INTRODUCCIÓN
Los trastornos respiratorios del sueño (TRS) en la población pediátrica representan un espectro de condiciones que van desde el ronquido primario hasta la forma más severa, el síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS). Estas patologías constituyen un problema de salud pública significativo, con una prevalencia estimada que puede afectar hasta a un 27% de los niños1. La interrupción crónica del sueño y la hipoxia intermitente asociadas a los TRS tienen consecuencias deletéreas bien documentadas, impactando negativamente enel desarrollo neurocognitivo, el rendimiento académico, la regulación emocional y el comportamiento del niño. Además, se han descrito secuelas a nivel cardiovascular y metabólico que pueden perpetuarse hasta la vida adulta, subrayando la necesidad de una detección y manejo tempranos2.
La comunidad odontológica, y en particular la odontopediatría, desempeña un papel crucial en la identificación de niños en riesgo de padecer TRS. Existe una relación intrínseca entre la permeabilidad de la vía aérea superior y las características del complejo craneofacial. Factores como mandíbula retruida, paladar estrecho y alto, maloclusiones de Clase II y respiración bucal crónica son hallazgos clínicos frecuentes en la consulta dental que están fuertemente asociados con un mayor riesgo de colapso de la vía aérea durante el sueño3,4. Por ello, el odontólogo se encuentra en una posición privilegiada para observar estos indicadores anatómicos y funcionales y actuar como un agente de primera línea en el tamizaje de estos trastornos5.
A pesar del creciente reconocimiento del rol del odontólogo en la salud del sueño pediátrico, a menudo existe una laguna en el conocimiento sobre la frecuencia real de los síntomas de TRS dentro de las poblaciones específicas que acuden a las clínicas dentales. La cuantificación de este problema en el entorno clínico diario es un paso fundamental para justificar la implementación de protocolos de tamizaje sistemáticos y fomentar una cultura de colaboración interdisciplinaria con médicos especialistas del sueño, pediatras y otorrinolaringólogos. Disponer de datos locales permite sensibilizar tanto a los profesionales como a los padres sobre la importancia de estos hallazgos.
Por lo tanto, el objetivo de este estudio fue determinar la frecuencia de síntomas asociados a los trastornos respiratorios del sueño y caracterizar el perfil de riesgo en la población pediátrica que asiste al Instituto de Odontología Avanzada, mediante la aplicación del Cuestionario Pediátrico de Sueño.
METODOLOGÍA
Se realizó un estudio de tipo observacional, descriptivo y transversal para determinar la frecuencia de síntomas asociados a trastornos respiratorios del sueño en una población pediátrica. La población de estudio estuvo conformada por pacientes de entre 3 y 15 años de edad que asistieron a consulta en el Instituto de Odontología Avanzada durante el 2024 y 2025. El muestreo fue de tipo no probabilístico por conveniencia, reclutando a todos los pacientes que cumplieron con los criterios de selección durante el período de estudio, hasta alcanzar un tamaño muestral de 85 participantes. Se incluyeron aquellos pacientes cuyos padres o tutores legales aceptaron voluntariamente participar y firmaron el consentimiento informado. Se excluyeron del estudio los pacientes con síndromes craneofaciales diagnosticados, trastornos neurológicos severos o cualquier otra condición médica compleja que pudiera interferir con la evaluación del sueño y que no fuera el objeto principal de la investigación.
Para la recolección de datos se utilizó como instrumento principal el Cuestionario Pediátrico de Sueño (PSQ, por sus siglas en inglés)6,7 una herramienta validada internacionalmente para el tamizaje de trastornos respiratorios del sueño en niños, que fue respondida por los padres o tutores. Este cuestionario consta de 22 ítems con respuestas de tipo "Sí", "No" o "No sabe", que evalúan dominios clave como ronquido, problemas respiratorios, somnolencia diurna y problemas de conducta. Las variables de estudio incluyeron características sociodemográficas como el sexo (femenino/masculino) y la edad (registrada como variable continua y posteriormente categorizada en dos grupos: 3 a 8 años y 9 a 15 años para el análisis). La variable de resultado principal fue el Perfil de Riesgo, categorizada como "Riesgo" o "No Riesgo" de acuerdo con los criterios de puntuación estandarizados del PSQ.Para determinar si tienen riesgo o no de las 22 preguntas del cuestionario 6 deben ser positivas, es decir, al 30% de las preguntas del cuestionario.
El análisis de los datos se realizó utilizando STATA 18.0. Se aplicó estadística descriptiva para resumir las variables; las variables categóricas (sexo, grupo de edad, perfil de riesgo y respuestas a cada ítem del cuestionario) se presentaron como frecuencias absolutas y porcentajes (n, %). La edad, como variable continua, se expresó mediante su media y desviación estándar (DE). Para el análisis inferencial, se utilizó la prueba de Chi-cuadrado (χ²) con el fin de evaluar la existencia de una asociación estadística entre el perfil de riesgo y las variables demográficas de sexo y grupo de edad. Se estableció un nivel de significancia estadística de p < 0.05.
En cuanto a las consideraciones éticas, el estudio se adhirió a los principios de la Declaración de Helsinki. Se garantizó la confidencialidad y el anonimato de los datos de los participantes. El protocolo de investigación fue sometido a revisión y aprobado por el Comité de Ética de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Caaguazú (FOUNCA), recibiendo el Dictamen favorable 07/2024.
RESULTADOS
La muestra del estudio estuvo compuesta por 85 niños, con una edad promedio de 8,84 ± 2,15 años. Se observó un ligero predominio del sexo femenino, con 50 participantes (58,8 %) frente a 35 del sexo masculino (41,2 %). La distribución por grupos de edad fue equilibrada, con 39 niños (45,9 %) en el rango de 3 a 8 años y 46 niños (54,1 %) en el de 9 a 15 años. En cuanto a la evaluación de riesgo basada en el cuestionario, 36 participantes (42,4 %) fueron clasificados dentro del perfil de "Riesgo", mientras que los 49 restantes (57,6 %) se categorizaron como "No Riesgo", lo que indica una proporción considerable de la muestra con sintomatología sugestiva de TRS (Tabla1).
Tabla 1: Características de los participantes
| n (%) | |
|---|---|
| Sexo | |
| Femenino | 50 (58,8) |
| Masculino | 35 (41,2) |
| Edad | |
| 3 a 8 años | 39 (45,9) |
| 9 a 15 años | 46 (54,1) |
| Riesgo | |
| Si | 36 (42,4) |
| No | 49 (57,6) |
Los resultados de la aplicación del Cuestionario Pediátrico de Sueño revelaron una notable frecuencia de síntomas cardinales de TRS. Entre los hallazgos más significativos, se encontró que el 29,4 % de los niños (n = 25) presenta un ronquido de forma ruidosa y el 22,4 % (n = 19) ronca más de la mitad del tiempo. La respiración bucal diurna, un importante signo clínico, fue reportada en el 37,7 % de los casos (n = 32). Asimismo, son relevantes los síntomas que reflejan una mala calidad del sueño, como despertarse cansado por las mañanas (27,1 %, n = 23) y la dificultad para despertar al niño (38,8 %, n = 33). También se observó una alta frecuencia de síntomas relacionados con la atención y el comportamiento, destacando que el 41,7 % (n = 35) "no parece escuchar lo que se dice" y el 37,7 % (n = 32) "se distrae fácilmente con estímulos irrelevantes", lo que podría ser una consecuencia directa de un sueño no reparador (Tabla 2).
Tabla 2: Resultados de la aplicación del Cuestionario Pediátrico de sueño (n = 85)
| Si | No | No sabe | |
|---|---|---|---|
| Ronca más de la mitad del tiempo | 19 (22,4) | 61 (71,8) | 5 (5,9) |
| Roncasiempre | 16 (18,8) | 65 (76,5) | 4 (4,7) |
| Ronca de forma ruidosa | 25 (29,4) | 56 (65,9) | 4 (4,7) |
| Tiene problemas o dificultad para respirar | 8 (9,4) | 72 (84,7) | 5 (5,9) |
| Tiene una respiración ruidosa o profunda | 8 (9,4) | 73 (85,9) | 4 (4,7) |
| Ha visto a su hijo parar de respirar por la noche | 4 (8,3) | 41 (85,4) | 3 (6,3) |
| Tiene tendencia a respirar con la boca abierta durante el día | 32 (37,7) | 49 (57,7) | 4 (4,7) |
| Tiene la boca seca cuando se despierta por las mañanas | 29 (34,1) | 43 (50,6) | 13 (15,3) |
| De vez en cuando moja la cama | 20 (23,5) | 63 (74,1) | 2 (2,4) |
| Se despierta cansado por las mañanas | 23 (27,1) | 58 (68,2) | 4 (4,7) |
| Se queja que tiene sueño durante el dia | 11 (12,9) | 71 (83,5) | 3 (3,5) |
| Su profesor o cualquier otro cuidador le ha comentado que se queda dormido en el dia | 2 (2,4) | 82 (96,5) | 1 (1,2) |
| Le cuesta despertar a su hijo por la mañana | 33 (38,8) | 51 (60,0) | 1 (1,2) |
| Su hijo se queja de dolor de cabeza por las mañanas | 10 (11,8) | 74 (87,1) | 1 (1,2) |
| Ha tenido alguna vez un paro en su crecimiento | 4 (4,7) | 79 (92,9) | 2 (2,4) |
| Suhijotienesobrepeso | 8 (9,4) | 75 (88,2) | 2 (2,4) |
| No parece escuchar lo que se dice | 35 (41,7) | 47 (55,9) | 2 (2,4) |
| Tiene dificultad para organizar sus actividades | 17 (20,2) | 66 (78,6) | 1 (1,2) |
| Se distrae fácilmente con estimulos irrelevantes | 32 (37,7) | 48 (56,5) | 2 (5,9) |
| Molesta moviendo las manos o los pies | 30 (35,3) | 53 (62,4) | 2 (2,4) |
| Esta permanente en marcha como si tuviera un motor | 30 (35,3) | 52 (61,2) | 3 (3,5) |
| Interrumpe las conversaciones o los juegos | 28 (32,9) | 52 (61,2) | 5 (5,9) |
Al analizar la relación entre el perfil de riesgo y las características demográficas, no se encontraron asociaciones estadísticamente significativas. En la distribución por sexo, el 62,0 % de las niñas (n = 31) y el 51,4 % de los niños (n = 18) fueron clasificados en el grupo de riesgo; sin embargo, esta diferencia no fue estadísticamente significativa (p = 0,332). De manera similar, al comparar los grupos de edad, el 38,5 % de los niños de 3 a 8 años (n = 15) y el 45,7 % de los de 9 a 15 años (n = 21) se encontraron en el perfil de riesgo, una diferencia que tampoco alcanzó significancia estadística (p = 0,504). Estos resultados sugieren que, en esta muestra, el riesgo de presentar síntomas de TRS es independiente del sexo y la edad del participante (Tabla 3).
DISCUSIÓN
El hallazgo principal de este estudio es la notablemente alta frecuencia de riesgo para trastornos respiratorios del sueño (TRS), identificada en un 42,4 % de la población pediátrica evaluada en un entorno odontológico. Esta cifra, si bien elevada, es consistente con la literatura que reporta frecuencias de riesgo que oscilan alrededordel 25 % en poblaciones pediátricas generales y especializadas8,9. De hecho, estudios realizados en poblaciones ortodóncicas, que a menudo presentan factores de riesgo anatómicos, han reportado frecuencias de riesgo incluso superiores, lo que subraya cómo las características craneofaciales evaluadas por el odontólogo concentran a pacientes de alto riesgo10. La magnitud de nuestro hallazgo recalca que la consulta dental no es únicamente un espacio para tratar caries o maloclusiones, sino un punto de vigilancia sanitaria fundamental para problemas sistémicos con manifestaciones orales.
Es de particular relevancia comparar nuestros resultados con los de estudios realizados en el contexto local. Por ejemplo, una investigación previa llevada a cabo en la misma institución en 2018 por Bejarano11 encontró una frecuencia de riesgo de TRS en pacientes de ortodoncia de 23 %. La consistencia y aumento de estos hallazgos a lo largo del tiempo en la misma clínica refuerza la noción de que esta población específica presenta un riesgo elevado y subraya la necesidad de mantener protocolos de tamizaje continuos.
Más allá del perfil de riesgo general, la frecuencia de síntomas específicos como la respiración bucal diurna (37,7 %) y el ronquido ruidoso (29,4 %) es particularmente reveladora. Es importante aclarar que nuestra población de estudio incluyó tanto niños que recibieron atención odontopediátrica como ortodóncica, lo que puede explicar en parte la elevada frecuencia observada, ya que los pacientes ortodóncicos frecuentemente presentan factores de riesgo anatómicos asociados con TRS.La respiración bucal crónica es un factor etiológico reconocido en el desarrollo de un paladar estrecho, mordida cruzada y un patrón de crecimiento facial vertical, alterando la arquitectura que soporta la vía aérea superior12,13. Paralelamente, el ronquido habitual es consistentemente señalado como el síntoma cardinal y el predictor más fuerte de SAOS en la infancia14,15. La frecuencia de estos hallazgos en nuestra muestra, observada en un entorno no especializado en sueño, constituye un llamado de atención y destaca la oportunidad única del odontólogo para correlacionar la salud oral con la función respiratoria, tal como proponen diversas guías clínicas5,16.
Otro hallazgo secundario de gran relevancia fue la alta frecuencia de síntomas neuroconductuales reportados por los padres, como la percepción de que el niño "no parece escuchar" (41,7 %) o "se distrae fácilmente" (37,7 %). La literatura científica ha establecido de forma robusta que la fragmentación del sueño y la hipoxia intermitente afectan negativamente las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, resultando en síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad17,18. Estas manifestaciones pueden llevar a un diagnóstico erróneo de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) primario, cuando en realidad podrían ser secundarios a un TRS subyacente, un fenómeno que se ha descrito ampliamente y que puede mejorar significativamente tras el tratamiento del trastorno del sueño19.
Al contrastar nuestros resultados con estudios realizados a nivel local y regional, encontramos tanto similitudes como diferencias metodológicas importantes. Si bien Jackman y Gozal17,18 utilizaron polisomnografía como método diagnóstico definitivo, lo que representa el estándar de oro, nuestro enfoque con el PSQ como herramienta de tamizaje permite una evaluación más amplia y práctica en el contexto clínico odontológico. Estudios regionales previos que han aplicado el PSQ en poblaciones similares han reportado frecuencias variables, lo que subraya la importancia de contar con datos locales específicos para nuestro contexto geográfico y poblacional. La comparación con el estudio de Aroucha Lyra et al.10, que reportó una presencia de TRS del 33,7 % en población general pediátrica fuera del ámbito clínico, refuerza que nuestra frecuencia del 42,4 % en un entorno odontológico especializado es consistente con la concentración de factores de riesgo en este tipo de población.
Es imperativo reconocer las limitaciones inherentes a este estudio. Primero, el diseño de muestreo no probabilístico por conveniencia, realizado en un único centro, puede limitar la generalización de los resultados. Segundo, es importante distinguir que nuestros resultados representan frecuencia en un entorno clínico especializado, no prevalencia poblacional. Como referencia, estudios de prevalencia en población general, como el de Aroucha Lyra et al.10, reportan cifras del 33,7 %, mientras que nuestro estudio en un contexto odontológico especializado muestra una frecuencia mayor (42,4 %), lo que es consistente con la concentración de factores de riesgo en este tipo de población. Tercero, es fundamental recordar que el Cuestionario Pediátrico de Sueño es una herramienta de tamizaje (screening). Si bien el PSQ ha demostrado tener una sensibilidad y especificidad adecuadas para el cribado en atención primaria y especializada20, no reemplaza la evaluación médica y el diagnóstico definitivo mediante polisomnografía, que sigue siendo el estándar de oro21. Finalmente, la naturaleza transversal del estudio nos permite identificar asociaciones, pero no establecer relaciones de causalidad.
A pesar de estas limitaciones, las implicancias clínicas son profundas. Este estudio proporciona evidencia local que apoya la integración del tamizaje de TRS en la práctica odontológica pediátrica, como recomiendan diversas guías y consensos de expertos16,22. La evidencia sugiere que las intervenciones tempranas, como la expansión maxilar rápida guiada por el ortodoncista, pueden no solo mejorar los parámetros respiratorios sino también modificar favorablemente el patrón de crecimiento craneofacial, previniendo secuelas a largo plazo23. La creación de flujos de trabajo interdisciplinarios claros entre odontólogos, pediatras y especialistas del sueño es, por lo tanto, un paso lógico y necesario para traducir estos hallazgos del tamizaje en mejoras concretas para la salud del paciente.
CONCLUSIÓN
En conclusión, este estudio revela una alarmante frecuencia de riesgo para trastornos respiratorios del sueño en una muestra de pacientes pediátricos atendidos en una clínica dental. La elevada frecuencia de signos orales, respiratorios y neuroconductuales subraya el papel indispensable del profesional de la odontología como agente de salud de primera línea en la detección precoz de esta patología, trascendiendo la atención exclusiva de la cavidad oralpara impactar positivamente en la salud y el bienestar general de la población infantil.














