INTRODUCCIÓN
En la era de la medicina basada en la evidencia, la investigación científica constituye una fuente primordial de conocimiento para los médicos, ya que permite tomar decisiones diagnósticas y terapéuticas basadas en datos rigurosamente obtenidos y publicados en revistas científicas (Alzahrani & Aba Al-Khail, 2015). Este enfoque resalta la importancia de formar profesionales de la salud con sólidas competencias investigativas, capaces de interpretar críticamente la literatura científica y contribuir a la generación de nuevo conocimiento.
Sin embargo, estudios recientes revelan que aproximadamente el 80 % de los estudiantes de medicina no han participado en cursos sobre metodología de la investigación o estadística, lo que evidencia deficiencias significativas en competencias relacionadas con la investigación. Además, el 28 % de estos estudiantes no tiene el hábito de leer artículos científicos, lo cual impacta negativamente en su capacidad para comprender los contenidos evaluados en estas áreas (Torales et al., 2017). Estas cifras son consistentes con investigaciones internacionales que señalan una baja participación estudiantil en actividades científicas. Por ejemplo, un análisis de revistas médicas de habla hispana indexadas en SciELO encontró una escasa representación de estudiantes de medicina como autores, lo que evidencia una contribución limitada a la producción científica regional (Taype-Rondán et al., 2014). Del mismo modo, estudios realizados en contextos latinoamericanos, africanos y asiáticos también identifican barreras significativas, como la falta de mentores, tiempo y recursos, que dificultan el desarrollo de competencias investigativas en estudiantes de medicina (Assar et al., 2022; Adefolalu et al., 2018; Jorge Fernández et al., 2008).
La ausencia de formación adecuada en investigación no solo compromete el desarrollo académico de los estudiantes, sino que también puede impactar negativamente en la calidad de la atención médica, dado que las decisiones clínicas deben basarse en evidencia científica. Barreras como el tiempo insuficiente, la escasez de recursos, la falta de mentores calificados y la ausencia de financiamiento han sido documentadas como desafíos comunes que enfrentan los estudiantes que intentan iniciarse en actividades de investigación (Rodríguez Neyra & Carrasco Feria, 2017; Romaní-Romaní & Gutiérrez, 2022; Griffin & Hindocha, 2011).
En este contexto, resulta fundamental comprender cómo perciben la investigación los estudiantes de medicina en Paraguay durante su formación académica. El presente estudio tiene como objetivo explorar sus actitudes, conocimientos y las barreras percibidas en relación con la participación en actividades de investigación científica. Asimismo, se propone analizar el nivel de involucramiento en dichas actividades, aportando así a una mejor comprensión de los desafíos y oportunidades existentes en este ámbito.
MATERIALES Y MÉTODOS
Diseño y muestreo
Se trató de un estudio observacional descriptivo, de carácter temporalmente prospectivo y con asociaciones transversales (Torales & Barrios, 2023). El método de muestreo fue no probabilístico, por conveniencia.
Participantes
Participaron estudiantes de medicina paraguayos de ambos sexos. La participación fue voluntaria y libre de coacción. La recolección de datos se realizó entre septiembre y diciembre de 2024 mediante un formulario digital que funcionó como lista de cotejo.
Mediciones
Se recopiló información sociodemográfica, incluyendo sexo (masculino, femenino), edad (en años cumplidos), lugar de residencia (ciudad de Asunción, departamento Central, resto del país) y estado civil (soltero/a, casado/a/en pareja, divorciado/a/separado/a, viudo/a). También se incluyeron variables académicas: año de estudio (1.º a 6.º), promedio académico (escala de 1 a 5), condición de estudiante regular (sí, no), empleo actual (sí, no) y si había publicado algún artículo científico.
Con base en el estudio de Abusamak et al. (2024), se diseñó un cuestionario para medir las actitudes, barreras y conocimientos de los estudiantes de medicina sobre la investigación científica (Apéndice I). La sección de actitudes incluyó seis ítems evaluados mediante una escala Likert de 5 puntos, que iba desde “totalmente en desacuerdo” (1) hasta “totalmente de acuerdo” (5). La sección de barreras constó de ocho ítems en escala Likert que exploraban la percepción de los estudiantes sobre oportunidades de formación en métodos de investigación, disponibilidad de instalaciones y apoyo por parte del personal médico involucrado en actividades investigativas. Finalmente, la sección de conocimientos evaluó conceptos básicos sobre investigación mediante ocho preguntas de opción múltiple, con cuatro alternativas de respuesta cada una. El cuestionario utilizado en este estudio demostró ser confiable, con un coeficiente alfa de Cronbach = 0,8.
Tamaño de muestra
El tamaño mínimo requerido de la muestra se calculó utilizando el software epidemiológico Epidat versión 4.2 (desarrollado por la Organización Panamericana de la Salud, la Consejería de Sanidad de Galicia y la Universidad CES de Colombia). Asumiendo una proporción esperada del 50 %, un nivel de confianza del 95 % y un margen de error del 10 %, se determinó que el tamaño mínimo requerido era de 97 participantes (Muñoz Navarro, 2014).
Análisis de datos
Los datos fueron ingresados a una hoja de cálculo (Excel) y posteriormente analizados con el software estadístico SPSS, versión 29. Se realizaron análisis descriptivos de acuerdo con el tipo de variable: las variables cualitativas fueron presentadas mediante frecuencias absolutas y relativas, y las cuantitativas mediante medidas de tendencia central y dispersión.
Consideraciones éticas
El estudio fue aprobado por la Cátedra de Metodología de la Investigación I y II de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción, Filial Santa Rosa del Aguaray, Paraguay. Los datos fueron tratados con estricta confidencialidad, garantizando igualdad y equidad, en cumplimiento con los principios de la Declaración de Helsinki y los fundamentos de la bioética.
RESULTADOS
Se incluyó a un total de 100 estudiantes de medicina con edades comprendidas entre 18 y 34 años, con una media de edad de 22,35 ± 4 años. Del total, el 51 % eran varones, el 82 % provenía del interior del país y el 81 % se encontraba soltero/a. Además, el 61 % cursaba en una universidad pública, el 30 % estaba en el tercer año de la carrera, el 85 % se identificó como estudiante regular, el 49 % se encontraba trabajando al momento del estudio, y el 22 % había publicado al menos un artículo científico (Tabla 1).
Tabla 1. Características sociodemográficas y académicas de los estudiantes incluidos en el estudio (N = 100).
| Características | n | % |
|---|---|---|
| Sexo | ||
| Masculino | 51 | 51 |
| Femenino | 49 | 49 |
| Residencia | ||
| Ciudad de Asunción | 9 | 9 |
| Departamento Central | 9 | 9 |
| Interior del país | 82 | 82 |
| Estado civil | ||
| Casado/a | 5 | 5 |
| En pareja | 14 | 14 |
| Soltero/a | 81 | 81 |
| Tipo de universidad | ||
| Pública | 39 | 39 |
| Privada | 61 | 61 |
| Año de estudios | ||
| Primero | 30 | 30 |
| Segundo | 17 | 17 |
| Tercero | 30 | 30 |
| Cuarto | 8 | 8 |
| Quinto | 7 | 7 |
| Sexto | 8 | 8 |
| Estudiante regular (sí) | 85 | 85 |
| Empleo actual (sí) | 49 | 49 |
| Ha publicado artículo científico (sí) | 22 | 22 |
En cuanto a las actitudes hacia la investigación, el 31 % de los estudiantes estuvo de acuerdo con que la investigación debería formar parte del currículo de la carrera de medicina, mientras que el 34 % estuvo totalmente de acuerdo. En contraste, el 17 % manifestó estar totalmente en desacuerdo con dicha afirmación. Respecto a la utilidad de la investigación para comprender mejor los contenidos de las materias, el 28 % expresó estar en desacuerdo con la afirmación negativa (“la investigación no ayuda a comprender mejor las asignaturas”) y el 27 % estuvo totalmente en desacuerdo, lo que refleja una percepción predominantemente positiva. Sin embargo, el 28 % de los estudiantes estuvo de acuerdo o totalmente de acuerdo con que realizar investigaciones representa una carga adicional en la carrera. Por otro lado, el 35 % consideró que la investigación contribuye a la práctica clínica futura, y el 18 % estuvo totalmente de acuerdo con esta afirmación. En cuanto a la percepción de la investigación como una pérdida de tiempo, solo el 11 % estuvo de acuerdo, mientras que el 32 % estuvo totalmente en desacuerdo. Finalmente, el 30 % de los estudiantes manifestó que contar con antecedentes en investigación debería ser un criterio importante para el ingreso a programas de residencia, y el 12 % estuvo totalmente de acuerdo con ello (Figura 1).
El 38 % de los estudiantes consideró que la formación en investigación biomédica es insuficiente, con un 11 % que manifestó estar totalmente de acuerdo y otro 11 % totalmente en desacuerdo. Asimismo, el 45 % opinó que no existen suficientes oportunidades para involucrarse en actividades de investigación, y un 19 % estuvo totalmente de acuerdo con esta afirmación. En cuanto a la falta de estímulo y apoyo por parte del profesorado, el 34 % estuvo de acuerdo y el 21 % en desacuerdo. Respecto a la carencia de instalaciones y recursos adecuados para la investigación, el 37 % expresó su conformidad, y un 26 % estuvo totalmente de acuerdo. La falta de financiamiento fue percibida como una barrera por el 41 % de los participantes, y un 27 % estuvo totalmente de acuerdo. En relación con la disponibilidad de tiempo, el 39 % afirmó que no dispone del tiempo suficiente para realizar investigaciones, con un 10 % que estuvo totalmente de acuerdo. Además, el 37 % señaló que los profesores tampoco cuentan con tiempo suficiente para apoyar actividades de investigación, y un 13 % manifestó estar totalmente de acuerdo. Finalmente, el 35 % consideró que hay una carencia de docentes con formación específica en investigación, con un 12 % totalmente de acuerdo (Figura 2).
La Tabla 2 presenta el nivel de conocimientos sobre investigación científica entre los estudiantes de medicina, con énfasis en conceptos fundamentales. Los mayores porcentajes de respuestas correctas se observaron en la definición de teoría científica (45 %) e hipótesis científica (42 %), así como en la correcta identificación del tipo de escala utilizada para la calificación (42 %). En contraste, la comprensión del concepto de verdad científica presentó un porcentaje de aciertos notablemente bajo (11 %), lo que sugiere posibles confusiones o una formación insuficiente en este aspecto. Asimismo, conceptos prácticos como la representatividad muestral (27 %), la función de MEDLINE como base de datos médica (29 %) y los principios de redacción científica (25 %) mostraron niveles moderados de respuestas correctas, lo que pone de manifiesto áreas donde sería conveniente reforzar los conocimientos clave en investigación.
Tabla 2. Conocimientos sobre investigación científica entre estudiantes de medicina (N = 100).
| Pregunta | n | % |
|---|---|---|
| Definición de hipótesis científica | 42 | 42 |
| Definición de teoría científica | 45 | 45 |
| Definición de verdad científica | 11 | 11 |
| Carácter esencial de la ciencia | 28 | 28 |
| Tipo de escala de calificación del 1 al 5 | 42 | 42 |
| La representatividad es una característica clave de | 27 | 27 |
| MEDLINE es | 29 | 29 |
| Mejor forma de verificar las citas de un artículo | 25 | 25 |
DISCUSIÓN
Este estudio exploró las características demográficas, actitudes hacia la investigación, barreras percibidas y conocimientos científicos de estudiantes de medicina, brindando una visión integral sobre su preparación investigativa. La edad media fue de 22,35 años, con un predominio masculino (51 %) y una mayoría procedente de zonas no urbanas (82 %). Estos datos concuerdan con los hallazgos de Adefolalu et al. (2018), quienes reportaron una prevalencia de estudiantes varones jóvenes en la formación médica de África subsahariana. A su vez, la elevada proporción de estudiantes de universidades públicas (61 %) refleja una tendencia común en países en desarrollo, donde estas instituciones suelen concentrar la mayor parte de la matrícula médica (Al-Shalawy & Haleem, 2015).
Las actitudes hacia la investigación mostraron un patrón heterogéneo. Si bien el 31 % de los estudiantes estuvo de acuerdo en que la investigación debería formar parte del currículo, una proporción similar manifestó desacuerdo, lo cual pone de manifiesto percepciones divergentes respecto a su integración en la formación médica. Vujaklija et al. (2010) también identificaron una variabilidad significativa en estas actitudes, condicionadas por la exposición educativa y la valoración del entrenamiento en investigación. Por otro lado, el 35 % consideró que la investigación mejora la práctica clínica, hallazgo que concuerda con Pop et al. (2022), quienes destacaron el valor formativo y asistencial de la experiencia investigativa.
Un 38 % de los participantes consideró que la formación en investigación biomédica es insuficiente, lo cual coincide con estudios previos que evidencian una percepción generalizada de deficiencia formativa en esta área (Abusamak et al., 2024; Al-Shalawy & Haleem, 2015). Esta percepción se reflejó también en las barreras señaladas por los estudiantes: el 45 % mencionó falta de oportunidades, el 34 % escasa motivación por parte de los docentes y el 41 % insuficiencia de financiamiento. Estas dificultades han sido reportadas por Vairamani y Akoijam (2018), quienes identificaron obstáculos institucionales y logísticos frecuentes, como la carencia de tutorías efectivas y recursos materiales limitados.
En cuanto al conocimiento, se observaron deficiencias importantes en conceptos fundamentales: solo el 11 % respondió correctamente sobre el concepto de verdad científica y apenas el 25 % identificó los principios adecuados de redacción científica. Este bajo nivel de alfabetización investigativa ha sido reportado también por Jamali et al. (2012), quienes señalaron que los estudiantes suelen mostrar conocimientos bajos o moderados en metodología científica. Además, solo el 29 % reconoció a MEDLINE como base de datos biomédica, lo que indica un limitado manejo de herramientas académicas esenciales, con potencial impacto en su capacidad para evaluar críticamente la literatura científica (Ratte et al., 2018).
La falta de tiempo también fue percibida como una barrera significativa: el 39 % afirmó no disponer de tiempo suficiente para realizar investigaciones. Este hallazgo es coherente con lo reportado por Griffin y Hindocha (2011), quienes señalaron que los estudiantes enfrentan dificultades para equilibrar sus obligaciones académicas con actividades investigativas. Asimismo, el 24 % de los estudiantes expresó que la investigación representa una carga adicional, tendencia descrita en la literatura en relación con la exigente naturaleza de los programas de medicina (Bilal et al., 2019).
La brecha entre las actitudes positivas y la baja producción científica resulta llamativa: a pesar del interés manifestado, solo el 22 % de los estudiantes había publicado un artículo científico. Este hallazgo, ya observado por Waaijer et al. (2019), sugiere que una actitud favorable no se traduce necesariamente en participación activa. Es probable que barreras estructurales como la escasa mentoría (35 %) y la falta de recursos financieros sean determinantes clave de esta discordancia.
Implicancias prácticas
Los hallazgos señalan la necesidad urgente de reformas curriculares que integren de manera estructurada la formación en investigación en el pregrado médico. Se recomienda la implementación de módulos longitudinales con desarrollo de habilidades investigativas, la provisión de canales de financiamiento accesibles y el fortalecimiento de programas de formación docente en mentoría científica. La creación de oportunidades institucionalizadas y la reducción de trabas administrativas podrían mejorar la participación estudiantil, fortaleciendo el pensamiento crítico y la práctica médica basada en evidencia.
Limitaciones
Este estudio presenta algunas limitaciones. Su diseño transversal impide establecer relaciones causales, y la muestra -proveniente de una sola facultad pública de medicina- puede limitar la generalización de los resultados. Además, al tratarse de datos autoinformados, existe el riesgo de sesgos de respuesta, especialmente en relación con la experiencia previa en investigación. Futuros estudios multicéntricos y con enfoques mixtos podrían ofrecer una visión más integral del fenómeno.
CONCLUSIONES
A pesar de las actitudes relativamente favorables hacia la investigación, los estudiantes de medicina evaluados exhibieron importantes déficits de conocimiento y múltiples barreras para participar activamente. La discrepancia entre interés y producción evidencia la necesidad de intervenciones sistémicas orientadas a fortalecer las capacidades investigativas en el ámbito estudiantil. Abordar desafíos como la formación, el tiempo, la mentoría y el financiamiento permitirá a las facultades de medicina formar profesionales capaces de contribuir al avance científico y al cuidado de la salud basado en evidencia.
















