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Pediatría (Asunción)

versão On-line ISSN 1683-9803

Pediatr. (Asunción) v.33 n.2 Asunción dez. 2006

 

EDITORIAL

 

Sida en infancia y adolescencia: ¿Aprendemos de lo que sabemos?

AIDS in Childhood and Adolescence: Will we learn from what we know?

 

Dr. Néstor Zawadzki

 


"Si el hombre es formado por las circunstancias entonces formemos las circunstancias humanamente” J. Saramago.

Puede parecer paradójico que en este siglo denominado La Era de la Información la confusión se constituya en el nudo gordiano de la salud pública. Se atribuye al epidemiólogo Geoffrey Rose el reconocer que “un gran número de personas expuestas a un riesgo leve pueden generar más casos que un número reducido de personas expuestas a un gran riesgo” y cuando de confusión se trata, nada mas atinado. Un ejemplo es la pandemia de VIH/SIDA en el contexto de las prácticas sexuales y adicciones en la adolescencia.

Como pediatras hemos recibido mucha información sobre el adolescente y su mundo. Las neurociencias nos indican que unos pocos neurotransmisores determinan los patrones emocionales y condicionan costumbres, percepción de la vida y relaciones afectivas, reduciendo el comportamiento sexual a un minimalismo químico que determina un plazo biológico a los afectos. (Hoffmann)

La psicología aportó el mapa para andar y desandar los más intrincados caminos de la mente y entender que “en el niño el alma no ha tenido tiempo suficiente para labrar su propio retrato en el cuerpo a su servicio” (Ortega); que la ventana del televisor no solo interpreta vidas ajenas, sino que modela la propia.

La sociología demuestra que evolucionamos en algún sentido y generamos nuevos patrones de adaptación, conducta y de relacionamiento sobre la base de la supervivencia del más apto. Charles Darwin, padre de la Teoría de la Evolución, evitaba de forma consciente utilizar la palabra evolución, por las connotaciones, no de cambio, que sí las tiene, sino de cambio con progreso o mejora, lo que para él carecía de un estricto rigor biológico. La historia demuestra que en este inexorable apuro biológico, aún no aprendimos de los errores y probablemente los seres inferiores en la escala biológica, podrían estar mejor adaptados a la supervivencia (Mora). Incorporamos mucho conocimiento pero ¿hemos aprendido en este proceso o nos quedamos atónitos recopilando datos?

Somos un organismo complejo que contempla su entorno y que se contempla a sí mismo. Nos percibimos como un cuerpo que ocupa un espacio en un mundo físico que contiene otros cuerpos. La vida tiene dos caras. “La” vida “biológica” que percibimos como una propiedad esencial y “nuestra” vida “anímica”, que sentimos, pensamos y hacemos. Este proceso vital presenta un período de crisis determinado por los intentos de ensayo y error de opciones mas adecuadas en la transición hacia la vida adulta.

Muchas culturas facilitaron este proceso por la instauración de rituales y prácticas de iniciación o de inserción en el rol adulto de la comunidad, donde los adultos delimitaban y acompañaban el proceso como referente. Sin embargo, la modernidad que exige el cambio mágico de aquello que parezca primitivo, reemplazó estas prácticas colectivas por procesos más bien individualistas bajo el lema de ejercicio de la libertad como acción irrestricta. La confusión emocional e intelectual de esta etapa no considera el perjuicio irresponsable generado por esta acción. El adolescente oscila permanentemente entre la “insostenible levedad” de ser absolutamente irresponsable, dado que frente a un mundo físico absolutamente determinado da lo mismo cualquier cosa que se haga, y la “insoportable gravedad” de ser absolutamente responsable, dado que los actores de una historia pueden alterar lo que acontece en ella (Chiozza).

La angustia que acompaña este proceso y la soledad implícita y explícita sugieren alternativas de evasión, prácticas que se ocultan en la perversa tranquilidad de aquellos que en vez de diseñar y ejecutar estrategias de contención y políticas públicas de prevención y protección del adolescente, optan por la ignorancia o el beneficio oportunista. (Sirva como ejemplo la anulación de la ordenanza municipal 114/03 (“Edicto Riera”) a cambio de votos en las últimas elecciones municipales de Asunción.)

Los datos del Observatorio Paraguayo de Drogas SENAD) (1) revelan que en Asunción la edad de inicio el consumo de alcohol, tabaco y tranquilizantes es alrededor de 13,5 años; el consumo de marihuana cocaína se inicia promediando los 15,2 años. Estas edades coinciden con las de inicio de actividad sexual y demuestran una alarmante realidad: la fractura entre libertad y responsabilidad, es decir la pérdida del instinto protección bajo la alienación del alcohol, medicamentos de acción psicotrópica y/o drogas ilícitas.

En este contexto, el aporte del artículo original Conocimientos, actitudes y prácticas acerca del VIH/ SIDA en jóvenes de nivel medio de educación, del área metropolitana, Paraguay” (2) aporta una valiosísima información en dos sentidos: nos muestra la realidad desde la perspectiva de los niños y adolescentes que son nuestros pacientes y, por otro lado, nos llama a la reflexión y el análisis acerca de nuestros propios conocimientos al respecto y la responsabilidad de actuar como agentes multiplicadores de información adecuada y oportuna. Sin lugar a dudas el adolescente vive tiempos difíciles, pero una fórmula para sobrevivir a estos tiempos sea, como sugiere Hoffmann, “construir el amor a través de actos de confianza que refuercen el vínculo y con pruebas de la eficacia que cada uno tiene para contener al otro”. En materia de sexualidad, cuando la confusión impera, podemos coincidir con Eduardo Galeano en que desnudarse debe imponer necesariamente el “desdudarse” (3).

 

REFERENCIAS

1. Secretaría Nacional Anti Drogas (SENAD. Observatorio Paraguayo de Drogas. Consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes: resultados de la encuesta nacional sobre prevalencia de consumo de drogas, factores de riesgo y prevención en jóvenes escolarizados de 12 a 18 años. Asunción: OEA/CICAD; 2004.

2. Macchi ML, Benitez Leite S, Corvalán A, Nuñez C, Ortigoza D. Conocimientos, actitudes y práctivas acerca del VIH/SIDA en jóvenes de nivel medio de educación, del área metropolitana, Paraguay. Pediatr. (Asunción). 2006;33(2):98-107.

3. Galeano E. La noche: “arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.” En: Galeano E. El viaje. Madrid: Kliczkowski; 2006.p.18.