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Academo (Asunción)

On-line version ISSN 2414-8938

Acad. (Asunción) vol.5 no.1 Asuncion June 2018

http://dx.doi.org/10.30545/academo.2018.ene-jun.9 

ANÁLISIS

Comunidad científica en ciencias sociales y la vigencia de los “ ore ” como tecnología

Scientific community in social sciences and the validity of the “ ore ” as technology

Javier Numan Caballero Merlo 1  

1 Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional del Este (UNE). Ciudad del Este, Paraguay.

RESUMEN

En este artículo el objeto de estudio problematiza como la producción en sociología y su desarrollo se ven afectados por una forma específica de relacionamiento excluyente entre pares intelectuales investigadores, y también docentes formados en el área, así como entre las propias universidades y centros académicos independientes (CAI) de los que forman parte. Exclusión del tipo “ore” (Nosotros excluyente, en idioma guaraní) y práctica del orekuete (sólo y exclusivamente nosotros, en idioma guaraní) que se definen en un sólo y exclusivamente nosotros, estableciendo mecanismos de bloqueo, discriminación, expresión de determinadas relaciones de saber, poder y posicionamiento en el campo según la disputa y posesión por bienes simbólicos y no simbólicos. Los resultados denotan que esta forma particular forma de relacionamiento o práctica del orekuete deviene en una tecnología de saber poder que delinea el tipo de comunicación e intercambio entre, y de sus productos, quienes personal e institucionalmente producen conocimiento en ciencias sociales. Como conclusión se plantea que esta práctica, como tecnología de poder en acción, produce además un tipo particular de comunidad científica, donde el conocimiento que se produce es parcial, autártico, sin integrar reconociendo al otro en cuanto producción y aportes, en un diálogo horizontal, sobre todo considerando a los colegas y centros académicos independientes del ámbito local, aunque también del ámbito universitario.

Palabras-clave: Sociología; desarrollo; comunidad científica; orekuete

ABSTRACT

In this article the object of study problematizes how the production in sociology and its development are affected by a specific form of exclusive relation between intellectual peers researchers, and also professors trained in the area, as well as among the universities and independent academic centers (CAI) of which they are part of. Exclusion of the “ore” type and practice of the orekuete (only and exclusive us, in guaraní language) that are defined in a single and exclusively us, establishing mechanisms of blockade, discrimination, expression of certain relations of knowledge power and stance in the field according to the dispute and possession for symbolic and non-symbolic goods. The results denote that this particular form of relationship or practice of the orekuete becomes in a technology of knowledge power that delineates the type of communication and exchange among, and of its products, that personally and institutionally produce knowledge in social sciences. To summarize, it is set out that this practice, as a technology of power in action, also produces a particular type of scientific community, where the knowledge that is produced is partial, self-sufficient, without integrating recognizing the other in terms of production and contributions, in a horizontal dialogue, especially considering the colleagues and independent academic centers of the local scope, but also of the university one.

Key words: Sociology; development; scientific community; orekuete

INTRODUCCIÓN

La práctica del orekuete (Morínigo, 2005; Morínigo y Brítez, 2004), basado en relaciones de tipo comunitarias ore, personales y afectivas, se ha tomado como base para criticar mecanismos de exclusión-inclusión académicos, que mayoritariamente sólo problematizan su ejercicio con, o durante el stronismo y articulado a la dimensión política.

Así, es común y válido, criticar los anillos del poder de otrora, de acuerdo a la dominación basada en la alianza Partido Colorado-Fuerzas Armadas-Gobierno, durante la dictadura encabezada por Stroessner, completando el círculo vicioso, la condición sine qua non de estar afiliado al partido, para poder acceder a los cargos públicos, o mantenerse en los mismos, presente en la polémica del propio gobierno actual. Ser funcionario público implicaba ser colorado, al menos por afiliación, dándose una circularidad en la ocupación de los cargos públicos, todos allegados.

Pues bien, Stroessner ya fue derrocado, está muerto y enterrado, sin pena ni gloria, y los nombramientos en la función pública, también privada, continúan dándose a través de los ore, definidos por clanes familiares, también político partidarios, amistades, género, y hasta por orientación sexual. Los criterios son variados, la práctica continúa la misma. Pero siempre estableciendo las mismas relaciones de saber poder, de exclusión del/los/las otro/s/as, y de inclusión reconocimiento a los acólitos.

“Ore - Ñande: Del Guaraní: Nosotros.

Ore es el “nosotros” excluyente, es decir, el “nosotros” que identifica a un grupo de otros. … Ñande es “nosotros” incluyente; es decir, una identidad común que abarca a todos, a pesar de las diferencias,… Este par de términos “ore-ñande” reflejan muchas de las conductas políticas de las conductas políticas (y no políticas) de la sociedad paraguaya. Tales como…, la exclusión del otro, el comportamiento tribal o de clan, etc.” (Morínigo, 1995, p. 149).

Aquí se problematiza su naturalización a crítica en el espacio académico, como relación, práctica, tecnología de poder, en el campo de las ciencias sociales, particularmente de la producción de sociología, a través de la conformación de un tipo particular de comunidad científica en el área y su impacto en aquella. Esto, considerando los ámbitos, solapamientos e intercambios entre el universitario y el de los centros académicos independientes (CAI), resemantizados como capillas, siguiendo al concepto de parroquias de Cueva (1989).

La relación y su aplicación como categoría explicativa

Es común y recurrente escuchar, fulano/a que está a cargo de la coordinación o dirección de, llamó o llevó a su grupo, mantiene contacto con, que es su socio o coate. La práctica del orekuete académico no es producto ni se da dentro de un espacio social institucional en particular, sino que personas y grupos desde ciertas posiciones de saber-poder ponen en movimiento y tejen redes entre sus nodos momentáneos, intercambiando cierta clase de favores o bienes. Es extremadamente dinámica y versátil. Pudiendo tomar cuenta de cualquier institución, asimismo estar conectadas entre las mismas, y desde ellas, poner en práctica relaciones de saber poder discriminatorias de exclusión reconocimiento, hacia dentro y hacia afuera de la misma, y entre pares. Las capillas autocráticas, más que un resultado cosificado de cierta práctica, son un canal de la modalidad de llevar ésta a adelante, dentro de una comunidad académica en formación.

Así, en sucesivos ‘Gobiernos’ de turno, se asiste al nombramiento de los/as Vice Ministros/as o Ministros/as, con sus respectivas ‘cortes’ de cargos de confianza, que facilitan el otorgamiento de fondos para investigaciones y/o publicaciones de amigos y allegados, por diversas razones, principalmente políticas y de amistad-projimidad. No se cuestiona ni analiza la capacidad de los mismos sino el mecanismo de acceso u bloqueo.

Se pueden seguir de manera reconstructiva los vínculos y relaciones personales del tipo ore, según pertenencia política partidaria, religiosa, masonería, familiar, amistad, género, y hasta sexual, y en el cruce de varias de las mismas. O, la ocupación múltiple, por ejemplo en un ‘Ministerio’ y en una ONG, favoreciendo y facilitando el acceso a…

Los nombres, y el registro de relaciones, hacen posible esa reconstrucción, tanto en el ámbito público como en el privado, en el de los centros, de las universidades y entre los espacios de ambos. Vínculos ore entre pares que de manera transversal atraviesan y unen espacios institucionales diversos, ratificando el interés en la práctica del orekuete más que en la estructura particular donde se ejecuta.

Dentro de la universidad, un nombrado ‘Director de Departamento’ por vínculo ore con el Decano de turno -esto no a cambiado y utilizando los mismos rituales legitimadores de elecciones a la carta-, puede para él o sus allegados, siempre ‘dentro’ de la ley, auto favorecerse de información privilegiada, en concursos internos para cubrir ciertos cargos vacantes de cátedra, en el acceso a convocatorias de fondos para investigación, otorgamiento de becas, y viajes de representación institucional. Al mismo tiempo privilegiar desde las comunicaciones de los llamados, y la influencia en las selecciones, que recaen de última, en los miembros de mesa designados por aquel. Constituyendo un ore departamental, esto es un ejemplo de una situación real, donde por diversos criterios, el control y distribución de cargos y sus beneficios queden entre los amigos.

Lo mismo desde los ‘Decanatos’, pudiendo subir y bajar en las jerarquías, pero ejerciendo la práctica de la misma forma, sólo que con mayor cercanía a niveles altos o bajos de prestigio, ingresos y poder. Estas prácticas logran hasta el control de una ‘Facultad’ completa, y hasta de una universidad, donde todos puestos de dirección, o los más vitales de decisión, así como cátedras o espacios con mayores rubros, casualmente quedan en manos de los amigos. Su reproducción garantiza un orden de privilegios basado en la exclusión. Que conlleva a preocupantes consecuencias en la forma y resultados de llevar adelante la producción de conocimiento entre pares e instituciones académicas.

Particularmente, este estudio permite afirmar, siguiendo a Cueva (1989), que estas prácticas desnudan que prioritariamente expresa una lucha entre las capillas, así como entre las universidades, y entre las primeras y las segundas, por los rubros, por el control del poder decisorio, y luego ‘académica’, y a veces, ésta última, más como una puesta en escena, que como realidad o vocación. Las redes de saber poder se desarrollan en el campo de lucha académica, por la búsqueda de control de mayores espacios y circulación de poder, capital económico, social, que muestra que el ‘homo academicus’ no está por encima o al margen de las contradicciones de cualquier ser humano dentro de cualquier espacio institucional laboral. Ratificando su naturaleza histórica, y no como mera abstracción ideal con sustancialidad propia.

Un ore institucional interno, que por su vez, permite que sólo algunas personas con relaciones privilegiadas accedan a dichas oportunidades brindadas desde el estado, no citando algunas de las mismas, para no dejar ninguna afuera. La memoria no se pierde, a ces se hace la distraída, así que hay que dejar constancia de esos lapsus. Personas-colegas, que en el ejercicio del poder, desde esos cargos, y sólo en el usufructo-ejercicio de los mismos, por estos criterios orekuete, aparecen en todos los textos, como coordinadores, comentaristas, presentadores, revisores-pares, parte del comité científico, prologuistas, o amigos de los que se les garantiza el acceso. Frente a lo innegable, pero no dicho, o que se dice bajito, en todos lados ocurre, y les toca a unos y después a otros. La cuestión es que nunca les toca a todos por igual con equidad, que sería su superación institucionalizada, y menos desde espacios institucionales públicos, aunque también aplicable a los privados. Entre la orfandad del/la docente e investigador/a y la pertenencia a algún ore, esta parece ser una pregunta existencial en la actualidad de la producción de las ciencias sociales en el país.

“El sistema orekuete puede ser considerado como relaciones orientadas por un esquema ore acentuado; es decir, consiste en la expresa intencionalidad de los que forman parte del círculo cerrado de excluir a otros y crear condiciones cada vez más favorables para ellos. El orekuete convierte al grupo en un núcleo con una constelación de relaciones más amplias; en consecuencia, opera como eje de vinculación a partir de los intereses y valores del grupo” (Morínigo y Brítez, 2004, p. 175-176).

Para el caso de las capillas, con experiencias que dan cuenta de sus discursos y prácticas auto referenciadas, intentando siempre al tiempo de auto erigirse en ‘el centro’, desconocer la experiencia, no registrando al otro. Nada que haga sombra, o riesgo potencial de competencia, no hacer pero no dejar hacer, todo lo que no se acapara, tampoco puede ir con el otro. Asimismo, pueden registrarse los enlaces de sus sitios web, sólo referenciando a aquellas instituciones o personas que alguna vez, cuando precisaron, le dieron una mano o le facilitaron algo tales como presentaciones, prólogos, publicaciones, cartas avales, etc., produciendo una relación u imagen de necesaria reciprocidad o deuda. De esta forma, asociando la práctica del orekuete con el reconocimiento, considerando las ‘comunicaciones’ como indicadores de la producción de los centros, Brunner y Barrios (1987, p. 93) dirán:

“El reconocimiento de estas comunicaciones por los demás miembros de la comunidad puede tomar la forma de respuestas privadas..., que para nuestros efectos son intrascendentes, o la forma de respuestas competentes y públicas. O sea, emitidas por un interlocutor válido (un par o por lo menos, un miembro de la misma comunidad de referencia)… Habitualmente este tipo de reconocimiento… toma la forma de comentarios escritos, citas, confrontaciones “adversarias”, asociación en un espacio de debate, aceptación de una influencia, uso reconocido de los conocimientos de los conocimientos producidos o debatidos por el otro, etc. Esta forma de reconocimiento puede tener un alcance local, nacional, regional o internacional”.

Exclusión que se aplica asimismo hacia el interior de la propia capilla, con círculos concéntricos jerárquicos, primer, segundo anillo, etc., que garante el incuestionable lugar de saber poder del liderazgo de turno, así como de sus allegados familiares y servidores, a modo de sistema de castas, cada tribu con su cacique, y autocrático. Lo que asegura que no se le haga sombra al ‘Jefe’, y que todos trabajen en cierta forma, para su destello, reafirmando el control de las decisiones, el que tiene la autoridad, corta el queso o tiene la lapicera.

Así, se dificulta el construir una comunidad científica en ciencias sociales, al menos incluyente y en base a ciertos consensos, intercambios y reconocimientos. También puede aceptarse la construcción de un particular estilo de comunidad académica producto de relaciones y prácticas orekuete, aceptando las consecuencias de la modalidad decurrente de producción de conocimiento.

Otros también toman como tal o referencia, un listado secuencial de investigadores por orden alfabético por áreas y subáreas, de manera estrictamente formal y numérica. Los mismos participan compartiendo un mismo espacio físico, en ‘Encuentros’, ‘Talleres’, ‘Seminarios’, etc., facilitados por ejemplo por el propio Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) como parte de sus capacitaciones o de rituales estamentales. Sin embargo, más allá de un apretón de manos, una conversación rápida generalmente entre pares ore, y un saludo lejano, ‘la comunidad científica’, no va más allá de ello. A no ser, que desde afuera, como podría darse desde el propio PRONII, se interprete que se está frente a la comunidad de investigadores del Paraguay, o de ciencias sociales, no siendo así en absoluto. La categoría no es comunidad.

Aunque, se destaca la experiencia y soporte del PRONII, único apoyo que garantiza objetivamente que el investigador categorizado no sienta su orfandad institucional, su trabajo como sobre explotación, y su producción objetivada como alienación. El reconocimiento y estímulo a la carrera de investigador es hoy sin duda un aporte mucho más importante respecto a posibilitar el encuentro de los mismos, su reunión, y en producir la necesidad de la auto superación de cada investigador respecto consigo mismo: titulación, investigaciones, publicaciones, eventos, mentorazgo, etc. Pero, asimismo, la sociedad desde sus condiciones socio históricas, es la que va a definir las posibilidades y límites de su desarrollo. Sin inversión, sin financiamiento, sin instituciones como espacios de sostenimiento, será como ya señalado, sólo una quimera.

Colaboración, intercambios, encuentros regulares, comunicaciones, reconocimiento de la existencia y producción del otro que trabaja en la misma área, citaciones cruzadas, evaluaciones por pares, etc., constituyen prácticas todavía incipientes. Más allá de algunas actividades entre algunas instituciones y/o pares, algún proyecto de publicación, alguna publicación, no se plasma en una red nacional autóctona fuerte, como aglutinadora de la producción y experiencia desde el área de las ciencias sociales. Base necesaria para acumular y especializar el desarrollo de la disciplina. Denotando su posicionamiento objetivo, enfoques y temas, dentro del contexto latinoamericano. Más allá de la pertenencia común de varias de ellas a redes como CLACSO o FLACSO, con las cuales cada centro-capilla parece tener más relaciones ‘vis-à-vis’, que como formando parte de las mismas redes, en un bloque nacional.

“El campo de la sociología…, tomado como empresa institucional e intelectual, aparece pues a la manera de “una convivencia entre interlocutores que no se reconocen como tales” trabajando en “ámbitos semiprivados”,…, y como circuitos organizados sobre bases institucionales diferenciadas, segmentos que no se cruzan y se ignoran mutuamente, … Es decir, como un campo débilmente institucionalizado producto de la falta de un eje articulador (la universidad), de la dispersión de los intereses corporativos que nunca llegan a constituirse como tales…” (Brunner y Barrios, 1987, p. 73).

La práctica orekuete reina sobre la colaborativa, e institucionalmente, lo privado sobre lo público, asociándose con sus posibilidades de alcance, lo pulverizado-fragmentario modalidad capillitas, sobre la totalidad potencial de la universidad.

El contexto y su historia, instalan las condiciones y sus trampas, determinismos al fin, pero los supuestos expertos en su diagnosis e interpretación tienen la capacidad entrenada como analistas sociales para críticamente mantener el equilibrio de la brújula. No perdiendo el norte, o el sur, y orientar una praxis como política de señalamiento, de resistencia, y como actividad, más allá de la miseria de invocar el reino de la necesidad, una y otra vez, como legitimidad del utilitarismo económico y de la práctica del orekuete individual e institucional. Evadir incorporar, y reproducir, ‘es lo que hay’.

Lo más dañino es la asunción de naturalidad, síndrome de atrapado sin salida de esta práctica, que se expresa tan cínica y a críticamente con dicha sentencia supra, como mecanismo de acceso, permanencia y promoción de diversos tipos y ámbitos, por las nuevas generaciones de estudiantes de ciencias sociales. Los que tienen ambiciones y algunos vínculos, ya a temprana edad dentro de sus respectivas carreras, comienzan a situarse, hacer presencia, circular e intercambiar cadena de favores, constituyendo o renovando las redes de redistribución de los mismos. También fundando nuevos centros, cada uno con su propio boliche, pues el estilo ore de trabajo genera direcciones personalistas, tribales, clánicas, autocráticas, con castas muy bien definidas a su interior, haciendo muy poco viable, que al interior de cualquier una, se puede dar un control más colectivo y de rotación, más allá de lo formal.

Cada centro tiene su mburuvicha (en el idioma guaraní: ‘El Jefe’, Morínigo 1995, p. 127), incuestionable, o tal posición se demarca con total claridad. Los que se forman dentro de un centro de manera subordinada, saben que tienen el tiempo contado si quieren progresar dentro del mismo, cuestionando objetivamente el lugar de poder y control de los recursos de la familia, clan o grupo ore instalado. No hay otra salida, fundar otro, intentar suerte, y pelearle los recursos, discutirle su sitial y liderazgo.

Denotando que las capillas autocráticas bajo el orekuete son centrífugas respecto a los pares investigadores bajo su dominio. Llevan a su expulsión migración como una compulsión histórica institucional que empuja al ciclo sin fin del eterno retorno de la cultura autoritaria académica e ilustrada.

Realidad no muy distante de la misma práctica al interior de la vida universitaria. Así, llamados a concursos o contrataciones, becas, espacio para publicaciones, son enviados y comunicados a algunos y no a todos, ‘invitación’ al desempeño de cátedras, a presentar sus candidaturas para fondos, formas de selección sin mayor transparencia, u otorgarlos directamente. Dado que, en muchos casos, el arte está en que la legalidad no se transgrede, es más bien un garante formal de la práctica, pues aunque excluyente, no es ilegal. En qué ilegalidad se incurre al contratar a los ‘amigos’ o ‘allegados’, cuando no hay impedimentos legales para ello. La respuesta a todo esto es sólo una, transparencia institucional, concursos, y más concursos abiertos. Y ojo, aún a través de estos mecanismos, se le busca la vuelta, para que otra vez, sólo queden los amigos, al tiempo de bloquear y anular a los otros. Llamado y recepción de candidatos y carpetas, criterios de evaluación y evaluadores, todo a medida, según los intereses de las bases ore del grupo en el ejercicio temporario de poder institucional.

Se comparte, entre el asombro y el estupor, la constatación que en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) existían sólo dos casos de investigadores que hayan accedido por contrato a sus cargos de ‘Docente Investigador con Dedicación Exclusiva’ en el área de ciencias sociales. Nombramientos que en realidad son de confianza, por cuoteo por sector político, dependientes ante cada renovación de Rectores, Vicerrectores y/o Decanos.

¿Cómo investigar, cómo producir académicamente, desarrollar la actividad de investigador e investigación con la legitimidad ore desde el inicio del vínculo laboral? Nombramientos en número paradójicos en un escenario de desarrollo de la producción de conocimiento en la principal y más antigua casa de estudios de alcance nacional, con criterios que sólo naturalizan y reproducen la práctica del orekuete. Eso sí, dentro de un marco legal vigente que la hace posible. Que si bien hoy es resistido y contestado sobre todo por parte del estamento estudiantil de la UNA, también se sospecha con fuertes indicios, que dicho empoderamiento juvenil, ahora percibido como estratégico y sustancial, sólo se pone en movimiento ante todo para que la práctica orekuete asegure más equitativamente el reparto de los beneficios resultantes del ejercicio de la coparticipación en el poder entre las diversas facciones.

Por un lado también se describe una universidad que ha tenido un desarrollo institucional muy lento, débil, en solitario, y monopólico hasta la década de los ’60s. Primero la UNA, mucho después la UCA, y solo ‘mucho más después’, a partir del ’89, la proliferación de ofertas variadas de universidades tanto privadas como públicas. Y que el lugar de las ciencias sociales en las mismas ha respondido a dicha debilidad, contexto político y poco apoyo financiero. Lo cual, instaló un modelo napoleónico titulista profesionalizante aúlico, obligó de hecho bajo una dictadura, que para investigar académicamente o vía consultoría se abriera otra puerta alternativa de producción de conocimiento desde fuera del espacio universitario. Esto, objetiva e independientemente de la conceptualización de Cueva (1989), que asocia el tiempo de la proliferación de los CAI al del ‘festín de los sociólogos’, tan caro a muchos intelectuales críticos.

La otra cuestión simultánea vinculante con la práctica del orekuete fue la fragmentación que significó de hecho entre los cientistas sociales, que unos investiguen, y que otros den clases. Minando más aún las posibilidad de construir una comunidad científica en el sentido kuhniano, de acuerdos en base al reconocimiento mutuo como pares. Generando inercialmente una comunidad fragmentada y des-integrada en ore-nosotros en competencia excluyente.

Los ore y comunidad científica como abstracción

Sin concursos transparentes, sistemáticamente institucionalizados, fundamentalmente desde las universidades, se continuará con la orfandad ya destacada, que sólo produce posibilidades individuales selectivas ligadas a las relaciones con cada ore indefinido de turno. Por ende, totalmente inútil, saboteadora en sí misma de toda y cualquier posibilidad de conformación de una comunidad académica en ciencias sociales. Al tiempo de un desarrollo sistemático institucionalizado de investigación como actividad y sus productos.

Mientras, los ore reproducen ore bajo ropajes contemporáneos y en diversos ámbitos, excluyendo, y elitizando también, las ciencias sociales. La fragmentación de las mismas, y la desigualdad al interior de los profesionales, su resultado. A modo de régimen de castas, que asimismo se impone al interior tanto de las instituciones universitarias, como de las capillas, basta ver los ingresos, los posiciones, la circulación de estos y otros bienes, entre quiénes se distribuyen, durante cuánto tiempo, y su recambio.

Exclusión ore, fragmentación de la producción en la tensión universidad capillas sindican una comunidad científica con condiciones de constitución y desarrollo particulares. Mostrando espacios muy bien definidos y acotados, aunque se den contemporáneamente superposiciones de actividad obligados como ya dicho, no por opción o vocación, sino por la exigencia estímulo generada desde el PRONII.

Esto, si uno pretende ser reconocido como par en investigación, y así mismo acceder al estímulo económico mensual que acompaña el prestigio de la categorización. La división del trabajo alimenta dialécticamente un tipo de formación, de carrera, de producción, de hábitos. Unos estudian, investigan, publican, circulan; otros, leen cuando pueden, aplican didáctica, y se les asocia con la palabra docente, profesor o maestro. Esto no ha hecho más que dañar, dificultar aún más la posibilidad del encuentro, alejando a unos y otros de las posibilidades de la reunión e intercambio necesarios, positivos, parte de la vida académica. Con implicancias teóricas y de la forma de producción misma, más allá de la competencia esperable por bienes económicos y simbólicos.

CONCLUYENDO

Se han enlazado aquí las implicancias que presupone el concepto de comunidad científica con el de ore, como forma de relacionamiento comunitaria sociocultural base de la práctica excluyente del orekuete que contribuye, junto con otros aspectos, a minar las posibilidades de desarrollo de la incipiente comunidad científica en ciencias sociales en el país, tanto como a generar una con ciertas particularidades, con todas las consecuencias que ello supone.

Comunidad científica y orekuete, asociados para describir y explicar interpretativamente, una de las bases que hace a la dificultad de solidificar y extender una red o comunidad científica en nuestra área, tomando como referencia tanto a los CAI como a las universidades, y a la relación estrictamente formal hacia el interior del propio PRONII de CONACYT.

Práctica del orekuete que impide una colaboración conjunta, un pensar articulado, más articulado, al menos con más debate y reconocimiento horizontal del otro, no sólo tolerados, sino integrados en igualdad y equidad. Se deja en abierto la problematización de reconocer el problema, y simultáneamente la necesidad de dialogar acerca de cómo superarlo. Para acumular experiencias, y producir saltos cualitativos en el desarrollo y producción de las ciencias sociales en el país, se piensa como necesario el superar la miopía y mezquindad de la auto referencia de la supremacía tribal-clánica. Vivencia existencial del relacionamiento, vínculo personal, lealtades personales, difíciles de conciliar con la institucionalidad sistemática de la producción científica.

Por último, como la relación capillas universidades, así como entre lo privado y lo público, la docencia y la investigación, no constituyen experiencias mutuamente excluyentes, se hace esperable que puedan en el futuro integrarse de manera complementaria y retro alimentadora, con mayores o menores condiciones de producción e infraestructura, de especialización, de modalidades diversas de generación de nuevos conocimientos, y de intervención. Superando la inercia autártica institucional generada por la práctica del orekuete académico, y la particular constitución de la comunidad académica. Asimismo respecto a los mecanismos de acceso y permanencia a los diversos ámbitos de producción de conocimiento en ciencias sociales.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Brunner, J. J. y Barrios, A. (1987). Inquisición, mercado y filantropía. En, Ciencias Sociales y Autoritarismo en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Santiago de Chile: FLACSO. [ Links ]

Cueva, A. (1989). Reflexiones sobre la sociología latinoamericana. En, Marini, R. M. y Dos. [ Links ]

Morínigo, J. N. (1995). Vocabulario político. Asunción: RP Ediciones. [ Links ]

Morínigo, J. N. (2005). La práctica del orekuete como matriz de la discriminación política. En, Bareiro, L. (Compiladora). Discriminaciones: Debate teórico paraguayo. Asunción: Legislación antidiscriminatoria. [ Links ]

Morínigo, J. N. y Brítez, E. (2004). La construcción de la opinión pública en el Paraguay. Asunción: Ediciones PROMUR / GES. [ Links ]

Recibido: 31 de Octubre de 2017; Aprobado: 27 de Noviembre de 2017

Correspondencia: javiernuman18@hotmail.com

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