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<institution><![CDATA[,Clínica Pediátrica, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Asunción  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="3" face="Verdana"><b>EDITORIAL</b></font></p>      <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="4" face="Verdana"><b>Fin  de la lectura?</b></font></p>       <p align="left"><font size="3" face="Verdana"><b><i>The End of Reading?</i></b></font></p>       <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="2" face="Verdana"><b>Prof. Dra. Stela Ben&iacute;tez Leite(1)</b></font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">1. Profesora Adjunta de Cl&iacute;nica Pedi&aacute;trica, Facultad de Ciencias M&eacute;dicas, Universidad Nacional de Asunci&oacute;n. Paraguay.</font></p>  <hr size="1" noshade>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Eran los tiempos  del primer milenio del cristianismo y Aurelius Augustinus (luego ser&iacute;a San  Agust&iacute;n) presenci&oacute; algo que le caus&oacute; tal asombro: vio a San Ambrosio leer con  la boca cerrada. En el libro seis de las <i>Confesiones</i> describe su experiencia: &ldquo;Pero cuando estaba leyendo, sus ojos se deslizaban  sobre las p&aacute;ginas y su coraz&oacute;n buscaba el sentido, mas su voz y su lengua  estaban quedas&rdquo;. Es que durante la Antig&uuml;edad y la Edad Media se practicaba la  lectura en voz alta; leer era leer <i>para,  junto a, o con otro</i> sujeto. El desconcierto de San Agust&iacute;n se relacionaba  con la experiencia de asistir a una importante mutaci&oacute;n cultural e hist&oacute;rica en  el modo de leer. Estaba cerr&aacute;ndose un modo de leer, una manera de ser lector y  se abr&iacute;a otra modalidad que, pese a todo, no alteraba el hecho de que la  lectura supone un proceso de construcci&oacute;n de significado. Esta idea es  formulada por San Agust&iacute;n cuando anota: &ldquo;&hellip;y su coraz&oacute;n buscaba el sentido&rdquo;.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">De esa &eacute;poca a  la actual, la experiencia de la lectura experiment&oacute; varias mutaciones y fue  objeto de anuncios sobre su posible desaparici&oacute;n. En 1962, Julio Cort&aacute;zar,  escritor argentino, anunciaba en un texto el fin de la lectura y la  desaparici&oacute;n de los lectores en un mundo hasta tal punto saturado de escritos  que los libros ya no son palabras que circulan sino que son solamente objetos  que, molestos, llenan el espacio. De hecho, esto hizo que se sumaran  periodistas, pedagogos, pol&iacute;ticos a la tarea de prescribir maneras de salvar la  experiencia de la lectura, al mismo tiempo que historiadores, soci&oacute;logos fueron  constatando los cambios experimentados por la pr&aacute;ctica de la lectura y que ya  no se le&iacute;a para comprender. A diferencia del siglo XIX europeo en el que la  preocupaci&oacute;n consist&iacute;a, ante el irresistible ingreso en la lectura de toda una  sociedad, en que el pueblo &ldquo;le&iacute;a demasiado&rdquo;, &ldquo;le&iacute;an cualquier cosa&rdquo; o que  demostraban &ldquo;tener el furor de la lectura&rdquo;(1).</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font size="2" face="Verdana">Qu&eacute; sucede hoy  con la lectura cuando se asiste a la expansi&oacute;n del universo digital? Desde la  experiencia de la docencia universitaria (pese a que no se disponen de estudios  locales al respecto) es probable que se enfrenten problemas relacionados con  las actividades de lectura y escritura propuestas a los estudiantes. &nbsp;Consignas que no son comprendidas  correctamente, evaluaciones con respuestas confusas, trabajos monogr&aacute;ficos sin  unidad tem&aacute;tica, suelen ser las manifestaciones del problema y las exigencias  de la rutina acad&eacute;mica no habilitan espacios y tiempo para indagar acerca de  los lugares donde nacen estas complicaciones que permitan a los docentes tomar conciencia  de la complejidad que encierran las actividades de leer y escribir.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Desde esta  perspectiva, la investigaci&oacute;n &ldquo;Pr&aacute;cticas sobre la lectura de libros a ni&ntilde;os y  ni&ntilde;as&rdquo; publicada en este n&uacute;mero de la revista Pediatr&iacute;a, instala el tema y  plantea el desaf&iacute;o de explorar el complejo universo que supone la lectura y sus  derivaciones en el proceso de desarrollo de la persona.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Actualmente la  lectura de libros se produce (o no) en un contexto definido por una serie  importante de mutaciones en la que se modific&oacute; profundamente toda la trama  institucional que hab&iacute;a rodeado a ese gesto que causara el asombro de San  Agust&iacute;n. Por un lado, la escuela moderna, surgida entre el siglo XVII y XVIII  en las sociedades europeas, hab&iacute;a dado inicio a una in&eacute;dita relaci&oacute;n denominaba  pedag&oacute;gica entre un maestro (en un sentido nuevo del t&eacute;rmino) y un alumno; el  maestro ya no era m&aacute;s un artesano transmitiendo un saber-hacer a un joven  aprendiz, sino que se independiza del resto de las relaciones sociales y genera  un espacio y tiempo espec&iacute;fico para la transmisi&oacute;n de los conocimientos.  Adem&aacute;s, esto se registraba en el marco de los nacientes Estados-Naci&oacute;n que se  vinculaban con un tipo de estructura familiar. Las investigaciones hist&oacute;ricas,  al respecto, muestran precisamente c&oacute;mo a trav&eacute;s de los textos escolares se  forjaron las representaciones de lo que implicaba formar parte de una naci&oacute;n,  del pasado compartido, de las tradiciones en las que se inscrib&iacute;a tanto el  presente como el destino como naci&oacute;n. En otros t&eacute;rminos, la constituci&oacute;n de las  representaciones identitarias como sociedad, como comunidad de pertenencia, fue  plasmada en el espacio escolar donde la lectura de libros cumpli&oacute; un papel  clave.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">El proceso  denominado globalizaci&oacute;n alter&oacute; todo este escenario. Hoy se multiplican los  estudios acerca de la crisis de la escuela, las modificaciones experimentadas  por los grupos familiares y los cambios que afectan a los mismos estados. Es  com&uacute;n encontrarse con an&aacute;lisis acerca de la muerte del Estado naci&oacute;n y de las  dificultades actuales de construcci&oacute;n de ciudadan&iacute;as.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Fin de la  lectura, entonces? O una nueva mutaci&oacute;n de la lectura? Cuando en el 2009 la  antrop&oacute;loga francesa Michele Petit, que durante la d&eacute;cada del noventa del  pasado siglo llev&oacute; adelante una serie de investigaciones de campo sobre las  pr&aacute;cticas de lectura en barrios perif&eacute;ricos, afirm&oacute; en una conferencia en  Buenos Aires que &ldquo;el derecho a la lectura es tan vital como el derecho al agua&rdquo;(2),  alud&iacute;a a la importancia de estar atento m&aacute;s a las mutaciones que al fin de la  lectura y de los lectores. De entrada, ella rechaza calificativos como <i>buen</i> o <i>mal</i> lector porque su inter&eacute;s se centra en comprender el papel que  la lectura tiene, puede tener o ha tenido en la construcci&oacute;n de las personas  como sujetos.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Seg&uacute;n Petit, los  seres humanos nacemos limitados por ciertas l&iacute;neas de pertenencia social y  ciertas historias familiares que enmarcan las maneras en que leemos y  comprendemos el mundo. Es por esto que la irrupci&oacute;n de los libros en nuestras  vidas, es la posibilidad de experimentar la presencia de otros mundos posibles,  y poder imaginarnos una historia diferente de la asignada. Michele Petit  destaca que sobre todo la lectura literaria ofrece l&iacute;neas de huida, una  perspectiva que puede liberarnos de la inmovilidad. Y en los contextos  precarios esta potencialidad puede generar procesos de crecimiento: &ldquo;entre m&aacute;s  violento e insensato es el contexto, m&aacute;s vital resulta mantener espacios de  respiro, de ensue&ntilde;o, de pensamiento, de humanidad&rdquo;(1). En su experiencia de campo, Petit  encontr&oacute; que los ni&ntilde;os a veces llegan a los libros buscando las respuestas a  aquellas preguntas que no saben formular. En la adolescencia &ldquo;se acercan a los  libros para permitir que se exprese lo m&aacute;s secreto que tienen, que pertenece  por excelencia al terreno de las enso&ntilde;aciones er&oacute;ticas, de las fantas&iacute;as&rdquo;(3).</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">La experiencia  supone algunas condiciones, conforme al planteo de Petit: la lectura es un arte  que m&aacute;s que ense&ntilde;arse se transmite en un cara a cara. Insiste ella que para que  un ni&ntilde;o se convierta en lector es importante la familiaridad f&iacute;sica precoz con  los libros, la posibilidad de manipularlos para que no lleguen a investirse de  poder y provoquen temor. En las biograf&iacute;as analizadas, la antrop&oacute;loga encontr&oacute;  que lo m&aacute;s com&uacute;n es que alguien se volvi&oacute; lector porque vio a su madre o padre  metidos en los libros, porque oy&oacute; leer historias, o porque las obras que hab&iacute;a  en casa eran temas de conversaci&oacute;n. La importancia de ver a los adultos leyendo  con pasi&oacute;n est&aacute; en los relatos de los lectores.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Petit tambi&eacute;n  destaca otro aspecto de la lectura. Se&ntilde;ala que una de las mayores angustias  humanas es la de ser caos, fragmentos, cuerpos divididos, de perder el  sentimiento de continuidad, de unidades y precisamente por esto es que uno de  los factores por los cuales la lectura es reparadora es porque facilita el  sentimiento de continuidad mediante el relato. Una historia tiene un principio,  un desarrollo y un fin; permite dar una uni&oacute;n a algo. &ldquo;Y, a veces, escuchando  una historia, el caos del mundo interior se apacigua y por el orden secreto que  emana de la obra, el interior podr&iacute;a ponerse tambi&eacute;n en orden. El mismo objeto  libro &shy;hojas pegadas reunidas&shy; da la imagen de un mundo reunido&rdquo;(2).</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Con lo anterior  queda claro que en la lectura entran en juego estrategias que requieren del  compromiso del lector, quien se propone objetivos, arriesga y confirma o no sus  predicciones, regula el ritmo de su lectura, decide c&oacute;mo interpretar lo que le  resulta dif&iacute;cil de comprender, distingue temas principales de temas secundarios  y que para decidirse a transitar este proceso, que es complejo, el lector debe  sentirse motivado por la actividad. Por esto, Philippe Meirieu, pedagogo  franc&eacute;s, explica que &ldquo;cuando el ni&ntilde;o empieza con la escritura no entiende que  este aprendizaje le dar&aacute; la posibilidad alg&uacute;n d&iacute;a, de escribir una carta de  amor o una carta de insultos; si no le da la sensaci&oacute;n de que eso le permitir&aacute;  entrar en la comunicaci&oacute;n rigurosa con los otros para compartir lo que sabe y  para compartir lo que piensa, entonces se va a someter a la orden que le da el  adulto&rdquo;(4). &Eacute;l tambi&eacute;n rescata la importancia del cara a cara en  este proceso: &ldquo;Los ni&ntilde;os y los adolescentes quieren emanciparse, y suelen  hacerlo mediante la droga, mediante la transgresi&oacute;n, pero tambi&eacute;n pueden  emanciparse mediante el conocimiento. Y para eso necesitan tener delante,  adultos que a su vez se emanciparon mediante el conocimiento y no mediante la  violencia. Es de esa manera como vamos a volver a abrir el camino del  conocimiento&rdquo;(4).</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Por tanto, m&aacute;s  que fin de la lectura o desaparici&oacute;n de los lectores, el desaf&iacute;o consiste en  estar atento a las mutaciones culturales, sociales que rodean hoy a la  experiencia de la lectura, asumiendo el planteo de Meirieu: &ldquo;Para un ni&ntilde;o  aprender a leer no deber&iacute;a ser someterse a la intenci&oacute;n de un adulto, sino  acceder a una libertad, acceder a la lectura que le permite liberarse de la  palabra de aquellos que le hablan constantemente&rdquo;(4). Un lector que se reconoce en su  palabra y por eso toma la palabra, ciudadano finalmente.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="3" face="Verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p>      <p align="left"><font size="2" face="Verdana">1. Chartier AM, H&eacute;brard J. Discursos  sobre la lectura (1880-1980). Barcelona: Gedisa; 1994.</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">2. Petit M. La lectura construye a las personas, repara, pero no  siempre es un placer. Revista &Ntilde; de Cultura, &nbsp;Clarin digital [Internet]. &nbsp;2009 Junio. Disponible en: &nbsp;http://edant.revistaenie.clarin.com/notas/2009/06/29/_-01948893.htm</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">3. Petit M. Publicaciones destacadas. Biblioteca Virtual Biblioteca  Luis &Aacute;ngel Arango [Internet]. &nbsp;Disponible  en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/cilelij/destacados/petit</font></p>       <p align="left"><font size="2" face="Verdana">4. Meirieu P. La opci&oacute;n de educar y la responsabilidad pedag&oacute;gica  [Internet]. Ministerio de Educaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Argentina; 2013. Disponible en: http://www.educ.ar/sitios/educar/noticias/ver?id=121633</font></p>       ]]></body>
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