextualizada.
- Incluir el enfoque *One Health* en los programas de formación médica y en la planificación sanitaria.
El compromiso de las sociedades científicas, como la Sociedad Paraguaya de Pediatría, es clave para generar conciencia, incidir en políticas públicas y proteger la salud de las generaciones presentes y futuras. El cambio climático no es un fenómeno del mañana, sino una realidad que exige respuestas inmediatas desde el ámbito clínico, académico y comunitario.














