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Revista Internacional de Investigación en Ciencias Sociales

On-line version ISSN 2226-4000

Rev. Int. Investig. Cienc. Soc. vol.16 no.2 Asunción Dec. 2020

https://doi.org/10.18004/riics.2020.diciembre.190 

Editorial

Educar en tiempos de pandemia

Educate in times of pandemic

1Universidad Autónoma de Asunción. Asunción, Paraguay.


Pandemias las ha habido en casi todos los siglos. Sin ir muy lejos, tenemos la del siglo XX pasado, que, coincidentemente, también ocurrió al final la segunda década.

Las pandemias traen muerte y sufrimiento, pero también nos brindan una oportunidad, nada desdeñable, de hacer cambios.

La última pandemia, la de la influenza (popularmente conocida como la “gripe española”), que está considerada, hasta ahora, la más terrorífica de la humanidad, ocurrió entre 1918 y 1920, a principios del siglo pasado. En ella, murieron, en todo el mundo, entre 40 y 100 millones de personas (dependiendo de la fuente).

La pandemia de la “gripe española” no generó cambios tan radicales como la desaparición del feudalismo por la peste negra en el siglo XIV, pero sí fue fundamental para iniciar grandes cambios, como inclinar la balanza de género en muchos países: La mayoría de las víctimas fatales de la pandemia fueron personas entre los 20 y los 40 años, y los hombres se vieron notoriamente más afectados que las mujeres, provocando una importante merma en la fuerza laboral, hasta ese entonces mayoritariamente masculina, y abriendo las puertas a las mujeres, no solo al mundo laboral, sino al político (en EEUU se ratificó la decimonovena enmienda de su Constitución, que otorgaba el derecho al voto a las mujeres); además, las nuevas trabajadoras se beneficiaron de los aumentos salariales que resultaron de la escasez de mano de obra. La postpandemia del siglo pasado supuso el fin del colonialismo en países tan poblados y estratégicos como la India, en que las figuras de Gandhi y otros nacionalistas indios se fortalecieron después de que la pandemia golpeara a India, hay que decir que, sobre todo, a causa de la mala gestión de los ingleses, que permitieron la muerte de más de 17 millones de indios, principalmente de las castas inferiores.

A raíz de la pandemia del siglo XX, la salud pública se incorporó en la mayoría de los países como una de las funciones primordiales de los gobiernos (en la década de 1920 Rusia crea la primera red pública de salud, y en muchos países se crean, o se renuevan, los ministerios de salud). En 1923, se crea la Organización de la Salud (base de la Organización Mundial de la Salud, OMS).

Se puede decir que la combinación de la pandemia y la Primera Guerra Mundial (1914-1918) sembraron las semillas de los estados de bienestar en muchas partes del mundo. "Las pandemias parecen arrojar luz sobre la sociedad y las sociedades pueden emerger de ellas con un modelo más justo y equitativo" (Jennifer Cole, antropóloga de la Universidad Royal Holloway de Londres).

A causa de la pandemia originada por el coronavirus covid-19, entre otros muchos cambios, políticos, sociales y económicos, el año 2020 quedará marcado en la historia como el de los grandes cambios en la Educación.

El confinamiento ha sido la medida universal para combatir los contagios. Los ministerios de Educación y Salud de la mayoría de los países han coincidido, entre otras medidas, en restringir la presencia en las aulas, con el objeto de prevenir que estudiantes y profesores contacten presencialmente, y reducir, de esa manera, el riesgo de contagio.

Hay mucho debate sobre si ésta, y otras medidas, son realmente efectivas para controlar la expansión del virus, pero la realidad es que la Educación ha debido prescindir del modelo presencial, y adaptarse al modelo a distancia, virtual, mediado por diversas tecnologías.

Este hecho ha tenido consecuencias muy importantes, docentes y alumnos se han tenido que adaptar, y se siguen adaptando, a un modelo que para la mayoría resulta totalmente extraño. Esa adaptación está resultando traumática no solo para los estudiantes y profesores, sino para todos los involucrados en la educación, de manera directa, como los padres y tutores, y autoridades educativas, como de forma indirecta, como los empleadores y la sociedad, en general. La Educación es un factor primordial para el desarrollo y el crecimiento económico de los países, y los efectos económicos y sociales de la lasitud de ésta durante el año 2020 los veremos en los próximos años.

Muchos gobiernos están forzando la vuelta a la educación presencial en las escuelas, colegios y universidades, a sabiendas del enorme riesgo para la salud pública que ello implica. El argumento que justifica esta estrategia, suponemos, es elegir el mal menor. Muchos opinan que la educación mediada por tecnologías no ha resultado efectiva, pero pocos reconocen que uno de los factores fundamentales de tan reducido impacto ha sido la falta de una visión de largo plazo y, al no ser incluida en los planes estratégicos, la falta de inversión: en la formación de docentes y personal técnico de apoyo, y en la adaptación de las infraestructuras y equipamiento. A nadie se le ocurrió, no ya que podría aparecer una pandemia como ésta (a pesar de que se repite cada cien años), sino que la educación presencial podría desaparecer, o verse reducida a una mínima expresión, como lo hemos experimentado en la mayor parte del Curso 2020.

Ahora, y partiendo de la premisa de la inefectividad de la educación virtual (no porque el modelo sea malo, sino porque no estamos suficientemente preparados), muchos gobiernos están optando por una modalidad “semipresencial” - un poco presencial y otro poco a distancia - y en los próximos meses, tendremos la oportunidad de analizar los efectos de este experimento. A priori, la impresión general es que se está improvisando, pero éste es el modo en que han entrado la mayoría de los gobiernos: acción-reacción, ensayo y error, y sin duda, el lado positivo es que abona un campo ideal para la investigación educativa.

Debatir sobre si la educación presencial es mejor, o peor, que la no presencial, puede que no sea muy práctico, en este momento, porque la realidad es que la educación presencial, como la que teníamos hace algunos meses, apenas se distingue en el horizonte.

Los modelos educativos virtuales, online, mediados por tecnologías, a distancia, o como queramos llamarlos, han venido para quedarse y, en mayor o menor medida, formarán parte de todos los sistemas educativos presentes y futuros.

Incluso sin necesidad de hacer predicciones futuras, sino simplemente observando la realidad podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la investigación y el debate deben centrarse en la adaptación e incorporación del modelo no presencial en los sistemas educativos, no en si éste es mejor o peor, y ello incluye estudiar los efectos de los cambios experimentados en este curso académico: del modelo centrado en el docente, al modelo centrado en el estudiante; del modelo conductista, al constructivista; del modelo selectivo, al modelo inclusivo; del modelo discursivo, al modelo participativo y la flipped classroom; del modelo napoleónico basado en el tiempo de horas presenciales dedicadas a las clases, al modelo, más moderno, basado en el logro de competencias y no en el tiempo; del aprendizaje memorístico, al aprendizaje basado en proyectos; de la evaluación basada en la memoria, a la evaluación basada en la creatividad y la investigación; del trabajo individual y competitivo, al trabajo cooperativo, y por último, de la evaluación de la calidad de la educación basada en la cantidad de horas de clase, o el grado académico de los docentes, a la evaluación en base al logro de las competencias comprometidas.

La mayoría de estos cambios ya han ocurrido, y nos han mostrado una forma diferente de educar. Su incorporación definitiva a la Educación dependerá de los efectos probados y del grado de adopción por los docentes. En cualquier caso, si hay algo que hemos aprendido es que la realidad no siempre es la que queremos, sino la que hay, y si los seres humanos debemos adaptarnos para evolucionar, la Educación, también.

Dr. Julio M. Martin

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