INTRODUCCIÓN
Las redes sociales digitales se han convertido en un eje central de interacción, comunicación y entretenimiento durante la adolescencia, una etapa particularmente sensible al desarrollo psicosocial. El uso intensivo de estas plataformas ha sido vinculado con diversos problemas de salud mental, entre ellos ansiedad, depresión, trastornos del sueño y aislamiento social.1
En este sentido, estudios recientes realizados en distintos contextos socioculturales evidencian que el uso problemático de redes sociales en jóvenes y adolescentes se asocia de manera consistente con un mayor riesgo de síntomas depresivos, ansiosos y de estrés psicológico.2 Asimismo, revisiones sistemáticas y metaanálisis señalan que no solo el tiempo de exposición, sino también el patrón de uso —como el consumo pasivo de contenidos, el uso nocturno prolongado o la conducta compulsiva— puede intensificar los efectos negativos sobre la salud mental.3 Estos hallazgos sugieren que el impacto de las redes sociales es un fenómeno complejo, mediado por factores individuales, conductuales y contextuales.
A pesar de la creciente evidencia internacional, en Paraguay los estudios sobre la relación entre redes sociales y salud mental en adolescentes siguen siendo limitados, especialmente en contextos rurales y zonas fronterizas como Alberdi, departamento de Ñeembucú. Esta carencia de evidencia local resulta relevante, considerando que los factores sociales, culturales, educativos y de accesibilidad propios del medio rural pueden modificar la forma en que los adolescentes interactúan con las redes sociales y experimentan sus efectos sobre la salud mental.
En este marco, el presente estudio tiene como objetivo analizar la relación entre el uso intensivo de redes sociales y la presencia de síntomas de ansiedad y depresión en estudiantes del sistema educativo público de Alberdi, Ñeembucú, con el fin de aportar evidencia local que contribuya a la comprensión del impacto psicosocial de estas plataformas en comunidades rurales y oriente posibles intervenciones en el ámbito de la salud pública.
MATERIALES Y MÉTODO
Se realizó un estudio observacional, transversal y analítico en adolescentes de 12 a 18 años matriculados desde el 7º grado hasta el 3º de la media en instituciones públicas de Alberdi, departamento de Ñeembucú, Paraguay, durante el periodo de abril a agosto de 2025. El muestreo fue no probabilístico por conveniencia. Se incluyeron estudiantes que asistían regularmente a clases, tenían acceso a redes sociales y aceptaron participar mediante asentimiento informado y consentimiento de padres o tutores. Se excluyeron aquellos con diagnósticos psiquiátricos previos documentados o que no completaron los instrumentos de evaluación.
Los datos se obtuvieron mediante un cuestionario estructurado sobre el uso de redes sociales y las escalas PHQ-9 y GAD-7, ambas validadas al español y con adecuada consistencia interna en población adolescente hispanohablante. Para la clasificación de severidad, en el PHQ-9 se establecieron los siguientes puntos de corte: 0–4 mínima, 5–9 leve, 10–14 moderada, 15–19 moderadamente grave y 20–27 grave; para el GAD-7: 0–4 mínima, 5–9 leve, 10–14 moderada y 15–21 grave. Se definió depresión moderada a grave como un puntaje PHQ-9 ≥10 y ansiedad moderada a grave como GAD-7 ≥10.
Los cuestionarios fueron autoadministrados durante el horario escolar, en un entorno que garantizaba la privacidad de los participantes, bajo supervisión de los investigadores.
El análisis estadístico se realizó utilizando el software R (R Foundation for Statistical Computing, Viena, Austria), empleando estadística descriptiva, pruebas de chi-cuadrado y razones de prevalencia con intervalos de confianza del 95%. Se consideró estadísticamente significativo un valor de p < 0,05.
El estudio cumplió con los principios de la Declaración de Helsinki y con las normativas del Comité de Ética de Investigación del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social del Paraguay. Se obtuvo autorización formal de los directores de las instituciones y se garantizó la confidencialidad y el anonimato de los datos. Todos los participantes brindaron asentimiento informado y sus padres o tutores firmaron el consentimiento informado correspondiente.
RESULTADOS
Se analizaron 283 encuestas de adolescentes (edad media: 14,4 ± 1,7 años; 52,3% mujeres). La totalidad de los participantes disponía de un teléfono móvil con acceso a internet. El patrón de uso predominante de redes sociales fue "varias veces al día" (72,1%). Las plataformas más utilizadas fueron TikTok (53,4%), WhatsApp (49,1%) e Instagram (42,4%). El 20% de los adolescentes refirió utilizar redes sociales siempre después de la medianoche.
En cuanto al tiempo de uso diario, el 30,0% utilizaba redes sociales más de 4 horas al día, el 21,9% entre 3 y 4 horas, el 26,9% entre 1 y 2 horas y el 21,2% menos de una hora (Tabla 1).
Tabla 1. Distribución de los adolescentes según tiempo de uso diario de redes sociales (n = 283)
| Horas de uso diario | Frecuencia | Porcentaje (%) |
|---|---|---|
| <1h | 60 | 21,2 |
| 1-2hs | 76 | 26,9 |
| 3-4hs | 62 | 21,9 |
| >4hs | 85 | 30,0 |
| Total | 283 | 100 |
En relación con los síntomas depresivos evaluados mediante el PHQ-9, el 36,4% de los adolescentes no presentó depresión, mientras que el 31,8% presentó depresión leve, el 19,1% depresión moderada, el 9,2% depresión moderadamente grave y el 3,5% depresión grave (Tabla 2).
Tabla 2. Prevalencia de síntomas depresivos (PHQ-9)
| Categoría | Frecuencia | Porcentaje (%) |
|---|---|---|
| Sin depresión | 103 | 36,4 |
| Depresión leve | 90 | 31,8 |
| Depresión moderada | 54 | 19,1 |
| Depresión moderadamente grave | 26 | 9,2 |
| Depresión grave | 10 | 3,5 |
En relación con los síntomas ansiosos evaluados mediante el GAD-7, el 37,5% de los adolescentes no presentó ansiedad, mientras que el 35,0% presentó ansiedad leve, el 18,0% ansiedad moderada y el 9,5% ansiedad grave (Tabla 3).
Tabla 3. Prevalencia de síntomas ansiosos (GAD-7)
| Categoría | Frecuencia | Porcentaje (%) |
|---|---|---|
| Sin ansiedad | 106 | 37,5 |
| Ansiedad leve | 99 | 35,0 |
| Ansiedad moderada | 51 | 18,0 |
| Ansiedad grave | 27 | 9,5 |
La prevalencia global de depresión moderada a grave (PHQ-9 ≥10) fue del 32,2%, mientras que la de ansiedad moderada a grave (GAD-7 ≥10) alcanzó el 27,6%. En el análisis mediante regresión de Poisson con varianza robusta, el uso de redes sociales durante más de 4 horas diarias se asoció con mayor probabilidad de depresión (RP: 1,60; IC95%: 1,14–2,23; p=0,0058) y ansiedad (RP: 1,90; IC95%: 1,31–2,74; p=0,0006) en comparación con un uso de ≤4 horas diarias. Asimismo, el uso de redes sociales "siempre" después de la medianoche se asoció significativamente con depresión (RP: 1,59; IC95%: 1,12–2,25; p=0,0098) y ansiedad (RP: 1,56; IC95%: 1,05–2,32; p=0,0293).
La Figura 1 muestra un incremento progresivo de la prevalencia de síntomas según las horas de uso diario: los adolescentes que utilizaban redes sociales más de 4 horas al día presentaron una prevalencia de depresión del 43,5% y de ansiedad del 41,2%, en contraste con el 25,0% y 18,3%, respectivamente, entre quienes las utilizaban menos de una hora.

Figura 1. Prevalencia de depresión (PHQ-9 ≥10) y ansiedad (GAD-7 ≥10) según horas de uso diario de redes sociales.
Se observaron asociaciones estadísticamente significativas entre mayor tiempo de uso de redes sociales y la presencia de síntomas depresivos y ansiosos (p<0,05). Asimismo, el uso nocturno se asoció significativamente con síntomas emocionales y con conductas de uso problemático, como la dificultad para dejar de utilizar redes sociales y el abandono de actividades cotidianas (p<0,01 en todos los casos).
DISCUSIÓN
Este estudio muestra que la adolescencia constituye una etapa de especial vulnerabilidad en términos de salud mental, particularmente en contextos rurales y fronterizos. Nuestros resultados son consistentes con investigaciones latinoamericanas que han documentado la asociación entre el uso problemático de redes sociales y una mayor prevalencia de síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes.3,4,5 En estudios realizados en Brasil, la prevalencia de depresión moderada a grave en adolescentes fue cercana al 17%,6 mientras que en Argentina se ha descrito una alta carga de malestar psicosocial en adolescentes escolares.7 En Chile se han reportado cifras aún mayores, cercanas al 35,2%.8 En nuestra investigación las prevalencias también fueron elevadas (32,2% en depresión y 27,6% en ansiedad), situándose por encima de lo reportado en Brasil y dentro del rango alto observado en la región, lo que podría relacionarse con características propias del contexto rural de Alberdi.
Estos hallazgos, alineados con reportes regionales que sitúan las prevalencias de depresión y ansiedad en el rango del 18–35% en entornos escolares,1,2,3,4,5,6 sugieren que factores socioculturales y hábitos específicos —como el uso nocturno frecuente— podrían potenciar la asociación entre la exposición a redes sociales y la presencia de síntomas emocionales. Una revisión sistemática identificó que el uso problemático de redes sociales se asocia con mayor probabilidad de síntomas depresivos, ansiosos y estrés psicológico en adolescentes y jóvenes.9 De igual manera, análisis poblacionales han mostrado que esta asociación persiste tras ajustar por factores individuales y familiares.10
En relación con el tiempo de uso diario, nuestros hallazgos evidencian un claro gradiente dosis–respuesta. Los adolescentes que utilizaban redes más de 4 horas diarias presentaron mayor probabilidad de síntomas depresivos (RP: 1,60) y ansiosos (RP: 1,90) en comparación con aquellos con menor tiempo de uso. Estudios internacionales han descrito asociaciones similares en contextos de uso intensivo, donde se han observado mayores alteraciones del sueño, incremento en la comparación social negativa y mayor vulnerabilidad emocional.1
Además, estudios previos han señalado que el uso problemático de Internet y de redes sociales se asocia con desregulación emocional en adolescentes, sugiriendo que no solo la cantidad de tiempo, sino también la forma de uso, puede influir en la salud mental.11 Investigaciones en entornos escolares también han descrito que una mayor dependencia de internet y redes sociales se vincula con mayor frecuencia de trastornos mentales.12 Revisiones recientes han señalado que la exposición intensiva a redes sociales puede afectar tanto la estabilidad emocional como la calidad del sueño.13 Por su parte, estudios longitudinales sugieren que el incremento progresivo del uso de redes sociales podría preceder al aumento de síntomas depresivos, aportando plausibilidad temporal a la relación observada.14,15
Este estudio presenta algunas limitaciones. El muestreo por conveniencia puede limitar la generalización de los resultados. El diseño transversal no permite establecer relaciones causales ni la dirección temporal de las asociaciones observadas. Además, la información se obtuvo mediante autoinforme, lo que podría introducir sesgo de recuerdo o deseabilidad social. Sin embargo, el uso de instrumentos validados y el tamaño muestral fortalecen la consistencia de los hallazgos.
En conclusión, en esta población adolescente, un mayor tiempo de exposición a redes sociales y el uso nocturno se asociaron con mayor frecuencia de síntomas depresivos y ansiosos. Estos resultados resaltan la necesidad de estrategias de promoción de hábitos digitales saludables y de fortalecimiento de la salud mental en comunidades rurales como Alberdi, donde la dependencia digital podría ser mayor debido a la escasez de alternativas recreativas y de servicios especializados.














