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Revista Internacional de Investigación en Ciencias Sociales

versão On-line ISSN 2226-4000

Rev. Int. Investig. Cienc. Soc. v.8 n.2 Asunción dez. 2012

 

 

ARTÍCULO ORIGINAL

 

Género, embarazo y adolescencia. Modelos familiares, redes de apoyo y construcción de proyectos personales desde la perspectiva de las adolescentes (1)

Gender, pregnancy and adolescence. Family gender models, social networks and personal projects from the adolescents´ point of view

 

Graciela Colombo (2)

Gabriela Pombo (3)

Natalia Luxardo (4)

 

1. Investigación realizada en el marco del Proyecto “Prevalencia de Violencia Familiar contra la mujer en la etapa de embarazo, parto y puerperio en mujeres adolescentes”. Aprobado por el Programa de Reconocimiento de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y se inscribe en la Cátedra Metodología II, Carrera de Trabajo Social. Se desarrolla en forma conjunta con el IDIS (Instituto de Investigaciones Sociológicas del Consejo de Profesionales en Sociología).

2. Lic. En Sociología. Diploma Superior en Ciencias Sociales (FLACSO). Facultad de Ciencias Sociales. Carrera de Trabajo Social. UBA. Argentina. E-mail: gbcolombo@arnet.com.ar

3. Lic. En Trabajo Social. Facultad de Ciencias Sociales. Carrera de Trabajo Social. UBA. Argentina. E-mail: gabrielapombo@hotmail.com.

4. Doctora en Ciencias Sociales. Facultad de Ciencias Sociales. Carrera de Trabajo Social. UBA. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Argentina. E-mail: palish@hotmail.com.

Correspondencia: Dra. Natalia Luxardo. Universidad de Buenos Aires. E-mail: palish@hotmail.com

Recibido: 10/08/12. Aceptado: 19/10/12.

 


Resumen: El artículo expone algunos resultados de la fase cualitativa de una investigación realizada en el marco del proyecto “Prevalencia de Violencia Familiar contra la mujer en la etapa de embarazo, parto y puerperio en mujeres adolescentes…”. La evidencia empírica fue construida a partir de entrevistas dirigidas a las adolescentes que consultaron Servicios de Adolescencia de un hospital de Buenos Aires (2007). Los capítulos temáticos que se abordan son: Modelos de género de los padres y madres desde las miradas de las adolescentes; Modelos de género de las adolescentes; Redes de apoyo entre amigos/as, familiares y vecinos/as; Distribución de tareas con las parejas de las adolescentes; Actitudes frente a la noticia del embarazo, Proyectos personales, profesionales y laborales en relación al conjunto de la población entrevistada. Los resultados demuestran que las adolescentes cuyas narrativas dan cuenta de una reproducción de los patrones de género hegemónicos, por otro lado, adolescentes que expresan aperturas con respecto a las concepciones de género tradicionales y finalmente aquellas que portan discursos en los que coexisten continuidades y rupturas respecto a las normatividades masculinas y femeninas.

Palabras clave: Embarazo en la Adolescencia, Modelos de género, Redes Sociales, Proyectos personales.

 

Abstract: The article exposes partial results of a research project centered in family violence during pregnancy, childbirth, and puerperal stage in adolescent women. The field work was performed at the Adolescence, Pediatrics, and Neonatology Service Room of Internment of a public hospital and a health centre in Buenos Aires Area during 2007. The article is based on individual semi-structured interviews to 27 adolescents. The topics discussed are: parent´s gender models from the adolescent point of view, adolescent´s gender models, distribution of domestic tasks within the family, the role of social networks and community, attitudes related with pregnancy and personal projects.

Keywords: Adolescence, Pregnancy, Gender Models, Social Networks, Personal Projects.


 

INTRODUCCIÓN

El embarazo en la adolescencia es objeto de diversas miradas y en torno a él se construyen significados diversos que oscilan entre considerarlo “un problema a evitar” o un evento vital que puede propiciar transformaciones positivas en la vida de las adolescentes. Stern (1997, 2001) analiza la construcción del embarazo adolescente como “problema”, señalando que a nivel social se lo percibe negativamente en términos universales y descontextualizados, sin considerar las particularidades de cada embarazo, para quién o quienes constituyen un problema y cuáles son sus determinantes. Se atribuyen consecuencias negativas para la vida y la salud de la madre y el niño/a y se presuponen problemas sociales demográficos “como si un embarazo adolescente significara lo mismo y tuviera las mismas implicaciones para cualquier individuo, comunidad, grupo social o sociedad” (Stern, 2003). Como sugiere Adaszko (2005 a y b) “el problema del embarazo adolescente está fuertemente atado a la o las formas en que piensa la propia adolescencia y juventud. Diversos autores indican que los grupos en mejor posición socioeconómica de la sociedad y algunos actores del campo científico y político ponen en circulación discursos que estigmatizan el embarazo en la adolescencia como un modo de controlar la sexualidad, especialmente la de las mujeres, y los ciclos reproductivos de los jóvenes en función de sus necesidades políticas y económicas”.

Con relación a la adolescencia, investigaciones que pertenecen al paradigma tradicional consideran la etapa del embarazo y a la maternidad en la adolescencia como algo que no debiera ocurrir, como una desviación respecto de lo que representa la adolescencia. Detrás de estas argumentaciones está implícito un patrón respecto del ser adolescente que se postula como único, verdadero y medida del conjunto de los/as adolescentes. Frente a esta perspectiva, se contrapone la adolescencia como categoría socio histórica construida en un contexto de relaciones que dan cuenta de la desigualdad social no solamente en términos de estructuras de clase, sino también desde una perspectiva de género (Fainsod, 2008, p.41-51). Desde esta perspectiva socio histórica, en este artículo se presentan los resultados que corresponden a la fase cualitativa de la investigación, cuyos objetivos estuvieron dirigidos a: Explorar acerca de los modelos de género y estilos de organización familiar prevalecientes en los hogares a los que pertenecen las adolescentes: modelos de masculinidad y femineidad prevalecientes en cada familia, asignación de roles y funciones según sexo, sistema de autoridad y poder.

 

MATERIAL Y MÉTODOS

La investigación se inscribe en un estudio cuanti y cualitativo, en base a una estrategia de triangulación metodológica. El tipo de estudio es descriptivo y exploratorio. En la fase cuantitativa de la investigación se diseñó un protocolo dirigido a la detección de situaciones de violencia familiar y o de pareja en las adolescentes en la etapa de embarazo, parto y puerperio. Se relevaron 188 casos de adolescentes. En la fase cualitativa se aplicó una entrevista semi estructurada dirigida a las adolescentes (de 15 a 20 años) que consultaron los Servicios de Adolescencia, Pediatría, Neonatología del Hospital Cosme Argerich. La muestra cualitativa está conformada por 26 casos. La selección de la institución ocupó un lugar central en el encuadre de esta investigación, ya que para el abordaje de esta problemática tan compleja se requiere contar con el apoyo institucional. El trabajo en campo no consistió en un mero relevamiento de datos, sino que fue acompañado de un proceso de asistencia y promoción debido a que contamos con la participación activa de los servicios participantes. Durante la aplicación de la entrevista estructurada aparecieron situaciones de impacto y movilización desde lo emocional subjetivo, ligadas a que se indagaba en forma directa sobre situaciones de maltrato. Por tal motivo, se entregaba a todas las adolescentes que participaban una guía de recursos sobre asistencia y prevención en la temática de violencia familiar y en los casos en los que se detectaban situaciones de maltrato se realizaba la derivación al Consultorio de Violencia Familiar del Hospital. Así también la participación en la entrevista era voluntaria y se entregaba un consentimiento informado, en el que expresaban si aceptaban o no la situación de entrevista. Una vez que la adolescente acepta participar se les entregagó en primera instancia un protocolo que se inscribe en la entrevista estructurada y en segundo instancia se aplicó una entrevista cualitativa.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

A continuación se presentan los resultados obtenidos en el conjunto de las adolescentes entrevistadas (que atraviesan o no situaciones violencia). Dividimos la presentación en seis ejes: 1) Imágenes que tienen los padres y las madres de las adolescentes acerca del modelo de varón y mujer ideal, desde la mirada de las adolescentes; 2) Imagen de mujer y varón ideal de las adolescentes, papeles que deben cumplir varones y mujeres en la sociedad. Expectativas acerca de la mujer y el varón; 3) Distribución de tareas con las parejas de las adolescentes; 4) Redes Sociales de la Adolescente; 5) Actitudes ante el embarazo y 6) Proyectos personales

1. Imágenes que tienen los padres y las madres de las adolescentes acerca del modelo de varón y mujer ideal, desde la mirada de las adolescentes.

En las entrevistas a las adolescentes surgen discursos que señalan un desconocimiento del tema. La cuestión de género y los modelos de masculinidad y feminidad no han formado parte de las conversaciones cotidianas de las familias. Se trata de un tema no problematizado suficientemente, tal como puede apreciarse en las siguientes citas textuales extraídas de las entrevistas:

“qué se yo!”, “mirá, no sé, porque no tuve mucho diálogo con mi mamá. Mi mamá se fue de mi casa cuando yo tenía seis años, se separó de mi papá”, “no sé, porque yo a ellos no los veo en un mes, a mi papá no lo veo casi, a mi mamá si la veo muy pocas veces”, “y no, es que no tienen imagen ideal… no tienen ellos, no” “mi papá mucho no sé, porque no vive ahora, estos últimos años no vive conmigo”.

En general se observa que las entrevistadas no han reflexionado críticamente sobre las concepciones de mujer y varón que portaron sus padres y madres en sus procesos de socialización. Este desconocimiento obedece a distintas situaciones, cobrando significancia la falta de diálogo entre la adolescente y sus padres en relación a estos temas.

Con respecto a las adolescentes que en sus discursos pueden identificar  concepciones por parte de sus madres y padres respecto a los modelos de varón y mujer ideal, podemos distinguir entre las significaciones que señalan una reproducción de los estereotipos de género, las que muestran rupturas respecto a ellos y las que combinan rupturas y continuidades en relación a los modelos hegemónicos. Entre las primeras, hallamos significaciones en las que aparece la figura del varón como sostén económico y responsable del mantenimiento del hogar y las funciones de la mujer ligadas al ejercicio de la maternidad:

“El [rol] de la mujer sería estar siempre con sus hijos (…) nunca abandonarlos, el del papá debería comprometerse en el trabajo para ayudarlos a ellos”, “la mamá tiene que quedarse con su hijo”, “un hombre ideal debería trabajar“, “mi papá dice que mi novio me tiene que cuidar, trabajar ser responsable”, “mi mamá me decía que tengo que estar con mis hijos en mi casa y cuidarlos”, “el marido debe trabajar”, “el portarse bien, el hacerse cargo de las  responsabilidad”. 

En estas concepciones se observa una clara división de tareas asignadas a varones y mujeres. La mujer es la principal responsable de las tareas domésticas y el varón es el sostén económico del hogar. El papel de las mujeres queda enmarcado en la esfera doméstica privada y el del varón en el mundo laboral y la esfera de lo público. Esta naturalización de los modelos asignados en función del sexo configura para las mujeres una situación de subordinación de género en la sociedad y se inscribe en el tipo de violencia invisible. “Es una adquisición cultural que se obtiene a través del proceso de socialización que prepara a los sujetos para que cumplan adecuadamente su rol: socializar para que sean lo que se dice que son por naturaleza” (Dorola, 1989, p. 194). Asimismo, la autora señala que: “La violencia invisible (…) es inherente a la constitución misma de la familia; está implícita en los roles adscriptos asignados a la mujer en razón de concepciones “naturalistas” y “esencialistas” de su condición de género, desconocimiento así el carácter de construcción cultural que éste reviste” (Dorola, 1989, p.194-195)”. Con respecto a las significaciones que entrañan rupturas con los estereotipos de género, se destacan tres puntos de quiebre relativos a lo que madres y padres de las entrevistadas definen como varón y mujer “ideal”: En primer lugar, concepciones que enfatizan el desarrollo intelectual de las mujeres; en segundo lugar, concepciones que sostienen la complementariedad de papeles que pueden desempeñar las mujeres en el mundo de lo público, en el ejercicio de la maternidad y en el campo de la educación; y en tercer lugar concepciones que valorizan la educación y el trabajo en las mujeres como mecanismo para lograr un reconocimiento e inclusión social.

En lo que refiere al primer punto, se observaron discursos que resaltan deseos de tener “una hija inteligente, linda, tener una hija perfecta”, “una mujer inteligente y que piensa”, por ejemplo. Este tipo de discursos generan una clara ruptura con las normatividades de género al destacar las capacidades vinculadas al pensamiento racional y al intelecto como cualidades esperables para la mujer. Esto no se corresponde con la dicotomía que asigna a las mujeres cualidades vinculadas al componente socio afectivo y a los varones la capacidad para el desarrollo racional.

En lo atinente al segundo punto, se condensan relatos como los siguientes: “La mujer puede ocupar todo cargo, desde lo mínimo hasta lo máximo”, “mi madre espera que sea una buena mamá, que me pueda ocupar bien de mi hija y que retorne a los estudios”. Se trata de concepciones que valoran las habilidades que tienen las mujeres para ocupar cargos de poder en el mundo público y a la vez asignan un significado de relevancia al ejercicio de la maternidad, al cuidado de los hijos y al valor de la educación. Se observa una complementariedad entre los proyectos que pueden tener las mujeres.

Con relación al último punto, se observan discursos como los siguientes: “la mujer y el hombre ideal que termine los estudios y que el día de mañana pueda conseguir trabajo”, “tener un trabajo, una vida digna y que les pueda ir bien con sus hijos”, “una mujer ideal (…) por lo menos tener estudios, tener un trabajo de abogada, doctora”, “mi mamá esperaba que yo terminara de estudiar y que hiciera una carrera, ahora no sé que espera”, “me dijo que aunque tenga treinta y cinco años iba a terminar el colegio”, “lo que le gustaría es que esté atrás de un escritorio (…) como que quiere que sea algo importante”.

Los relatos anteriores expresan significaciones en torno al valor de la educación como un medio de movilidad social, de reconocimiento y de inclusión social.  De esta manera,  en el imaginario de las jóvenes y sus grupos familiares, la institución escolar aún cumple un rol integrador y socializante y constituye un espacio de construcción del saber y de formación de habilidades conformando un capital social con legitimidad (Kaplan y Fainsod, 2001; Tosi, 2001; citado por Climent 2003, p.89). Se aprecia la importancia que adquiere la educación como un recurso para lograr insertarse a nivel laboral y mejorar los ingresos familiares, así como para superar la situación socioeconómica de los propios padres y madres. Aparece por parte de ellos/as un proyecto superador para sus hijas adolescentes, se desean de alguna manera, los sueños que ellos/as no pudieron concretar.

Por último, se hallaron discursos de las adolescentes que evidencian que sus madres y padres les han transmitido concepciones de los ideales de varón y mujer en los que coexisten rupturas y continuidades respecto a los modelos hegemónicos. En términos generales los padres y madres proyectan para sus hijas el acceso a una buena educación y una inserción calificada en el sistema productivo. Esto da cuenta de una ruptura con el estereotipo de género que posiciona a la mujer exclusivamente en el mundo doméstico. No obstante, en general, también proyectan que sus hijas “formen una familia” y se ocupen de criar a sus hijos/as. La maternidad aparece más como un destino que como una posible elección y así se reproduce la mitificación de la realización y felicidad de las mujeres como proceso asociado al ejercicio de la maternidad. También se observan combinaciones de rupturas y continuidades respecto a los modelos de género en la traza de expectativas diferenciales para hijas mujeres e hijos varones por parte de madres y padres. Estas diferencias suelen no distinguirse en una primera lectura de los relatos (ya que enuncian lo mismo para ambos hijos: quieren que estudien). Sin embargo, bajo una mirada más aguda puede identificarse cambios sutiles en el discurso cuando se refieren hacia las hijas mujeres (“a ella no la presiono”, “necesita que la cuidemos”, etc.).

Finalmente, cabe destacar el determinismo que caracteriza a la mayoría de las expectativas de madres y padres respecto a sus hijos/as. En algunas narrativas se observa que dichas expectativas aparecen no solamente “quebradas”, sino también cerradas y determinadas. Es decir, ya no espera que la hija siga estudiando ni que trabaje en el futuro. Esta proyección no se presenta como una situación condicionada al evento temporario del embarazo, sino que, por el contrario, las madres y padres consideran estas interrupciones como algo definitivo, que marcará las trayectorias vitales de las jóvenes. Asimismo, el determinismo se hace presente en las modalidades en que las propias adolescentes caracterizan su vida y las posibles trayectorias en las que ellas pueden inscribirse. En sus narrativas, marcan continuamente la existencia de dos vidas: la “digna” -en la que incluyen la escuela, el trabajo, la vida familiar- y la “equivocada”, relativa a las salidas, a la noche, en ocasiones al alcohol y otras drogas. En este punto, describen estas dos vidas a partir de las referencias que realizan sobre la perspectiva de ambos padres, quienes califican el rumbo que puedan tomar sus hijas ubicándolo en alguna de estas dos alternativas contrapuestas, postuladas desde un dualismo moral.

2. Imagen de mujer y varón ideal de las adolescentes, papeles que deben cumplir varones y mujeres en la sociedad.

Al inicio de determinadas entrevistas el tema pareciera no interesar particularmente a las entrevistadas, siendo en varias ocasiones la primera oportunidad en la que refieren ser interpeladas para reflexionar acerca del mismo. Pero posteriormente, durante el transcurso de las entrevistas, por más que hayan manifestado desinterés o desconocimiento sobre el tema (“no sé”, “nunca pensé en eso”) aparecen en el relato posturas claramente identificables sobre sus creencias y actitudes respecto a dicho tema. Si bien la mayoría de las entrevistadas hablan genéricamente de “igualdad” de responsabilidades en la división sexual del trabajo, en lo específico hacen notar cómo la mayor responsabilidad la debe asumir el varón, en tanto “debe” proveer recursos. En varias entrevistas se mencionan dos esferas para describir los papeles de hombres y mujeres en la sociedad: Una, la que debería ser, caracterizada por la igualdad laboral y social entre ambos, y la otra, la que efectivamente ocurre, con mujeres mayormente dedicadas a la crianza de sus hijos/as y a las labores domésticas en forma exclusiva o combinada con inserciones de gran precariedad en el mercado de trabajo.

Se pudieron identificar distintos tipos de discursos entre las adolescentes enrevistadas, que al igual que las concepciones portadas por sus madres y padres analizadas previamente, reflejan reproducciones de las normatividades de género, rupturas en relación a ellas y combinaciones de continuidades y discontinuidades respecto a los modelos hegemónicos. Entre los primeros, y con respecto a los papeles que deben cumplir varones y mujeres, destacamos los siguientes fragmentos de las entrevistas:

“en realidad los dos tendríamos cualidades pero más se me hace que un hombre porque es más fuerte”. Con respecto a las mujeres: “también son fuertes pero es como que somos más débiles”; “es que el hombre tiene más responsabilidad porque si viene un hijo al mundo que tiene que vestirlo, calzarlo, darle de comer”, “la responsabilidad es más del padre que de la madre. Porque no pretenderán que salga a trabajar embarazada y que haga fuerza. No se puede, claro”, “una mujer ideal, una madre y una esposa”, “un hombre que no sea golpeador y un buen padre también”.

En estas narrativas lo que distingue a los varones es la fortaleza y la responsabilidad del sustento frente a la debilidad asignada a las mujeres. Se reeditan de este modo los estereotipos de la “buena madre y esposa” y del varón como “cuidador y protector”.Tales discursos contribuyen a perpetuar la situación de subordinación de género en la sociedad. También surgieron discursos que marcan rupturas con los estereotipos de género, al postular la igualdad de género en cuanto a las posiciones que deben cumplir varones y mujeres en la sociedad, como se exponen a continuación:

“yo creo que todos podemos hacer todas las cosas, porque no es que la mujer está para limpiar y el hombre para trabajar, todos podemos hacer un poco de cada cosa”, “tenemos que estar con nuestros hijos pero también tenemos que tener nuestra vida, no es todo cuatro paredes”, “roles en la sociedad creo que son iguales”, “Yo creo que es igual para todos. Manejar el dinero, educación de los chicos, entre los dos”. “mujeres no somos estúpidas (…) somos tan inteligentes como los hombres. Si, somos personas todos. Yo me encuentro mucho con hombres y soy igual, yo creo que puedo ser femenina o puedo ser un varoncito, jugando a la pelota y corriendo”, [Con respecto a las tareas de la casa] “pienso que tendría que ser… no cargar todo tanto a la mujer sino entre los dos ayudarse”, [considera que] “lavar los platos puede lavar un hombre y la mujer también”. Con respecto a la educación de los hijos considera que padre y madre deben encargarse de llevar los hijos al colegio. Con respecto a la administración de los gastos cotidianos considera que la mujer tiene que estar a cargo de esta tarea, “porque mi pensamiento es que el hombre ve cualquier cosa que ya le gusta y ya se lo compra y no piensa si hace falta algo en la casa”.

En estas narrativas las adolescentes adhieren a la participación de las mujeres en la esfera pública, destacan la inteligencia y la independencia como cualidades de las mujeres, así como la capacidad y el conocimiento para administrar los gastos cotidianos del hogar, poniendo en cuestión los estereotipos de género. Desde la perspectiva de las adolescentes, las mujeres pueden dedicarse a la crianza de los/as hijos/as pero también pueden trabajar. Se considera que las funciones y papeles de varones y mujeres deben compartirse, postulando el trabajo cooperativo al interior del hogar. En algunas entrevistas se enfatiza que la mujer y el varón deben ocuparse de cuestiones referidas a la educación de los hijos. Así, se genera una ruptura con la naturalización del papel de mediación de las madres como principales intermediadoras en el vínculo familia - escuela.

En varias entrevistas se resalta el poder de la mujer en cuanto al manejo del dinero: al ser las mujeres las que están en contacto con las cuestiones domésticas, han acumulado una experiencia y un conocimiento que las convierte en las principales administradoras y organizadoras de las cuestiones financieras del hogar. Se evalúa de relevancia recuperar y capitalizar este poder que han construido las mujeres en la esfera doméstica (poder mayormente legitimado por los/as miembros del hogar). Capitalizar este poder que gozan en la esfera doméstica para trasladarlo a otros espacios del mundo público. Esto equivale a reconocer el componente social, político y transformador del espacio doméstico a fin de que desde el mismo se pueda constituir un proceso de reflexión crítica acerca de las concepciones tradicionales de género y la apertura de concepciones liberadoras. Los discursos analizados están mostrando, claramente, la presencia de dislocaciones de las concepciones tradicionales de género.

Por otro lado, aparecen discursos que postulan la participación de las mujeres en el mundo laboral y a la vez visualizan al varón con mayores capacidades para ocupar cargos de poder y desempeñarse en el mundo público: [Papeles que deben cumplir]:

“tampoco puede mucho el hombre, también puede salir una mujer a trabajar” “creo que el hombre se maneja mejor que la mujer” “el hombre puede más que la mujer, es más inteligente” Opinión con respecto a la participación de la mujer en cargos de poder: “no para mi está mal” Considera que el hombre se maneja mejor que la mujer “el hombre puede más que la mujer (…) es más inteligente”

Se trata de narrativas en las que simultáneamente hay rupturas y continuidades respecto a los estereotipos de género. Por un lado, las adolescentes están de acuerdo con la participación de las mujeres en la esfera del trabajo remunerado. A la vez, sostienen que las mujeres no tienen capacidad para ocupar cargos de poder o participar en el ámbito político, y visualizan al varón con mayores habilidades para manejarse en ellos en virtud de su supuesta mayor inteligencia. La esfera de la política, del poder, sigue siendo un espacio exclusivo de los varones.

En síntesis, si bien la mayoría de las adolescentes sostienen concepciones y actitudes que marcan fuertes cuestionamientos a los modelos de género hegemónicos, estos se centran en la defensa de los derechos de las mujeres a trabajar y ser considerada en igualdad de condiciones respecto a los varones, pero en escasa medida problematizan la participación de los varones en el mundo doméstico y reclaman que ellos también protagonicen los procesos de conciliación familia-trabajo. La maternidad continúa siendo el dominio que define a la mujer por excelencia y su incursión en el mundo público, un conjunto de trayectorias que se construyen en forma supeditada a la maternidad. La mujer ideal aparece entonces como una suerte de “mujer orquesta”, que debe trabajar dentro y fuera de la casa pero organizando su cotidianeidad en función de su rol protagónico en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

3. Distribución de tareas entre las adolescentes y sus parejas

Entre las adolescentes que mantienen vínculo de pareja con el padre de sus hijos/as por nacer, se observaron distintos tipos de organización de las parejas en torno a la resolución de las tareas inherentes a la reproducción familiar: estilos de organización familiar en las que aparece la figura de la pareja de la adolescente como sostén económico del hogar y la adolescente como encargada del trabajo doméstico; estilos de organización familiar en los que aparece desvalorizada la figura de la pareja de la adolescente; estilos de organización familiar en los que aparece cierta equidad en términos de género y trabajo cooperativo entre varones y mujeres. Con relación al primer estilo de organización:

“Desde que se enteró que estaba embarazada no me dejó (la pareja) sola en ningún momento, “estoy dedicada a esperar al bebé y a ser ama de casa, nada más”, “si viviera con la pareja haría las tareas domésticas, compras, cuidado de los hijos, me gusta”. La adolescente era la que hacía el trabajo doméstico antes de estar embarazada” “claro, ahora con el embarazo no. Sobre la opinión de su pareja con respecto al trabajo” me dice que no, que si voy a trabajar es porque yo quiero trabajar, pero no es porque él me diga, me pida que trabaje”.

En este tipo de relaciones de pareja, las adolescentes son responsables de la organización del trabajo doméstico y de la administración de gastos cotidianos en el hogar. A pesar de ser muy jóvenes han desarrollado un conocimiento y una experiencia en el manejo del dinero, lo que estaría mostrando cierta autonomía en la esfera domésticas. Se observa aquí una naturalización de los modelos de género y ausencia de estrategias de negociación de los significados ligados a las normatividades de género. Se trata de adolescentes que no pudieron generar un proceso de ruptura con los estilos tradicionales de funcionamiento familiar presentes en sus familias de origen. En esos grupos familiares, la organización del trabajo doméstico estaba en manos de la madre de la adolescente con una participación muy activa de las propias adolescentes y/u otras mujeres residentes en el hogar. La naturalización de las labores del hogar como cuestiones de las mujeres se expresa en los discursos de las adolescentes en reiteradas alusiones a que las hijas “ayudan” a sus madres a limpiar, tarea que no es encarada por los hijos varones. Esa “ayuda” hacia otra mujer, puede interpretarse como una suerte de “entrenamiento” o preparación para ocupar el lugar de ama de casa. Las adolescentes ayudan a sus madres, a quienes alguna vez “reemplazarán” en su rol, garantizando la reposición generacional de la fuerza de trabajo doméstico.

En segundo lugar están los estilos de organización familiar en los que aparece desvalorizada la figura de la pareja de la adolescente:

“El papá ayer salió con ella (…) a hora se está soltando más. Porque no hace nada, se droga, si no cambia no sirve”, “yo no quiero eso, yo cuando él la ve a ella le digo”, “no quiero que estés aquí, no quiero que lo vea así”, “igualmente yo sé que no la va a dejar pero… aunque sea ella tiene su papá, sea lo que sea es su padre”

En estas parejas aparece la figura de las adolescentes embarazadas anclada fuertemente en la maternidad y cumpliendo una función protectora respecto a sus hijos/as por nacer, en narrativas que muestran autodeterminación y fuerza de convicción con respecto al cuidado y protección de sus futuros hijos/as frente a la ausencia de sus parejas o a los problemas que ellos puedan atravesar (drogadicción, incursión en trayectorias delictivas, etc). En tercer lugar están los estilos de organización familiar en los que aparece cierta equidad en términos de género y trabajo cooperativo entre varones y mujeres. Con respecto a la organización de tareas domésticas las adolescentes opinan:

“Vamos a tratar de arreglarnos para compartir”, “yo limpio porque mi papá trabaja, él (su pareja) también trabaja, pero él cuando está los fines de semana me ayuda”, “si, me ayuda a limpiar”. Con respecto a las compras diarias: “él va a comprar, él se encarga de ir a comprar”.

En estas conformaciones de pareja, se observa un trabajo cooperativo al interior del hogar, con una complementariedad de funciones y tareas asignadas a varones y mujeres y un manejo equitativo del uso del dinero. Si bien la administración del hogar confiere a las mujeres cuotas de poder e incluso algunas de ellas realizan trabajos remunerados, la participación de los varones en las tareas domésticas y de cuidados se muestra escasa y generalmente significada como colaboración o ayuda frente a dificultades de las mujeres para ocuparse de dichas tareas. En términos generales, en los tipos de organización familiar prevalecen estilos tradicionales en los que las mujeres aparecen como principales organizadoras, administradoras  y responsables de la esfera doméstica privada y el varón como sostén económico del hogar. Los resultados presentados permiten abonar la siguiente hipótesis: Es probable que las cuestiones del hogar y la adscripción de las mujeres a esta tarea forme parte de los procesos de socialización de género prevalecientes en la familia de origen de la adolescente reproduciéndose estos mandatos tradicionales en la conformación de su pareja actual, acompañada de procesos de naturalización de las concepciones de género.

4. Redes Sociales de la Adolescente

Sluzki (1996) sostiene que las redes sociales constituyen un elemento central en el que se apoyan las personas, configurada por la estructura de relaciones sociales que tiene establecidas. Asimismo enfatiza la importancia de los contextos culturales en los que las personas están sumergidas, puesto que conforman el universo relacional de las mismas. Más específicamente, y en un nivel micro del análisis, define al concepto de red social como la suma de todas las relaciones que un individuo percibe como significativas, que contribuyen al reconocimiento como individuo y la imagen de sí. El concepto de soporte social se vincula a algo tan cotidiano e inmediato como lo constituyen las relaciones sociales que cada persona establece con su entorno, y que pueden traducirse en prácticas de asistencia, de placer, de soporte, entre muchas otras. Méndes Diz (2001) retoma la definición del apoyo social como el grado en que las necesidades sociales básicas de las personas –incluyendo los aspectos afectivos, identitarios, relativos a la estimación o aprobación, la pertenencia y la seguridad- se ven gratificadas a través de la interacción con otros.

De este modo, las redes sociales configuran prácticas culturales y simbólicas que incluyen relaciones interpersonales que integran a una persona con su entorno social. Estas redes de apoyo se van afianzando en la interacción social a partir de relaciones que las personas perciben como significativas tanto en el ámbito familiar, laboral, comunitario y de amistades. Son un recurso personal importante para la afirmación de la propia identidad y la generación de sentimientos de autoconfianza y seguridad. Dabas y Perrone (1999) mencionan que favorecen el enriquecimiento personal, el aprendizaje mutuo, la resolución de problemas y la satisfacción de necesidades. Por su parte Douglas (1996), señala que las redes de apoyo también tienen un efecto protector ya que en la interacción social incide en la definición de los riesgos y el desarrollo de comportamientos de cuidados.

En un estudio de Ponce (2010), se destaca que las principales redes de apoyo de las mujeres entrevistadas estaban basadas en su núcleo familiar y de amistades. La autora identifica que la escasa predisposición de los maridos para las labores domésticas, su menor participación en la crianza y educación de los hijos, y su ausencia debido a las obligaciones laborales dejaban sin apoyo a las mujeres, que veían disminuida su autoestima. En este sentido, las redes de apoyo servían para evitar el aislamiento que les quitaba a las mujeres de los beneficios procedentes de las relaciones sociales.

En esta investigación se identificaron distintos tipos de redes sociales: a) las redes sociales de la adolescente en las que ocupa un lugar de relevancia la red de la actual pareja; b) redes sociales conformada por miembros de la familia de origen; c) redes en las que ocupa un lugar de relevancia la figura de tíos/as o abuelos/as y d) redes en las que aparece la figura de una amiga (mayor en edad respecto a la adolescente) ocupando una posición de relevancia.

a) Redes sociales de la adolescente en las que ocupa un lugar de relevancia la red de la actual pareja.

En los relatos de las adolescentes que cuentan con este tipo de redes se detectó una ausencia de vínculos de confianza y cercanía afectiva con su familia de origen. En varios casos, se observa un importante papel de los procesos migratorios -desde el interior a la ciudad de Buenos Aires y también desde los países limítrofes. Además, se identifica una ausencia de participación comunitaria de las adolescentes en el nivel comunitario local, que se traduce, entre otras cosas, en la ausencia o escasez de vínculos de confianza y de intercambio con vecinos/as. En este tipo de redes, las relaciones significativas con amigos/as y compañeros/as son asimismo nulas o escasas y cobra relevancia la red de la pareja de la adolescente.

Sobre la percepción que tienen las adolescentes del apoyo recibido por parte de la familia de su pareja, se detectan frases como las siguientes: “Si, un poco de mi mamá pero como no hablo con ella, no mucho, pero la familia de él sí”, “amigos no tengo acá, no”, “[mis lazos quedaron] en la provincia donde yo vivía, allá en Polvorines. No, ahora no los veo, pero los extraño un montón”. Otra adolescente comenta que su familia vive en Misiones, entonces siente que cuenta con la familia de su pareja. Otra comenta que vive con mi cuñada (tienen buena relación), ya que sus padres viven en Paraguay y no tiene otros parientes en Argentina. Señala: “Yo con mi suegra me llevo demasiado bien y con las tías, los familiares de él también (…) demasiado bien”.

b) Redes sociales conformadas por miembros de la familia de origen

Por el contrario, encontramos casos en los que las redes sociales descansan básicamente en los vínculos con los de la propia familia, tal como se destaca en los siguientes relatos extraídos de las entrevistas:

“Amigos no tengo en realidad, tengo conocidos, o sea, yo le llamo amiga a una persona que está siempre para vos, pero como para mí como que no existe, porque cuando tengo un amigo siempre o sea como que me defrauda, como que no le llamo amigo“, “amigo para mi es mi mamá (nada más) porque la puedo llamar para cualquier cosa, nunca me va a mandar al frente”, “como que no tengo la suficiente confianza para decirle algo íntimo a un amigo”

En las redes de estas adolecente aparece con mucha fuerza la presencia de la madre como la principal consejera y confidente. Es una figura que aparece como irremplazable e incondicional, cumpliendo un rol de cuidado y protección ante situaciones de peligro externas (la calle, la noche, etc.) pero también internas, como en el caso de conflictos inherentes a la dinámica de esas familias.  En los discursos de varias de estas adolescentes se observa que la revalorización del lugar de la madre se acompaña de cierto sentimiento de desconfianza hacia los/as amigos/as y hacia el exterior de la familia en general.

c) Redes en las que ocupa un lugar de relevancia la figura de tíos/as o abuelos/as.

En estas redes, existen vínculos de confianza y de cercanía afectiva con integrantes de la familia extensa. En algunas situaciones, ellos/as cobran relevancia ante la situación de abandono o falta de presencia de la madre y el padre de la adolescente. En estos casos no se visualiza a las amistades o lazos vecinales y comunitarios ocupando un lugar importante y de intensidad en la red.

“Con mi abuela, mi bisabuela, mis tíos (..) siempre están todos viven cerca”. Esta adolescente señala a su vez que no mantiene relación con los vecinos ni participa en actividades barriales. Otra menciona que “tengo a mi tío que vive conmigo, a mi tía que también está acá, en mi casa, que la veo todos los días. Y después los otros no, que viven lejos, no sé”. Añade que considera como amiga a su tía y a la abuela”.

d) Redes de la adolescente en la que aparece la figura de una amiga mayor de edad ocupando una posición de relevancia en la red.

Este tipo de redes se caracteriza por la presencia destacada de la figura de una “amiga”, que representa para la adolescente una suerte de “familiar” con quien mantener un vínculo de confianza, cercanía afectiva e intercambio de información. Aunque la llamen “amiga” puede observarse que cumple en la vida de las jóvenes un papel de contención más asimétrico, similar al de una madre. En los relatos de las adolescentes esta figura emerge como valorizada básicamente por haber sido quien brindó información y asistencia afectiva en momentos fundamentales de su vida (por ejemplo, ante la aparición de la menarca o la noticia del embarazo). En este punto, las adolescentes rescatan la aparición de estas “amigas” supliendo esa información/contención que no reciben por parte de su familia de origen.

Por último, interesa resaltar el empobrecido papel que cumplen los/as amigos/as en las redes de las adolescentes (independientemente del tipo de red que integren):

“Me alejé de todos, recién ahora tengo unas amigas (…) son primas de una amiga”, “cuando yo vivía en la casa de mi abuela, ella vivía en la esquina y nos criamos desde chiquitas las dos (…) ella viene a mi casa y yo voy a la casa de ella”.

Así como en otros grupos sociales el grupo de pares emerge como anclaje central durante la adolescencia, en las jóvenes entrevistadas parece ocupar un lugar marginal y de escasa intensidad en términos vinculares. Si a ello se añade el escaso lazo que las adolescentes muestran con respecto a sus vecinos/as y organizaciones comunitarias a nivel local, cabe plantear una circunscripción de las relaciones de apoyo material y contención afectiva a la órbita de las relaciones familiares de la adolescente y/o su pareja. Se analiza a continuación el lugar de estas redes ante la noticia del embarazo de las adolescentes.

5. Actitudes de los integrantes de las redes ante la noticia del embarazo

En este eje están analizadas las actitudes de las parejas, de las familias de origen y de las instituciones educativas a las que concurren las adolescentes. Con relación a las posturas y actitudes de las parejas tras la noticia del embarazo, se observa una heterogeneidad de situaciones y reacciones. Las actitudes oscilan entre la aceptación con alegría y el rechazo, en ocasiones vinculado a la proposición de practicar un aborto y/o al abandono de la adolescente y/o al maltrato. Varias actitudes de rechazo al embarazo por parte de las parejas de las adolescentes entrañan situaciones de violencia, en especial emocional. Las actitudes de las parejas parecen asociadas al tipo de relación que las liga a las adolescentes y al hecho de que el embarazo haya sido planificado o no. Los relatos de las adolescentes que dan cuenta de aceptación del embarazo por parte de sus parejas coinciden mayormente con situaciones en las que el embarazo fue buscado o planificado y la relación vincular entraña cierta permanencia y compromiso. Las actitudes de las familias de origen incluyen las siguientes características:

“Al principio mi mamá quería que abortara porque era muy chica para estar embarazada, no quería que viviera lo mismo que vivió ella (...) Mi papá choco sabiendo que iba a ser abuelo (...) Ahora me siento cuidada”. “P.: tu familia, ¿cómo reaccionó con esto del embarazo? R.: bien, mi mamá primero se enojó muchísimo pero después ya se calmó”.

Las reacciones frente al embarazo de las madres, padres y/o adultos/as a cargo de las adolescentes evidencian, en términos generales, una traza común: asombro–rechazo–aceptación. Transcurrida una etapa inicial en la que la noticia del embarazo se recibe con sorpresa, desconcierto y confusión, se suele precipitar una fase de rechazo y enojo que gradualmente desaparece y se va reconfigurando en actitudes de aceptación. Atendiendo a que estos/as adultos/as aparentemente no consideraban la posibilidad de los embarazos en cuestión, cabe formular algunos interrogantes. ¿Suponían ellos/as que sus hijas no tenían relaciones sexuales genitales? ¿O tal vez que las tenían pero adoptando medidas de prevención del embarazo? En todo caso, que significaciones en torno a la sexualidad de sus hijas subyacen en las representaciones de estos/as adultos/as para quienes el embarazo de ellas remite a algo tan lejano e impensado? El análisis de estos interrogantes excede los alcances del presente trabajo, pero interesa mencionar estos procesos de invisibilización del ejercicio de la sexualidad de las adolescentes.

Resulta significativo que varias adolescentes caracterizan las actitudes de sus madres, padres y/o adultos/as cuidadores frente al embarazo recurriendo a la palabra “sorpresa”. Esto confronta con los hallazgos respecto a los proyectos de padres y madres de las adolescentes en relación a ellas, en los que la maternidad aparece protagónicamente como proceso esperado y naturalizado para sus hijas. Se trataría entones de padres y madres que consideran que los embarazos de sus hijas son poco oportunos en este momento de sus ciclos vitales, aunque deseados y proyectados para su futuro. Desde la perspectiva de padres y madres –para quienes, como previamente desarrollamos,  estudiar y trabajar son los pilares de los proyectos para sus hijas, en tanto los conciben como instrumentos de movilidad social- el embarazo en la adolescencia es visualizado como un condicionante negativo en el bienestar de las adolescentes. Se reproduce de este modo la representación hegemónica del embarazo temprano como reproductor de situaciones de exclusión y como mecanismo que propicia la transmisión intergeneracional de la pobreza (Stern y García 2001).

En menor medida, las actitudes de los/as adultos/as que implican rechazo frente a la noticia del embarazo de las adolescentes aparecen ligadas a objeciones en relación a las parejas de ellas. En el discurso de los padres y las madres, las parejas de sus hijas emergen como responsables del embarazo en cuestión, negando o minimizando el lugar de responsabilidad que también les cabe a sus hijas. En algunas situaciones, estas percepciones en torno a las parejas de las adolescentes se tradujeron en prácticas de maltrato hacia ellos:

“En realidad no les molestó o sea lo que les molestó, no se si les molestó, como que decían porqué él, fue el tema del padre, porque todos sabían que él no sirve para nada (sonríe), pero bueno; muchos le querían pegar (ríe); una cosa medio loca; pero no, estaba bien yo, me cuidaban, me malcriaban, bien, contenta; mi cuñado se enojó un poco. Mi cuñado; se enojó por qué, te dijimos que te cuides, mi mamá medio se [...], pero no, bastante bien, dentro de todo, me acompañaron todo el embarazo”.

Por otro lado, algunas adolescentes refieren actitudes de rechazo frente al embarazo por parte de sus hermanos varones. Ellas aluden a “los celos” de ellos como justificación de tales actitudes, naturalizando el lugar de estos varones en el control de su cuerpo y su sexualidad.

“Tenía miedo de contarle a la familia porque mis hermanos son recelosos”, “yo tengo muchos hermanos y todos ya tienen hijos… y es como que a mis hermanos les cayó muy pesado”, “al principio dejaron de hablarme. Ahora me hablan poco. Pero fue un enojo nada más”.

Se destaca el sentimiento de temor frente a la situación de tener que dar la noticia del embarazo que refieren algunas adolescentes. Mayormente aluden a miedos ligados a la desaprobación por parte de los padres y en menor medida de las madres. También aparecen reparos frente al “que dirá” la familia ampliada. Subyace en las adolescentes la noción del embarazo como un “problema” para la familia de origen, vinculado en gran parte a que consideran que para sus familiares su edad no es la apropiada para ser madre. No se observan en las entrevistadas cuestionamientos o críticas frente a estas percepciones de los/as adultos/as cercanos/as, lo que daría cuenta de una naturalización por parte de ellas de la connotación del embarazo en la adolescencia como “problema”. Las adolescentes presuponen que serán enjuiciadas por su embarazo y justifican esta suposición en que el embarazo es expresión de no haber tomado las medidas anticonceptivas pertinentes. Así, ellas consideran que serán culpabilizadas por no haber evitado el embarazo. No obstante, cabe suponer que socialmente lo que resulta inaceptable es que ellas, en tanto adolescentes, ejerzan libre y autónomamente su sexualidad y mantengan relaciones sexuales genitales –de lo que el embarazo es prueba contundente.

Retomando el análisis de las actitudes de padres y madres frente al embarazo, en la mayoría de los casos en que ellos/as mostraron actitudes iniciales de rechazo, estas actitudes tornaron luego hacia la aceptación y el apoyo, con el transcurrir de la gestación. En gran cantidad de situaciones, las actitudes de aceptación del embarazo por parte de la familia de origen pueden inscribirse en la lógica de la naturalización de la sinonimia mujer=madre. Es decir, si bien mayormente los/as adultos referentes de las adolescentes conciben el embarazo como un problema y presuponen consecuencias negativas a partir de él, esto no implica que la maternidad se haya puesto en cuestión.

Finalmente, respecto a las actitudes en la escuela frente a la noticia del embarazo, se observa que las adolescentes que concurren a la escuela al momento de las entrevistas Expresan que si bien hicieron pública la noticia, las reacciones de compañeros/as, docentes y equipos directivos no implicaron cambios en su relación con ellas. Otras adolescentes ocultan su embarazo en la escuela, en ocasiones con complicidad de sus madres o familiares cercanos. Ellas refieren temor a la no aceptación del embarazo por parte de compañeros/as, docentes y/o directivos/as.

Son muy escasas las adolescentes que expresan haber recibido apoyo y contención por parte de la escuela, y en la amplia mayoría de los casos, las actitudes de acompañamiento y colaboración proceden de compañeros/as más que de docentes y demás integrantes de los establecimientos educativos.

6. Proyectos personales

Partimos de considerar algunas condiciones contextuales en las que se inscriben los proyectos personales de las adolescentes entrevistadas. En primer lugar destacamos la inestabilidad como característica inherente a las actuales condiciones socioeconómicas. Dicha inestabilidad asume condiciones objetivas y a la vez subjetivas, ya que la percepción de incertidumbre frente al futuro atraviesa el campo de las subjetividades. En este contexto, resulta dificultoso planificar proyectos a mediano y largo plazo; la inmediatez y el corto plazo aparecen como los tiempos en los que resulta posible –o al menos más factible- concebir planes a futuro. Esta dificultad para concebir proyectos personales se torna más intensa en los sujetos atravesados por situaciones de vulnerabilidad socioeconómica, quienes se ven prioritariamente abocados a la satisfacción de sus necesidades básicas.

Inscriptas en este contexto, las adolescentes entrevistadas atraviesan otra situación que afecta la definición de proyectos a futuro: ellas transitan un ciclo vital  -la adolescencia- signado por una crisis psicosocial en la cual la identidad se va reconfigurando y definiendo. En este sentido, resulta imposible concebir los proyectos de los/as adolescentes en términos de un proyecto vital unívoco, integrado y monolítico. Por el contrario, debemos concebir tales proyectos en la línea de la provisoriedad, es decir, como heterogéneos, flexibles e inacabados.

Por otro lado, la situación del embarazo entraña un evento vital que interfiere -en algunas situaciones obturando y en otras facilitando- en la planificación de proyectos personales. En términos generales, se observa que cuando el embarazo no ha sido planificado o conscientemente buscado, configura un hito que “paraliza” a las adolescentes: por un lado las obliga a reconsiderar o redefinir proyectos previos y por otro, opera como un “paréntesis” en el que la definición de proyectos queda supeditada a la incertidumbre y en estado de suspensión. “Ahora no puedo pensar en otra cosa más que en el embarazo”.

No obstante, si bien el embarazo probablemente condicione estas dificultades para construir proyectos personales, se infiere a partir de las entrevistas que con anterioridad al embarazo un número significativo de las adolescentes ya carecían de proyectos propios definidos:“Sí, pero no... ahora no... en este momento no tengo [ganas de pensar o nada pensado].(¿qué proyectos tenías antes del embarazo?) Ninguno porque no me gustaba ir al colegio ni... estaba en mi casa y mi casa”

En este marco, a las adolescentes entrevistadas les resulta dificultoso identificar proyectos personales. Algunas de ellas manifiestan directamente no poder imaginar el futuro. Las que relatan proyectos lo hacen generalmente en forma imprecisa y confusa o, por el contrario, en una forma definida y acabada, aludiendo a proyectos de gran envergadura como “ser abogada” o “escribir un libro”. En estos casos, los proyectos parecen narrados desimplicadamente y despojados de las condiciones de existencia de las adolescentes, de modo tal que dejan dudas acerca de las posibilidades concretas que ellas tengan para  alcanzarlos.

“…y me gustaría seguir con lo que es el dibujo, porque yo dibujo siempre, desde los 14  me gustó el dibujo a mi, dibujaba las paredes de mi pieza; me gustaría seguir algo con eso pero no se qué...pero no se tampoco, algo como la gente, tampoco andar dibujando por la calle”.

Las adolescentes que pueden expresar proyectos personales a lo largo de las entrevistas frecuentemente aluden a ellos inscribiéndolos en su maternidad, en proyectos educativos y/o laborales. La maternidad aparece como el proyecto central y prioritario y el resto de los proyectos como supeditados a él. La reinserción escolar así como la inserción laboral se planifican mayormente para momentos posteriores al nacimiento y al cuidado del bebé.

“-¿Y vos qué pensar... eh, me decías, y cuando tengas el bebé qué vas a hacer después? R.: eh... me voy a... cómo se dice, a dedicar a la gorda; después esperar que ella crezca un poquito y después si no retorno a los estudios trabajar “ - Ojalá que sí, ojalá que sí; por lo menos todo lo que me propongo lo termino cumpliendo. El único proyecto que tengo ahora es tener a mi hijo bien...”

En relación a los proyectos educativos, la mayoría de las adolescentes refiere querer concluir la escuela secundaria. Algunas de ellas han abandonado la escolaridad o cambiado de establecimiento o de turno de cursada a raíz del embarazo. La mayoría, no obstante, lo había hecho con antelación al embarazo. Sin embargo, tanto unas como otras manifiestan intenciones de retomar los estudios el próximo año o en el corto plazo. Algunas de las adolescentes expresan que han establecido redes para garantizar el cuidado de sus hijos/as, a fin de que operen  mientras ellas concurran a la escuela. Para ello principalmente han recurrido a madres y hermanas.

Por otro lado, algunas adolescentes planifican realizar algún curso que facilite su inserción laboral –peluquería, inglés, computación, etc.- En términos generales la decisión de realizar estas capacitaciones ha sido tomada instrumentalmente, es decir, en función de motivaciones pragmáticas: estudiar algo para lo que saben o presuponen a priori que pueden conseguir trabajo más fácilmente. No es frecuente que estas decisiones remitan a deseos, vocaciones o proyectos percibidos como conducentes a la realización personal o la felicidad.

“Me dedico a esperarle; ahora, en diciembre, enero puede ser que estudie peluquería. Para cuando el bebé nazca, pueda estar con él un tiempo y después empiezo a trabajar. Porque tengo una tía que... que trabaja ahí, cerca de donde nosotros estamos viviendo que es un... es un shopping. Yo tengo que ir a hacer un curso a otro lado, en una academia y después. Tenés uno de 6 que es muy... muy intensivo, después tenés otro de 9 y... y de 2 o 3 años y medio, así, depende. No tenía pensado; o sea, yo tenía pensado estudiar de policía. Iba a entrar pero no entré porque creía que estaba embarazada”

En lo que atañe a los proyectos laborales, varias adolescentes planifican insertarse en algún trabajo. La mayoría lo visualiza como un hecho que acontecerá una vez transcurrido “el primer tiempo del bebé”. El cuidado de sus hijos/as se presenta como prioritario y, a la vez, la caracterización del futuro trabajo que realizan las entrevistadas da cuenta de una proyección muy vinculada a la obtención de ingresos que permitan garantizar el bienestar de sus hijos/as. Así como en la proyección educativa, la instrumentalidad y el pragmatismo tiñen los discursos en relación a la inserción laboral. Las adolescentes proyectan empleos mayormente desvinculados de sus gustos e intereses, de sus vocaciones o de percepciones de satisfacción personal en relación a ellos.

“¿Y en qué pensás trabajar? R.: en limpieza: P:¿no creés que podés hacer otro tipo de empleo que no sea el de limpieza, o te gusta hacer eso y no buscás otra cosa.... no vas a buscar otra cosa? P.: no sé porque el de limpieza me tomarían primero porque mi mamá conoce mucha gente así; y otra cosa de [volantera].

Se destaca que un número significativo de las entrevistadas expresa querer realizar la Carrera Policial. El ingreso a las fuerzas policiales es percibido como garantía de un empleo en relación de dependencia y del acceso a una cobertura social. Quizás, al mismo tiempo, les permita proyectarse a sí mismas en un marco estabilizador que opere como fuente de construcción de la identidad. En relación a los proyectos que las adolescentes refieren sobre sus hijos/as por nacer, resulta frecuente que ellas enuncien que desean para sus hijos/as aquello que no han tenido durante su infancia.

 

CONCLUSIONES

La investigación permitió explorar los atravesamientos de las construcciones de género en dos grandes campos: por un lado, las imágenes de mujer y varón ideal que portan las adolescentes y sus madres y padres, y por otro, la distribución de tareas en la cotidianeidad de los hogares. En relación con imágenes y expectativas respecto a los roles de género de las propias adolescentes, del análisis de la evidencia recabada se concluye que no se puede considerar a las adolescentes como un bloque homogéneo sino que ellas muestran heterogeneidades respecto a sus posicionamientos. Por un lado se ubican adolescentes cuyas narrativas dan cuenta de una reproducción de los patrones de género hegemónicos, por otro lado, adolescentes que expresan aperturas con respecto a las concepciones de género tradicionales y finalmente aquellas que portan discursos en los que coexisten continuidades y rupturas respecto a las normatividades masculinas y femeninas.

En el primer caso, se observaron concepciones de género convencionales, sustentadas en una división de tareas y roles según sexo: la mujer es la responsable de la crianza de los/as hijos/as y las tareas domésticas mientras que el varón el encargado del sostenimiento económico del hogar. Se expresa una dicotomía entre el mundo doméstico como exclusividad de las mujeres y el mundo público laboral como perteneciente a la esfera masculina. Se observan asimismo  reediciones de estereotipos y normatividades de género: se establecen diferenciaciones entre los comportamientos, capacidades y valoraciones sustentadas en la diferencia sexual. El varón es concebido con mayores capacidades para ocupar cargos de poder en el campo político y también para el manejo del dinero, en tanto se significa a la mujer como naturalmente dotada para el ejercicio de funciones expresivas/ afectivas.

En el segundo caso, las adolescentes muestran en sus narrativas rupturas respecto a las normatividades de género y, simultáneamente, reproducen estereotipos. Así, reivindican la inserción de la mujer en el trabajo remunerado y la importancia de que ella administre dinero y obtenga un alto nivel educativo. Sin embargo, los quiebres respecto a las concepciones de género hegemónicas se hacen presentes en la concepción de la mujer y no en la del varón. Si bien del varón se esperan actitudes que no se condicen con el estereotipo masculino: que sea bondadoso, compañero, etc., en general se espera de él que sea el principal sustento económico del hogar (el ingreso de la mujer aparece desjerarquizado como mero “complemento”). Asimismo, la participación en las tareas domésticas y de cuidado por parte de los varones no es descripta como un rasgo que debiera tener el hombre ideal.

En el tercer caso, las adolescentes expresan indicios de apertura hacia significaciones de género no tradicionales. Se observan dislocaciones de la normatividad femenina hegemónica: se destaca la cualidad de la inteligencia de las mujeres, la capacidad de razonamiento, la responsabilidad, como así también la autonomía. Estas adolescentes están a favor de la participación protagónica de las mujeres en la esfera pública y del reparto equitativo de tareas domésticas y de cuidado en el hogar. Estos planteos remiten a la equidad de género, y se oponen a la idea de roles sociales diferenciados dicotómica y monolíticamente según la diferencia sexual. Estos resultados permiten abonar la hipótesis: Es probable que estas adolescentes hayan iniciado procesos de reflexión sobre las concepciones tradicionales de género y estén construyendo modelos de masculinidad y femineidad alternativos al modelo tradicional.

A pesar que se observaron ciertas ambigüedades con respecto a los patrones de género (entre el nivel de los discursos que sostienen la igualdad de género y la realidad cotidiana en la que las adolescentes se encuentran insertas, dedicadas mayoritariamente a ser madres y como principales responsables de las labores domésticas), se considera de relevancia recuperar las aperturas respecto a las concepciones de género dominantes, indicios que están mostrando de alguna manera fisuras en el ordenamiento social patriarcal. Aperturas que a la vez señalan distanciamientos respecto a las imágenes que, desde la perspectiva de las adolescentes, tienen sus padres y madres acerca de los modelos de varón y mujer ideal, imágenes mayormente ancladas en los patrones de género hegemónicos.

Respecto al análisis de la distribución de tareas en el hogar, partimos de considerar a la familia como constructora de ideología, sistema de autoridad y de poder, como el lugar donde los sujetos negocian sentidos de identidad. Desde esta perspectiva, la organización doméstica no cumple solamente un rol necesario para la reproducción social, sino que contempla también un componente  de innovación y politización (Jelin, 1984). En las entrevistas se evidencia, en términos generales, una activa participación de las adolescentes, sus madres y otras mujeres de la familia en el control del dinero y la toma de decisiones vinculadas a sus usos. Esta situación configura una esfera de poder de las mujeres en la cotidianeidad. Nuestra postura apunta a revalorizar el trabajo cotidiano que las mujeres realizan en el ámbito doméstico, reconociendo su componente social y político y la relevancia que representa para la producción y reproducción de la cultura y de la sociedad. Consideramos la relevancia de diseñar estrategias de intervención que recuperen y capitalicen los indicios de aperturas de concepciones convencionales de género que emergen en las narrativas de las adolescentes, como instancias que posibiliten la reflexión y generación de proyectos vitales que entrañen luchas en torno a la equidad de género.

En relación a las redes sociales de las adolescentes analizadas, llama la atención la escasez de vínculos de proximidad, tanto en términos de amistades y de vecindad como de lazos comunitarios a nivel local.  En términos generales se trata de redes empobrecidas, con escasos vínculos de confianza e intensidad entre sus miembros. Esta falta de articulación con el espacio local, evidenciada en la limitada inserción en lazos comunitarios y de vecindad, puede potenciar las desigualdades sociales que atraviesan las adolescentes.  Este resultado es preocupante si se lo considera en términos de las redes de protección con las que pueden contar las adolescentes ante eventuales situaciones de violencia.

 

AGRADECIMIENTOS

A los equipos profesionales y no profesionales de los Servicios de Adolescencia, Neonatología, Pediatría y Sala de Internación del Hospital Cosme Argerich y al Centro de Salud Nº 15 del Área Programática del Hospital y los integrantes del Consultorio de Violencia Familiar del Hospital.

 

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